
Este es un tema muy popular y muy cuestionado por muchas personas cristianas, pues muchos tienen miedo, muchos lo tratan de una forma muy rigurosa, otros no saben como afrontar este tema y muchos otros simplemente lo prefieren ignorar así que ante todo y para todos vamos a analizar este tema para que todos en conjunto podamos entender y tener una idea sobre qué dice la Biblia al respecto de eso y de cómo debemos nosotros abordar este tema, hacia nosotros mismos y hacia los demás.
Este no es un artículo que incite ni apoye al divorcio, pero si habla de como tenemos que tratar a aquellos que ya se encuentren divorciados y de como hemos de explicarles dicha situación en la que se encuentren según las escrituras. Pero lo más importante de todo, explicarles que sobre cómo pueden seguir viviendo sus vidas sin estar en pecado.
Para empezar y antes que nada tenemos que entender que a Dios no le gusta que el hombre se comprometa en una unión con su pareja y que luego de un tiempo la deje y se vaya con otra persona. Dios nos quiere unidos en fidelidad a nuestras parejas y comprometidos con ellas ya que hemos accedido a casarnos con dicha persona, el quiere que elijamos bien con quien nos unimos y que no tratemos a esa unión como una cosa cualquiera, sino que la respetemos con el mismo respeto y seriedad que el tiene hacia ese tipo de compromiso/relación de unión la cual el ha creado para nosotros, para nuestro bien, para que así formásemos nuestras familias y estuviésemos en común unión y armonía en el mundo, el quiere que seamos buenos compañeros de nuestra pareja, el quiere de las parejas seriedad y compañerismo.
«El hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su mujer para formar un solo cuerpo.»Génesis 2:24 (TLA)
«Dios dijo: «El hombre tiene que dejar a su padre y a su madre, para casarse y vivir con su esposa. Los dos vivirán como si fueran una sola persona.»»Mateo 19:5 (TLA)
«Dice la Biblia: «Por eso el hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su mujer, para formar un solo cuerpo.»» Efesios 5:31 (TLA)
La controversia de que si el divorcio y el segundo casamiento son permitidos de acuerdo con la Biblia, gira principalmente alrededor de las palabras de Jesús en:
«Pero ahora yo les digo que el hombre sólo puede divorciarse si su esposa tiene relaciones sexuales con otro hombre. Si se divorcia de su esposa por otra razón, la pone en peligro de cometer ese mismo pecado. Si esa mujer vuelve a casarse, tanto ella como su nuevo esposo serán culpables de adulterio.» Mateo 5:32 (TLA)
«Y yo les digo que, si su esposa no ha cometido ningún pecado sexual, ustedes no deben divorciarse de ella ni casarse con otra mujer. Porque si lo hacen, serán castigados por ser infieles en el matrimonio.» Mateo 19:9 (TLA)
La frase “Pero ahora yo les digo que el hombre sólo puede divorciarse si su esposa tiene relaciones sexuales con otro hombre” es decir «excepto en caso de infidelidad conyugal” que es lo único en la Escritura, que da el permiso de Dios para el divorcio, según las escrituras. Así que tenemos que entender el punto en el cual Jesús era y es consciente de que existían y iban a existir esos tipos de casos, ya que por desgracia el hombre no está libre del pecado y que en el futuro o en aquella misma época, las personas no sabían controlar mucho sus deseos carnales, fuera por el motivo que fuera (lujuria, problemas en el matrimonio, etc…) así que el sabiendo sobre casos como estos, dijo según lo que Dios aprobaría, pues Dios entiende el corazón de aquel que fue traicionado y sabe que en estos casos es muy difícil encontrar una solución o llegar al perdón. Todo eso es debido a que nosotros tenemos un corazón muy duro y si Dios ha permitido eso, lo ha echo por amor a nosotros, para que no lo estuviéramos pasándolo mal y para que no empeorásemos nuestros matrimonios llenándolos de odio, rabia y rencor. En estos casos si queremos podemos poner un final a dicha situación.
En la Biblia no lo menciona con claridad pero doy por echo que también existen otros motivos que también te dan el derecho del divorcio, como casos de violencia física o emocional que ha llegado a tal punto que ya no existe el amor entre ambos y la vida de uno de ellos puede encontrarse en riesgo, si uno no ama al prójimo y lo maltrata de por echo que está incumpliendo más que un mandamiento, y de por echo que Dios no desea ese tipo de relación dentro de un matrimonio a nadie, pues ¿qué padre quisiera que su hija/o sufriera en manos de aquel/lla que le había jurado amor hasta el ultimo de sus días? No hay que olvidarse que por más que el sea Dios el es también nuestro padre y aún así cuando nos regaña por lo que hacemos mal, el tambien nos proteje y nos cuida cuando alguien nos quiere hacer daño, porque el nos ama y sus obras son para nuestro bien no para nuestra esclavitud ni tortura, eso nos lo hacemos nosotros mismos. Así que repito, aunque la Biblia no mencione más cosas doy por echo que a los días de hoy existen mas casos y motivos válidos de divorcio, pero que esos casos deben de ser bien analizados y no tomados tan a la ligera como es lo que se está pasando hoy en día, además que quede claro, que esta es mi opinión.
Algunas veces, las personas perdidas en medio de la discusión sobre la cláusula de excepción Bíblica, están dando por echo considerar la “infidelidad marital” como un permiso para el divorcio, no como un requisito para el mismo. Pues aún cuando se haya cometido adulterio o cualquier otra falta dentro de un matrimonio, una pareja puede por medio de la gracia de Dios aprender a perdonar lo que ha pasado y recomenzar a construir su matrimonio rectificando el fallo cometido y entrando en santidad. Dios es capaz de solucionar nuestros problemas maritales si le pedimos ayuda. Hay que recordar que la opción de divorcio ha de ser solo por una causa muy grave y sin ningún tipo de remedio o solución, no hay que tomárselo a la ligera o como pretexto de deshacerse del conjugue por motivos bobos que tienen solución. Dios nos ha perdonado ante muchos pecados y fallos que hemos cometido sin medir la gravedad de estos, sin echarnos nada en cara, Jesús dio su vida por amor a nosotros, pues hemos de aprender a perdonar el prójimo y a no guardar rencor de eso y lo podemos lograr gracias a la ayuda de Dios.
Con seguridad podemos seguir el ejemplo de Jesús y perdonar el pecado del adulterio o otros males cometidos por culpa de que somos pecadores, pero obvio que hay que trabajar para que lo pasado no vuelva a suceder, porque sino entonces ya estaríamos ante un problema grave como por ejemplo en el caso de adulterio, cuando uno de los cónyuges es impenitente y continúa en inmoralidad sexual con otra persona a espaldas de su pareja.
Somos capaces de perdonar, pero tambien existen casos de aquellos que en el momento no lo pudieron hacer o que ahora mismo no lo están logrando y que simplemente prefieren pasar página y irse con otra persona. Eso no es lo que quiere Dios ni lo que el desea, pero tampoco nosotros podemos juzgar todos los casos y a todas las personas como si sus capacidades emocionales se encontrasen a la par de la nuestra o a la par de Jesús. En eso no podemos ser ignorantes, ni pretender ser jueces sobre sus vidas, allí es donde entra el papel de Dios en la vida de esas personas y donde los demás tenemos que entender que no debemos de meternos a juzgar lo que decidieron hacer porque no sabemos qué sucede en el corazón de ellos y no sabemos si Dios les va a perdonar por lo que están haciendo o por lo que han echo. Estén haciendo bien o mal ante nuestros ojos, nosotros no sabemos lo que Dios está viendo en esa situación y en el corazón de ellos. Así que lo peor que podríamos hacer en estos casos sería juzgarlos y creernos Dioses condenándoles al infierno por lo que están haciendo.
«Nuestro Dios nos creó para que fuéramos un solo cuerpo y un solo espíritu. Nos creó así para que fuéramos un pueblo consagrado a él. Nuestro Dios odia a quienes son violentos y abandonan a su esposa. Por lo tanto, ¡tengan cuidado y no le sean infieles a su esposa!.» Malaquías 2:16 (TLA)
«A los que están casados, el Señor Jesucristo les da esta orden: No deben separarse. Si una mujer se separa de su esposo, que se quede sin casar, o que busque reconciliarse con su esposo. Pero tampoco el esposo debe abandonar a su esposa.» 1 Corintios 7:10-11 (TLA)
Muchos también cuentan demasiado rápido con el segundo casamiento después de un divorcio, cuando el deseo de Dios sería que permanezcan solteros. Dios invita a los divorciados a permanecer solteros, el echo de estar solteros es mejor para Dios pues la atención de la persona no se ve dividida y ni su vida comprometida con otras cosas que le pueden entorpecer, pero eso no es una penitencia, Dios no es un Dios de castigos y de que vivamos mal e infelices, el echo de estar solteros es un consejo, una opción que nos haría bien, además ese tiempo en soltería lo podemos tomar para santificarnos y a la vez arrepentirnos de lo que hemos echo y de lo que ha pasado. Porque arrepentirnos y rectificarnos es lo más importante para Dios y para nosotros para que podamos avanzar en nuestras vidas.
Sin embargo, Dios es consciente de que la mayoría de los seres humanos no quieren estar solos o tienen una necesidad muy grande de tener un compañero, sea por el motivo que sea, Dios es consciente de eso y Dios sabe que a pesar de todo, muchos de nosotros no íbamos a conseguir estar solos y tras un divorcio muchos iban a querer empezar sus vidas con otras personas y entrar en un nuevo matrimonio.
En el Antiguo Testamento Dios a sabiendas de estas cosas estableció algunas leyes, a fin de proteger los derechos de los divorciados, especialmente de las mujeres. Jesús señaló que aquellas leyes fueron dadas a causa de la dureza de los corazones de la gente, más no porque fueran el deseo de Dios. Obviamente fueron echas por amor a nosotros, para que no cayésemos en pecado, principalmente en el pecado de la fornicación. Dios aborrece al divorcio pero a sabiendas de que nosotros aún así lo practicaríamos, Dios en aquel entonces buscó una solución para eso por amor a nosotros. Así que si lo hizo en aquel entonces tambien es posible que lo haga ahora siendo el consciente de nuestros corazones y de nuestras circunstancias.
«Acerca del divorcio, Moisés dijo: «Si un hombre se casa, y más tarde encuentra en su esposa algo indecente, podrá divorciarse de ella. Para hacerlo, deberá entregarle una carta de divorcio y la despedirá de su casa. Si esa mujer se casa después con otro hombre y el nuevo esposo también se divorcia de ella, o se muere, el primer esposo no podrá volver a casarse con ella. No podrá hacerlo porque la mujer ya tuvo relaciones sexuales con otro hombre. Si llegaran a casarse de nuevo, Dios se enojaría. No debemos contaminar con el pecado la tierra que Dios nos ha dado».» Deuteronomio 24:1-4 (TLA)
«Jesús les respondió: «Moisés les permitió divorciarse porque ustedes son muy tercos y no quieren obedecer a Dios. Pero Dios, desde un principio, nunca ha querido que el hombre se separe de su esposa.»» Mateo 19:8 (TLA)
En el Antiguo Testamento 2 veces se hicieron reformas en los matrimonios porque el pueblo de Dios se estaba juntando con infieles y ya se había dicho que Dios no quería que sus hijos se mezclasen con los extranjeros, por lo que había sucedido con el rey Salomón, así que sus profetas cuando vieron que eso estaba sucediendo empezaron a poner orden en el pueblo para que no estuviesen desobedeciendo a lo que Dios había dicho, para que este no se molestase con ellos y para que el no diera la espalda a ellos.
Los sacerdotes querían que eso fuera respetado, pues los dioses de sus parejas extranjeras les alejaban de su fe en Dios y los llevaban a adorar a otros dioses, por eso mismo en 2 ocasiones los que se habían juntado con extranjeros tuvieron que romper sus matrimonios y tuvieron que buscarse otra pareja que siguiera su misma fe. Así que si Dios a permitido esa separación por el bien de ellos quiere decir muy claro que si es por nuestro bien, si el ve que es por nuestro bien, Dios también seria capaz de permitirnos el divorcio a aquel que el vea que es por su bien. No nos podemos escandalizarnos por algo así. Porque más que nada, Dios hace las cosas de formas misteriosas y más que nada el busca nuestro bien, no nuestro mal.
Reformas echas en Esdras 9 y 10 (TLA) y en Nehemías 13 (TLA).