– Testimonio – Carolina Farias, Mi Divorcio

chica llorando 2

Por más que yo desde siempre creyese en Dios, confieso que en mi pasado hubieron muchas lagunas de oscuridad, donde yo me vi alejada de la presencia de Dios, viviendo y haciendo cosas que hoy en día sé que no estaban bien, pero que en aquellos momentos por más que creía en la palabra, yo estaba ciega y equivocada.

Muchas cosas sucedieron en mi vida y una de ellas fue que yo me case, no importa el motivo que yo tuviera en aquel momento, pues fuese cual fuese yo no era consciente de en donde yo me estaba metiendo. Yo era joven muy joven y por primera vez me vi en una relación seria con alguien, al principio no me importaba si el era o no el indicado, simplemente yo no quería estar sola y este es el peor motivo o la peor razón que yo tenía, de verdad que yo no entendía la seriedad que tenía este tema.

En el matrimonio las cosas no acabaron bien, no eramos el uno para el otro, no nos complementábamos, no eramos de ayuda ni de apoyo y acabamos sintiéndonos solos. Las peleas, los odios y los rencores, eso solo empeoraban las cosas. Hicimos muchas cosas malas y pocas cosas buenas. No importa ya de quien fue la culpa o cual fue exactamente la causa, la cuestión es que la relación llegó a su fin. Eramos muy conscientes de que ese día iba a llegar pero nunca supimos cuando, pues de alguna forma en medio del odio nos queríamos.

Recuerdo que muchas veces en medio de la relación yo intenté socorrer lo que teníamos pero me cansaba de luchar contra la marea yo sola y tiraba la tolla, confieso que el tambien lo intentó pero hubo siempre la mala suerte de que cuando el lo hacía yo no me encontraba de buenas, pues era cuando yo ya estaba completamente cansada y saturada de todo. El enemigo obviamente tuvo su papel, pero fue nuestra culpa dejarlo entrar a nuestras vidas, eramos necios, eramos jóvenes y no lo estábamos haciendo nada bien. En mi caso fue el quien me dejó, algo que confieso que no me lo veía venir, pero bueno el enemigo estaba detrás de todo eso y queriéndolo yo o no al final se hizo.

Yo no sabía que me iba a doler tanto y lo que al principio me parecía una tontería pero cada vez aquello el echo de no verlo más y de no tenerlo como amigo me hacía sentir un dolor tan grande que día a día se me hacía insoportable. Muy pocas veces yo he sufrido tan grandemente en mi vida pero sinceramente esta fue una de esas ocasiones. Pero yo ya no podía detener lo que estaba pasando, pues ya había otra persona en su vida y el quería terminar con todo lo más rápido posible.

No me olvido del infierno que yo pasé en Diciembre, yo estaba sola, el apoyo más importante de mi vida estaba lejos de viaje y mi ex pareja me hizo un infierno presionándome para hacer los papeles del divorcio en aquel mismo mes, unas fechas que me dejaban mal emocionalmente, ese mes fue un infierno, no pasaba un día que yo no lloraba y la pasaba super mal por la montaña de arena que era todo lo que estaba pasando en mi vida en aquel momento, yo me desesperé, lo que me estaba pasando me superaba y yo ya no podía aguantarlo más.

Como estaba sola acabé recurriendo a Dios, a mi padre a quien yo había abandonado, yo tuve fe en que el me escucharía, que el vería mi dolor y que el me ayudaría. Estuve como un mes pidiéndole perdón y auxilio hasta que el me respondió «Estoy Aquí» aquella noche fui consolada por el, sus palabras lo fueron todo para mi y pude sentir como me sentía más liviana.

Al final nos divorciamos, aunque yo no quería, entendí que no podía obligarlo a estar conmigo y el ya había decidido el qué hacer con su nueva vida. Tras el divorcio yo retomé de cabeza mi vida y mi relación con Dios, Dios lo era todo para mi y cada vez yo iba aprendiendo más y más de el, en medio de mi enseñanza a pesar de estar haciendo cosas buenas y aprendiendo muchas cosas yo aún guardaba mucho dolor y odio de mi ex. Dios lo sabía y lo podía ver en mi corazón, una noche mientras yo oraba y hablaba con el, el me habló «Tienes que perdonarlo»  yo supe que el hablaba de mi ex, pero me quedé muy confundida porque sinceramente no sabía como yo podría hacer algo así, entonces enseguida me dijo «Pide por el bien de el, deseale el bien» yo seguía sin entender además aquello que el me pedía no era algo que yo quería hacer y ni me veía capacitada para hacerlo «Hazlo por mi, por obediencia a mi, hazlo porque yo te lo estoy pidiendo y no pienses más» fue lo ultimo que me dijo.

Me costó mucho hacer lo que Dios me había pedido, pero lo hice, todo fue poco a poco, yo no quería, pero lo hice por el, lo hice sin saber que aquello iba a ayudarme a mi misma. Poco a poco empecé a sentir pena de esa persona, empecé a pedir de verdad por el bien de mi ex. Le aconsejé a acercarse a Dios pero el no quería ser un creyente obediente, el quería que Dios se encajase en su vida no el encajarse en a de Dios. Dios me había dicho que insistiera en ayudarle y que pidiera por el, eso hice pero el no se interesaba, en mi opinión creo que su corazón se había endurecido y los que estaban con el no les interesaba que el escuchase de Dios, mucho menos que el me hiciese caso.

Entendí la situación, pero aún así deseaba que existiese algún medio de poder llegar a el, por eso mismo yo recurrí a una tercera persona que era de confianza suya y mía, para que viniera y orase por el. Les cité a ambos en mi trabajo, el único lugar en común y pacifico donde ellos podrían hablar sin que fuesen interrumpidos. En ningún momento pensé que yo debería de participar porque creí que deberían de hablar solos entre ellos dos. Entonces la «hermana» me llamó a participar y yo fui. Empezamos a orar como lo hacíamos normalmente, entonces algo que yo no me lo esperaba sucedió.

En medio de la nada yo sentí como si hubiese caído un fuego sobre mi cuerpo, estábamos con el aire acondicionado puesto y yo estaba como si estuviera hirviendo, cuando sentí aquello tan de repente, tan inesperado y tan fuerte casi me caí, pero simplemente me postré y de allí no me moví; En el mismo momento que aquello sucedía conmigo la hermana empezó a ser utilizada por el espíritu santo y empezó a hablarme.

«Tú hija mía, me fuiste obediente, cumpliste con lo que te dije. Hoy por tu obediencia yo te libero de todas las cadenas que te atan a este varón, yo hoy rompo con todo dolor que te ata a el, yo rompo con toda cadena de deuda que tienes pendiente con el, yo responderé por ti, ya fue saldado todo lo que le debes y lo que quedará pendiente yo lo pagaré por ti. Tu hija mía ya no tienes nada más con el, pues hoy yo lo he roto todo»

Queda demás decir que yo no pude parar de llorar en aquel momento, yo le sentí tan fuerte diciéndome todo aquello y no podía estar más agradecida, por lo que el estaba haciendo por mi. Después de aquel día se me fue quitado un peso de encima mía, yo fui realmente liberada y me sentía completamente nueva.

Deja un comentario