Que nuestro objetivo sea alcanzar a tener un corazón como el de Jesús. Jesús es nuestro ejemplo a seguir, por eso aprendemos mucho cuando ponemos en práctica en nuestra vida la siguiente cuestión ¿Qué haría yo si tuviera un corazón como el de Jesús? Si ahora mismo Jesús viniera y intercambiase mi corazón con el suyo ¿Cómo actuaría yo a lo largo del día ante las situaciones que me rodean? ¿Hablaría de la misma forma que suelo hacer con los demás? ¿Trataría a los demás de la misma forma la cual suelo hacer? ¿Los miraría de la misma forma que suelo mirar a los demás? ¿Cómo sería todo?
Podemos crear una serie de cuestiones muy grandes de cuán diferentes seríamos si en vez de nuestro corazón tuviéramos el de Jesús, es así porque daríamos cuenta de cuántas cosas hacemos mal a lo largo del día, nuestra forma de ver las cosas, de entender las cosas, de escuchar y de hablar, todo cambiaría, porque evidentemente Jesús haría todo de una forma diferente de la cual solemos hacer y eso nos enseña en qué debemos cambiar de nosotros mismos en nuestra vida, principalmente si queremos crecer ante la presencia de Dios.
Evidentemente no somos perfectos, evidentemente muchos desearíamos tener diariamente un corazón como el de Jesús, para eso tendríamos que morir en la carne de una forma completa, morir en nuestro propio pensar y opinión, morir ante nuestro propio carácter, ser obedientes al 100% y así podríamos lograr no caer en ninguna tentación. Si lo digo así parece algo casi o bastante imposible para muchas personas, porque Jesús fue perfecto y ningún hombre en la faz de la tierra alcanzará la perfección que el tuvo. Por no poder ser perfectos, lo que tenemos que hacer es intentar dia a dia ser mejor persona y intentar dia a dia, ser lo más parecido a nuestro ejemplo a seguir.
Tenemos que estudiar cómo sería tener un corazón como el de Jesús y comenzar a ver las cosas con otros ojos y otras perspectiva, tambien debemos cuidar más de nuestras acciones y de lo que hablamos, cada persona tendrá que trabajar en aquello que más le hace falta, algunos cuidar más su lengua, otros su actitud, otros su punto de vista, otros su paciencia, otros su amabilidad, otros su perdón, otros su compasión, etc… etc… todo eso se hará en nuestra área personal, pero no hay nada que nos haga darnos cuenta de todo en lo que tenemos que mejorar como pensar en todo lo que nos ha pasado en el dia de hoy y en el dia de ayer y pensar cómo hubiera sido todo si en vez de mi, Jesús estuviera en mi lugar, el imaginar como Jesús lidiaria con nuestro dia a dia es lo que nos hará darnos cuenta en lo que debemos de mejorar y cambiar en nuestras vidas.
Todos queremos acercarnos al espíritu santo, tenerlo en nuestra vida y vivir bajo su presencia, eso es uno de los grandes anhelos de cualquier persona cristiana. Muchos hemos buscado alcanzar la presencia de Dios en la manifestación del Espíritu Santo, muchos han orado para que su presencia crezca en sus vidas. El Espíritu Santo es la representación de que estamos vivamente conectados con Dios. Por eso para muchos les parece algo muy importante el hecho de que deben llegar a hablar en lenguas.
Las personas les dan mucho valor al hecho de que alguien tenga el don de lenguas, he llegado ver pastores obsesionados de que sus seguidores hablen en lengua, he visto como los que obtenían este regalo eran mejores tratados que otros que no lo poseían, he visto la frustración de los que no llegaban a obtener ese don y de como a muchos les afectó este hecho. No tengo nada en contra el don de lenguas, pero opino que es algo privado entre tu, el Espíritu Santo y Dios, opino que está muy mal como muchas congregaciones enfocan este tema erróneamente, porque hablar lenguas no significa que esa persona esté realmente viviendo bajo la gracia de Dios y hablar en lenguas es algo tan íntimo entre nosotros y Dios que solo Dios puede entenderlo, nosotros no estamos capacitados para ello.
Hay personas que niegan el don de lenguas, pero eso en efecto existe y lo dice en la biblia, pero cierto que hay dos diferentes dones de lenguas que la biblia nos explica, y para no confundirnos debemos entender qué es una cosa y qué es la otra, tenemos que entender para qué sirven esos dos diferentes dones de lengua. La primera vez que se vio manifestado el don de lenguas fué en los Apóstoles de Jesús en Pentecostés cuando estos recibieron al espíritu santo, en este caso no hablaron lenguas que no eran entendibles, sino que hablaban idiomas que ya existía para el hombre y que otros podían entender y ese don de lenguas que recibieron era para que ellos llevasen la palabra de Dios a otras naciones, no se especifica que en pentecostés fuera manifestado el don de lenguas para otra finalidad ni que el don de lenguas que recibieron era una lengua de ángeles para que ellos pudiesen comunicarse con Dios.
El Espíritu Santo desciende en Pentecostés
«Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar.De repente, vino del cielo un ruido como el de una violenta ráfaga de viento y llenó toda la casa donde estaban reunidos.Se les aparecieron entonces unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos. Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en diferentes lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse.
Estaban de visita en Jerusalén judíos piadosos, procedentes de todas las naciones de la tierra.Al oír aquel bullicio, se agolparon y quedaron todos pasmados porque cada uno los escuchaba hablar en su propio idioma.Desconcertados y maravillados, decían: «¿No son galileos todos estos que están hablando? ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye hablar en su lengua materna? Partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, de Judea y de Capadocia, del Ponto y de Asia, de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia cercanas a Cirene; visitantes llegados de Roma; judíos y prosélitos; cretenses y árabes: ¡todos por igual los oímos proclamar en nuestra propia lengua las maravillas de Dios!»» – Hechos 2:1-11
Y dejo el enlace de 1 Corintios 14 es muy extenso para poner aqui pero lo podeis leer comodamente para entender este artículo.
El don de lenguas es uno de los dones espirituales mencionados en la Biblia y ha sido motivo de debates y diferentes interpretaciones dentro del cristianismo. En este artículo, abordaremos este tema desde una perspectiva equilibrada, destacando su importancia, pero también aclarando que no es una evidencia exclusiva de la presencia de Dios en la vida de una persona.
El don de lenguas aparece en diversos pasajes del Nuevo Testamento, especialmente en el libro de Hechos y en las cartas del apóstol Pablo. Se pueden identificar dos tipos principales de manifestaciones:
Lenguas como idiomas humanos: En Hechos 2, en el día de Pentecostés, los discípulos comenzaron a hablar en diferentes lenguas, y las personas que estaban presentes entendieron lo que decían en su propio idioma. Esto muestra que el don de lenguas puede manifestarse como un milagro de comunicación para la expansión del Evangelio.
Lenguas espirituales o angelicales: En 1 Corintios 14, Pablo habla de un tipo de lengua que no es entendida por los demás, sino que edifica al que la habla y requiere interpretación en el contexto de la iglesia. Estas lenguas parecen ser una forma de oración o comunión espiritual con Dios.
El Don de Lenguas No Es la Única Evidencia del Espíritu Santo
Algunas doctrinas sostienen que hablar en lenguas es la señal definitiva de haber recibido el Espíritu Santo. Sin embargo, esto no es un requisito bíblico universal.
En 1 Corintios 12:30, Pablo hace una pregunta retórica: «¿Tienen todos dones de sanidad? ¿Hablan todos lenguas? ¿Interpretan todos?» Esta pregunta implica que no todos los creyentes tienen el mismo don, incluyendo el de lenguas.
Gálatas 5:22-23 describe el fruto del Espíritu (amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio propio) como la verdadera evidencia de la obra del Espíritu en una persona.
Por lo tanto, la presencia del Espíritu Santo en la vida de un creyente no se mide únicamente por la manifestación de este don, sino por su transformación espiritual y su crecimiento en el carácter de Cristo.
Pablo menciona en 1 Corintios 14:4 que «el que habla en lenguas a sí mismo se edifica», lo que indica que este don puede ser una forma de comunicación personal con Dios. Es un don valioso, pero su función principal no es demostrar espiritualidad frente a otros, sino edificar al creyente.
Por esta razón, cuando las lenguas se usan en una congregación, Pablo ordena que haya interpretación (1 Corintios 14:27-28), para que todos puedan recibir edificación y no genere confusión. Las lenguas no deben usarse de manera desordenada en un servicio congregacional. Si no hay interpretación, el creyente debe hablar en privado con Dios. El propósito es siempre la edificación de la iglesia y no una demostración personal de espiritualidad.
Es importante discernir entre una manifestación genuina del Espíritu Santo y una respuesta emocional intensa. Algunas señales que pueden ayudar a identificar si algo es verdaderamente del Espíritu Santo incluyen:
Fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-23): Amor, paz, paciencia, dominio propio. Si la manifestación de un don genera confusión o exaltación excesiva sin edificación, es necesario evaluarlo.
Confirmación Bíblica: El Espíritu Santo nunca actuará en contra de la Palabra de Dios.
Edificación y propósito: Todo don tiene como fin glorificar a Dios y edificar a la iglesia.
Para entender cómo el don de lenguas opera en la vida de los creyentes, es útil ver ejemplos de personas que han experimentado este don de forma bíblica y equilibrada:
Algunos creyentes han recibido el don de lenguas como una herramienta de oración en momentos de profunda intercesión.
En contextos misioneros, ha habido testimonios de personas que, sin haber aprendido un idioma, han hablado en una lengua entendida por otros para compartir el Evangelio.
En reuniones de oración, hay creyentes que han recibido interpretación de lenguas, trayendo revelación o ánimo a la congregación.
La ausencia de este don en la vida de un creyente no significa que tenga menos comunión con Dios o que no haya recibido el Espíritu Santo. Dios reparte los dones según Su voluntad (1 Corintios 12:11), y cada persona es edificada de manera diferente.
Es importante que los creyentes no busquen una manifestación específica, sino una relación genuina con Dios. La espiritualidad no se mide por la capacidad de hablar en lenguas, sino por el amor y la obediencia a la voluntad de Dios.
El don de lenguas es una manifestación válida del Espíritu Santo, pero no es un requisito indispensable para demostrar la presencia de Dios en la vida de una persona. Es un don que edifica, pero no es la única evidencia de la obra del Espíritu Santo. La verdadera señal de la madurez espiritual es el carácter transformado y el amor hacia Dios y hacia los demás.
Como creyentes, debemos valorar todos los dones que Dios nos da y usarlos conforme a su propósito, sin hacer de ninguno de ellos un estándar absoluto de espiritualidad.