
Acaba de pasar la semana santa, donde muchos de nosotros hemos comido del pan la carne de cristo entregada por nosotros, por nuestras vidas y tomado del vino, aunque hoy en día sea zumo de uva el cual representa la sangre de cristo y el sufrimiento que Dios sufrió para redimir nuestros pecados. Ha sido na semana donde hemos sentido el dolor que cristo sufrió por nosotros, donde hemos entendido lo cual inmensamente hemos sido amados por Dios y donde gracias a el hemos recibido las buenas nuevas de la salvación.
Es una semana triste y feliz, todo al mismo tiempo, feliz porque Dios nos ama, el es bueno, generoso, nos cuida, nos protege y está con nosotros en los peores momentos sintiendo nuestro dolor y sujetando nuestra mano para que aguantemos, pues el ya aguantó lo inaguantable por nosotros. Triste porque aún hoy en día la sociedad y las personas dan la espalda a Dios, a su sacrificio, a sus buenas nuevas, al dolor que sintió por nuestros pecados.
En la cruz Jesús seguramente no solo sufrió por nuestros pecados, sufrió por la indiferencia de las personas que aún teniendo la oportunidad de sean salvos lo han rechazado, sufrió por cada uno de nosotros, pero sufrió por aquellos a quienes quiso salvar pero no lo han querido. Cuán duro es el corazón del hombre que no sabe lo que hace y Jesús lo sabía, por eso pedía a Dios que perdonasen aquellos que les han echo daño, porque la verdad es que el hombre no sabe lo que hace y lo que está haciendo al rechazarlo.
Desde la creación hasta hoy en día, cuántos años han pasado y seguimos haciendo lo mismo? El ser humano parece que no ha cambiado, insistimos en negar lo cierto, en dar la espalda a lo que es bueno, en dejarnos llevar por lo que es malo, escuchamos a la oscuridad con tanta facilidad y nos dejamos manipular por ella, eso nos hace ver cuán débil somos y cuánto necesitamos de Dios para cambiar y ser mejores.
En estas fechas pido a Dios que ponga su mano en este mundo contaminado por el mal, donde la maldad es una plaga que se extiende por los corazones perdidos ¿ Cómo podemos salir de casa ver y todo lo que está sucediendo en este mundo, con las personas y no ponernos a llorar con tanto dolor, sufrimiento, maldad y viendo como las personas están destruyéndolo todo? ¿Como podemos mirar hacia un lado sin hacer nada, con tantos inocentes que se están muriendo y almas que están siendo perdidas? Tenemos que tener un corazón de piedra si nada de esto nos conmueve y no nos hace ponernos de rodillas a orar.
Tenemos que orar por este mundo, por estas almas perdidas, por estas almas inocentes, tenemos que orar por un cambio, porque si no lo hacemos nada va a cambiar y estaremos mirando hacia un lado y con esto no estaremos haciendo lo que Jesús nos pidió que hiciéramos, que amasemos al próximo. Tenemos que acercarnos a Dios y acercar a las personas a la salvación a través de la oración, tenemos que orar por los demás y pasar mas tiempo en la presencia de Dios.
Tenemos que abrir los ojos a lo que está pasando en el mundo, en nuestro alrededor y si duele ver la realidad de lo que sucede a nuestro rededor es que así tiene que ser, no podemos mirar hacia otro lado, no debemos rechazar la realidad, ni negarla, ni minimizarla nos tiene que doler de verdad ver lo que está pasando porque en nuestro corazón hay el amor de Dios y ese amor sufre al ver lo que el mal ha echo en la gente. No digo que nos llenemos de todo lo podrido que sucede sino que aunque sea unos minutos tenemos que orar por algo que sabemos que va mal, por alguien que queremos que sea salvo, orar por alguien más que no sea por nosotros mismos.
Jesús murió por nosotros, pero no podemos centrar solo en desear nuestra salvación, sino tenemos que sacrificarnos en intentar salvar a alguien más, el mensaje de Jesús es también la importancia de sacrificarte por salvar otras vidas, pues no solo las nuestras son importantes, las de los demás tambien y yo vengo a recalcar cuan importante es la oración y de que necesitamos pasar más tiempo orando, pues tenemos muchas cosas por el cual orar y no vamos a ver milagros ni cambios en el mundo si no nos ponemos a orar por ello.