¿Jesús Fundó la Iglesia Católica?

Una de las afirmaciones más repetidas por el catolicismo es que Jesús fundó la Iglesia Católica. Sin embargo, en esta declaración no resiste un análisis serio desde la historia, ni desde la Biblia. La realidad es que Jesús nunca fundó ninguna iglesia institucional con estructuras humanas, jerarquías, ni un sistema como el que conocemos hoy en la Iglesia Católica. Su propósito era completamente diferente: expandir la Palabra de Dios y establecer un camino espiritual que guiara a la humanidad hacia la verdad y la salvación.

🔍 El verdadero origen de la Iglesia Católica Romana

La Iglesia Católica Romana proclama ser la única iglesia fundada por Jesucristo, continuadora directa de la iglesia de los apóstoles. Sin embargo, la evidencia bíblica e histórica demuestra que su origen real no fue una fundación directa de Cristo, sino una evolución político-religiosa posterior a la era apostólica. A continuación examinaremos cómo la iglesia de Roma surgió gradualmente al amparo del poder imperial, mezclando elementos del cristianismo primitivo con prácticas y estructuras paganas del Imperio. También refutaremos los argumentos católicos que pretenden legitimar su primacía (como la interpretación de Mateo 16:18 o la sucesión apostólica), aclarando su verdadero sentido bíblico. Finalmente, veremos en Apocalipsis 2–3 que en el primer siglo no existía una sola iglesia “universal” centralizada, sino diversas iglesias locales bajo la mirada de Jesús, lo cual desmonta el mito de una única estructura superior.

Nuestro enfoque será claro, sencillo y basado en la Biblia, con el anhelo de que la verdad – como espada de dos filos – abra los ojos de quienes buscan salir de la confusión religiosa.

📖 Orígenes históricos: ¿Fundada por Cristo o surgida desde Roma?

Desde el Nuevo Testamento queda claro que Jesucristo fundó Su Iglesia sobre la fe de los apóstoles y profetas, con Él mismo como piedra angular (Efesios 2:20). Esa iglesia primitiva vivió según las enseñanzas de Jesús y los apóstoles. No existía en esa época la estructura doctrinal ni jerárquica que hoy identifica al catolicismo romano. De hecho, “en el Nuevo Testamento, no hay mención del papado, la veneración de María, la sucesión apostólica, el purgatorio ni otras prácticas católicas”​. Esto indica que muchas doctrinas distintivas del catolicismo no provienen de Cristo ni de los apóstoles, sino que fueron añadidas posteriormente. La misma historia lo confirma: durante los primeros siglos, los cristianos fueron un grupo perseguido y marginado dentro del Imperio romano, sin poder político ni privilegios. No había “Iglesia estatal” ni Papa gobernando desde Roma; más bien, la iglesia sobrevivía en catacumbas y hogares, guiada por ancianos y siervos humildes.

Este panorama cambió drásticamente en el siglo IV. El emperador Constantino I (c. 272–337 d.C.) se “convirtió” al cristianismo y, buscando la unidad de su imperio, legalizó la fe cristiana en el Edicto de Milán (313 d.C.)​. Posteriormente convocó el Concilio de Nicea (325 d.C.) con el propósito de unificar doctrinas y fortalecer la iglesia como un factor de cohesión imperial​. Constantino visualizó el cristianismo como una religión capaz de unir al Imperio Romano fragmentado​. Aunque esto brindó alivio a los cristianos perseguidos, también tuvo un efecto negativo: la fe pura comenzó a mezclarse con la política y la cultura pagana de Roma. Constantino mismo nunca abandonó del todo sus creencias paganas, y su proyecto fue una iglesia híbrida, que combinara elementos del verdadero cristianismo con elementos del paganismo romano​. Para lograr la adhesión de las masas, permitió e incluso promovió la “cristianización” de creencias paganas en lugar de exigir un arrepentimiento genuino​. Es decir, muchas prácticas paganas recibieron nombres e interpretaciones “cristianas” para facilitar su aceptación dentro de la Iglesia. Veamos algunos ejemplos claros de esta fusión entre paganismo romano e Iglesia que dieron forma a lo que luego sería la Iglesia Católica Romana:

  • Culto a la diosa madre (Isis) – En el Imperio romano, especialmente en Egipto, se adoraba a Isis, la “reina del cielo” y “madre de dios”. Bajo la influencia de Constantino, este culto fue absorbido en el cristianismo reemplazando a Isis con María​. A la virgen María se le atribuyeron títulos y honores que la Biblia nunca le da (como Madre de Dios, Reina del Cielo), elevándola a una posición casi divina para atraer a los devotos de la diosa pagana​. Los primeros indicios de este énfasis exagerado en María (Mariología) aparecen en Alejandría, centro de la adoración a Isis​. Así nació la devoción mariana que hoy caracteriza al catolicismo, muy por encima de lo enseñado en la Escritura dnde el foco es Jesus, el Señor creador y la trinidad. Jesús mismo nos deja claro que solamente él es el camino y el nunca le rindió culto o algún milagro a su madre, tampoco le decia virgen, nada que da pie a esas verenaciones a la virgen es escontrada en ningun lugar lugar de la biblia como si ella fuera un ser superior al mismo nivel espiritual que Jesús o como la madre de Dios. La vida de Jesús se basó en hacer la voluntad de su padre celestial y su vida giró en torno solo y exclusivamente al padre, además en su familia habia en verdad un ambiente familiar complicado, principalmente con sus hermanos.
  • Mitraísmo (religión del dios Mitra) – Esta era una popular religión mistérica entre los romanos (siglos I–IV d.C.), que incluía un banquete sagrado en el cual los iniciados comían el cuerpo y bebían la sangre de un toro sacrificado, creyendo que Mitra estaba presente en esos elementos y les otorgaba salvación​. Curiosamente, el mitraísmo contaba con siete “sacramentos” y otros ritos que guardan semejanza con prácticas católicas​. Cuando el Imperio se volvió “cristiano”, Constantino y sus sucesores encontraron un sustituto conveniente de la comida sacrificial mitraica en el concepto de la Cena del Señor​. Algunos cristianos comenzaron a añadir ideas místicas a la sencilla conmemoración del pan y el vino instituida por Jesús, transformándola gradualmente en un ritual sacrificial en el que se cree que Cristo está física y literalmente presente en los elementos​. La Cena del Señor se romanizó, pasando de ser un acto de recuerdo por la muerte de Cristo, a entenderse como la consumación repetida del sacrificio de Cristo en la misa​. Así surgió la doctrina de la Eucaristía o misa como sacrificio, reflejando más el trasfondo mitraico que la enseñanza bíblica (Hebreos 10:10-14).
  • Panteón de dioses vs. “panteón” de santos – La mayoría de los romanos eran politeístas o enotistas, es decir, adoraban a muchos dioses pero con uno principal​. Había dioses patronos para distintas necesidades: uno del amor, otro de la guerra, de la salud, de la cosecha, etc., y cada ciudad tenía su deidad protectora. Cuando el cristianismo absorbió el paganismo romano, simplemente sustituyó el panteón de dioses por un panteón de santos​. En el catolicismo, por diseño imperial, a cada ámbito de la vida se le asignó un santo “patrón” que cumple la función que antes se pedía a un dios pagano. Por ejemplo, en lugar de Venus, los católicos rezan a un santo o santa para el amor; en lugar de Marte, a otro santo para la guerra, etc. Asimismo, las ciudades y naciones recibieron sus santos patronos. La veneración de múltiples santos en el catolicismo replicó prácticamente la antigua devoción a múltiples dioses, pero con nombres “cristianos”.
  • El surgimiento del Papado (Obispo de Roma supremo) – En la iglesia del siglo I, ningún apóstol actuó como jefe absoluto de los demás. Pero a medida que la Iglesia se institucionalizó en el Imperio, el obispo de Roma (la capital imperial) fue ganando preeminencia, apoyado por la autoridad de los emperadores. Constantino y sus sucesores vieron conveniente que la sede de la religión estuviese centralizada en la misma capital del Imperio​. Así, poco a poco impulsaron al obispo de Roma como “primero entre iguales” y finalmente como jerarca supremo de toda la Iglesia​. Muchos líderes cristianos de otras regiones se resistieron a esta idea, pues era algo ajeno al modelo apostólico​. No obstante, el poder político romano favoreció a los obispos romanos, y con el tiempo la Iglesia de Roma se alzó con la supremacía. Cuando el Imperio de Occidente cayó (476 d.C.), los obispos de Roma heredaron incluso títulos imperiales: tomaron para sí el nombre de “Pontifex Maximus” (Sumo Pontífice), que había sido usado por los Césares paganos como jefes de la religión estatal​. Nacía así el papado medieval, una institución político-religiosa desconocida para la iglesia apostólica.

Estos son solo algunos ejemplos de cómo, tras Constantino, la iglesia cristiana fue cambiando su fisonomía. El erudito Bruce L. Shelley señala que las nuevas ideas y costumbres fueron entrando casi siempre con polémica, y que muchas doctrinas “cristianas” son de origen no apostólico​. En resumen, el verdadero origen de la Iglesia Católica Romana fue el compromiso trágico del cristianismo con las religiones paganas circundantes​. En vez de mantener la pureza del evangelio y convertir a los paganos, la Iglesia de Roma “cristianizó” prácticas paganas y a la vez “paganizó” el cristianismo​. Al borrar diferencias y adoptar rituales populares, se hizo atractiva para las masas del Imperio​, logrando convertirse en la religión dominante durante siglos. Pero el costo fue altísimo: esa mezcla dio lugar a una desviación masiva del verdadero evangelio de Jesucristo​. La iglesia institucional de Roma ya no reflejaba la simplicidad y pureza de la iglesia primitiva, sino que se había transformado en algo muy distinto, sustentado por tradición humana y poder político.

Busto del emperador Constantino I (Museos Capitolinos, Roma). Bajo su gobierno en el siglo IV, el cristianismo fue legalizado y comenzó a fusionarse con la estructura del Imperio Romano, sentando las bases de la institución que llegaría a ser la Iglesia Católica.

Queda claro, entonces, que Jesucristo no fundó la Iglesia Católica Romana tal como hoy la conocemos. Jesús fundó una Iglesia –Su pueblo redimido–, pero esa iglesia del Nuevo Testamento difiere enormemente de la organización católica surgida siglos después. La Iglesia Católica es producto de una evolución histórica: empezó a gestarse formalmente cuando el cristianismo se volvió religión favorecida (y luego oficial en 380 d.C. bajo Teodosio) del Imperio romano​. No fue instaurada por mandato de Cristo, sino formada gradualmente por concilios imperiales, edictos políticos y asimilación de costumbres romanas.

❌ Refutando los argumentos católicos de una autoridad divina exclusiva

La Iglesia católica afirma ser la única depositaria de la autoridad de Cristo en la tierra, basándose en ciertas interpretaciones de la Escritura y en la idea de una línea ininterrumpida de sucesores apostólicos. Dos de los pilares de esta reivindicación son: (1) la interpretación de Mateo 16:18-19 que identifica a Pedro (y a los papas) como la “roca” sobre la cual Jesús edificó Su iglesia; (2) la doctrina de la sucesión apostólica, según la cual el papa y los obispos católicos habrían heredado la autoridad de Pedro y los apóstoles. A continuación, examinaremos qué dice realmente la Biblia sobre estos puntos, demostrando que no apoyan las pretensiones exclusivistas del catolicismo.

🪨 “Tú eres Pedro…” – ¿Edificó Jesús Su Iglesia sobre Pedro? (Mateo 16:18)

Uno de los versículos más citados por el catolicismo es Mateo 16:18. Jesús le dijo a Simón: “Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18, RVA). La interpretación católica sostiene que Pedro mismo es la roca mencionada – por el juego de palabras entre Pedro (Petros) y roca (petra) – y que aquí Cristo establecía a Pedro como cabeza de la Iglesia universal, otorgándole una autoridad transmitida luego a los papas. ¿Es esa la única interpretación posible? ¿Coincide con el resto de la enseñanza bíblica?

Examinemos el contexto y la enseñanza global de la Biblia:

  • El contexto inmediato (Mateo 16:16-17) muestra que Pedro acaba de confesar: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.” Jesús declara que esta verdad le fue revelada por el Padre. Muchos eruditos evangélicos entienden que “esta roca” se refiere precisamente a la confesión de fe en Cristo que Pedro hizo, o al mismo Cristo confesado. En otras palabras, la Iglesia se edifica sobre la verdad de que Jesús es el Hijo de Dios, el Mesías, y todos los que comparten esa fe – empezando por Pedro – son piedras vivas en ese edificio espiritual​. El propio apóstol Pedro, años más tarde, escribiendo a los creyentes, identifica a Jesús como “la piedra viva, rechazada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios” y enseña: “vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual…” (1 Pedro 2:4-5). Cristo es la roca fundamental, y cada creyente es una piedra añadida sobre ese fundamento al confesar a Cristo​.
  • El testimonio del resto del Nuevo Testamento confirma que Jesucristo es la roca o piedra angular principal sobre la que descansa la Iglesia. Pablo escribe que “nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” (1 Corintios 3:11), y habla de los creyentes “edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo” (Efesios 2:20). Todos los apóstoles, no solo Pedro, tuvieron un papel de fundamento en cuanto establecieron la doctrina de la iglesia, pero el fundamento supremo es Cristo​. Por eso Pedro no puede ser la roca exclusiva en sentido absoluto, ya que ese lugar le corresponde únicamente a Jesús. De hecho, Pedro mismo, citando el Antiguo Testamento, aplica a Jesús los títulos de “piedra principal, escogida, preciosa” y “piedra de tropiezo” (1 Pedro 2:6-8), dejando claro que él veía a Cristo como la roca de la salvación, no a sí mismo.
  • El registro histórico bíblico no muestra a Pedro actuando como jefe supremo de la iglesia. Aunque Pedro fue muy importante (lideró la predicación inicial en Pentecostés, Hechos 2, y abrió la puerta del evangelio a gentiles y samaritanos), no vemos a los demás apóstoles sometiéndose a una “silla de Pedro”. Por el contrario, en el Concilio de Jerusalén (Hechos 15), Pedro habla pero Jacobo (Santiago) oficia en la conclusión, y es “toda la iglesia” la que toma la decisión guiada por el Espíritu. Más revelador aún: el apóstol Pablo tuvo que corregir públicamente a Pedro cuando éste actuó con hipocresía en Antioquía, por temor a los judaizantes (Gálatas 2:11-14). Si Pedro hubiera sido infalible jefe de la Iglesia, ¿cómo se atrevería Pablo a “resistirlo cara a cara”? La Biblia muestra a Pedro como un siervo líder, sí, pero no como un “comandante” incuestionable por encima de sus hermanos apóstoles​. Nunca Jesús enseñó que uno solo de Sus apóstoles sería la cabeza de los demás – al contrario, Él les dijo “uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos” (Mateo 23:8). La autoridad en la iglesia apostólica residía en el mensaje del evangelio predicado por todos ellos, no en la persona de Pedro exclusivamente.

En vista de todo esto, Mateo 16:18 no prueba el primado absoluto de Pedro ni instituye un linaje de papas. La interpretación más coherente es que Cristo afirmó que edificaría Su Iglesia sobre la fe que Pedro acababa de expresar, fe en Jesús como Hijo de Dios​. Así, el énfasis recae en Cristo mismo y en la confesión de Él, no en la persona de Pedro aislada. Incluso si concedemos que de alguna forma Pedro fue “roca” inicial al ser usado grandemente en la fundación de la iglesia, esto no implica que tuviera una autoridad transmisible. La Iglesia se edifica una vez sobre el fundamento apostólico (Ef 2:20) y luego crece con Cristo como cabeza (Efesios 4:15-16). No hay indicio bíblico de que deba haber un “papa” gobernando en lugar de Cristo. El único cabeza de la Iglesia es Jesucristo (Colosenses 1:18), y la roca inconmovible es Él mismo, el Hijo de Dios, tal como lo confesó Pedro.

📌 La “sucesión apostólica” a la luz de la Biblia

El catolicismo romano enseña que la autoridad de los apóstoles – especialmente la de Pedro – se transfirió a sus sucesores por medio de la ordenación episcopal, formando una cadena ininterrumpida hasta los obispos actuales (en particular el obispo de Roma como sucesor de Pedro). Según este concepto de sucesión apostólica, la Iglesia verdadera debe tener esos líderes investidos por otros líderes desde los apóstoles mismos, garantizando así la validez de su autoridad y doctrinas.

¿Respalda la Biblia esta idea? La respuesta es no. En ningún pasaje del Nuevo Testamento se habla de que los apóstoles debían tener “sucesores” que heredaran su oficio una vez que murieran​. Al contrario, la misión específica dada a los Doce apóstoles era ser testigos oculares de Jesucristo resucitado y establecer el fundamento doctrinal de la iglesia (Hechos 1:8, Efesios 2:20). Esa es una función única e irrepetible. Cuando la iglesia primitiva buscó cubrir la vacante dejada por Judas Iscariote, escogieron a Matías, pero los requisitos eran haber acompañado a Jesús desde el principio y ser testigo de Su resurrección (Hechos 1:21-22). Claramente, tras la generación apostólica ya nadie más podía cumplir esos requisitos, de modo que no habría “apóstoles” en el mismo sentido después de ellos. La elección de Matías no sienta un precedente de sucesión continua, sino que simplemente restauró el número de Doce auténticos apóstoles, reemplazando a un traidor por un discípulo fiel​. “Mientras que Matías ciertamente ‘sucedió’ a Judas… esto no establece un precedente para continuar la sucesión apostólica”​, señala un estudio. Es decir, el caso de Matías solo demuestra que la Iglesia debe sustituir a líderes caídos por líderes fieles, no que deba haber siempre apóstoles en cada generación.

Después de esto, no vemos en el Nuevo Testamento a los apóstoles escogiendo relevos para su oficio. Más bien, antes de morir, ellos dejaron establecido el fundamento de la fe en sus escritos e instrucciones. Judas (no Iscariote) exhorta a “contender ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Judas v.3). Los apóstoles sabían que la revelación de Cristo había sido entregada completa y que vendrían falsos maestros; por eso señalaron a la Palabra de Dios escrita y enseñada como la guía segura para el futuro de la Iglesia. Pablo en sus últimas cartas no dice “sigan a tal persona que me sucede”, sino: “permanece en lo que has aprendido” (2 Timote 3:14), “predica la palabra” (2 Timote 4:2). Él confiaba la verdad a hombres fieles para que éstos enseñaran a otros, no para que se convirtieran en apóstoles sucesores con idéntica autoridad (2 Timoteo 2:2).

La Escritura muestra entonces que la verdadera “sucesión” apostólica es la continuidad en la doctrina apostólica, no en una línea de poder personal. Los apóstoles nos legaron su autoridad en los escritos inspirados del Nuevo Testamento​. “¿Cuál es el fundamento de la iglesia que construyeron los apóstoles? El Nuevo Testamento – el registro de los hechos y enseñanzas de los apóstoles. La iglesia no necesita sucesores apostólicos. La iglesia necesita las enseñanzas de los apóstoles fielmente registradas y preservadas. Y eso es exactamente lo que Dios ha provisto en Su Palabra”​. Esta declaración resume bien la posición bíblica: la autoridad reside en la Palabra de Dios transmitida por los apóstoles, no en un supuesto cargo hereditario.

Históricamente, es cierto que la iglesia fue desarrollando estructuras administrativas (obispos, ancianos, etc.) y que poco a poco el obispo de Roma pretendió presidir a los demás. Pero esa evolución, como ya vimos, estuvo cargada de influencias políticas y humanas. No tiene apoyo en las instrucciones de Jesucristo ni de los apóstoles. Jesús nunca instituyó un “vicario” que lo reemplazara tras ascender al cielo; Él envió Su Espíritu Santo para guiar a Su Iglesia (Juan 14:26, 16:13) y prometió: “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20). Él mismo, por medio del Espíritu y las Escrituras, es quien dirige a Su pueblo. Cuando la Iglesia Católica afirma que sin el Papa y la sucesión apostólica habría caos doctrinal, olvida que ya en el primer siglo surgían herejías aún teniendo a los apóstoles vivos, y éstos no establecieron una cadena autoritativa para frenarlo, sino que señalaron siempre de regreso a la sana doctrina revelada (por ejemplo, Gálatas 1:8-9, 2 Juan 1:9-10). La unidad verdadera de la Iglesia proviene de la fidelidad común a Cristo y Su Palabra, no de someterse a un obispo central.

En conclusión, la doctrina católica de la sucesión apostólica carece de fundamento bíblico​. Es una construcción posterior para legitimar una jerarquía institucional. La única sucesión que garantiza la autenticidad de una iglesia es su adhesión a la enseñanza apostólica original: “permanezca en vosotros lo que habéis oído desde el principio” (1 Juan 2:24). Cualquier grupo –con o sin línea episcopal histórica– que enseñe fielmente lo que enseñaron los apóstoles en la Biblia, ese es parte de la iglesia de Cristo. Y cualquier grupo, aunque alegue descendencia apostólica, que se aparte de esa enseñanza, ha dejado la sucesión espiritual de los apóstoles (cf. 2 Juan 1:9). La Palabra de Dios, no la imposición de manos, es el criterio infalible para discernir la verdadera iglesia.

⛪ Las siete iglesias del Apocalipsis: diversidad sin centralización

Otra forma de comprobar bíblicamente que no existía en el plan de Dios una única iglesia terrenal centralizada es mirar el libro de Apocalipsis. El Señor Jesucristo mismo dirigió mensajes específicos a siete iglesias distintas en el Asia Menor del siglo I. Si hubiera existido una sola estructura eclesial universal con autoridad homogénea, cabría esperar que Jesús hablara a “la Iglesia en general” o al “líder supremo” de esa iglesia. Pero no fue así: Jesús se dirigió individualmente a iglesias locales concretas, reconociendo su autonomía y particularidades.

En Apocalipsis capítulos 2 y 3, Juan registra cartas dictadas por Cristo a las iglesias en Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea. El Señor encomienda o reprende a cada comunidad según sus propias obras, doctrinas y condiciones espirituales. Por ejemplo, Éfeso había trabajado arduamente pero había dejado su primer amor (Ap. 2:4); Esmirna sufría persecución y sería probada (2:10); Pérgamo vivía en medio de influencias satánicas y toleraba falsas enseñanzas (2:13-15); Tiatira tenía amor y fe, pero permitía a una falsa profetisa seducir a los fieles (2:20); Sardis tenía fama de viva pero estaba espiritualmente muerta (3:1-2); Filadelfia guardaba la palabra con paciencia y había perseverado (3:8-10); Laodicea se había vuelto tibia, complaciente y orgullosa, por lo que Jesús estaba a punto de vomitarla de Su boca (3:16-17). Vemos, pues, siete iglesias con aciertos y fallas diferentes, cada una responsable directamente ante Cristo.

Mapa de la provincia romana de Asia (actual Turquía occidental) con la ubicación de las siete iglesias mencionadas en Apocalipsis 2–3. Jesús envió mensajes específicos a cada iglesia local (Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea), mostrando la pluralidad de congregaciones en el cristianismo del siglo I.

El hecho de que el Señor tratara a cada iglesia por separado es muy significativo. Primero, demuestra que no había una “Iglesia Madre” única que representara a todas – ni Jerusalén (la iglesia original), ni Roma, ni ninguna otra fungía como cabeza de las demás. Cada congregación tenía su propio “ángel” o mensajero responsable (Ap. 2:1, 2:8, etc.) y su propia rendición de cuentas ante Cristo. Segundo, no todas las iglesias recibieron las mismas instrucciones ni juicios, porque su situación espiritual difería. Esto desmonta la idea de uniformidad absoluta impuesta desde una jerarquía central. Si en el siglo I hubiera existido ya un sumo líder humano con autoridad sobre todas las iglesias (como pretende el catolicismo respecto a Pedro/Roma), ¿no le habría escrito Jesús solo a él para que corrigiera a todas? Pero en cambio Jesús se dirige directamente a las iglesias locales, sin mencionar a ningún “obispo de obispos” intermediario. La única cabeza común es Cristo, quien “anda en medio de los siete candeleros de oro” (Ap. 2:1), es decir, en medio de Su conjunto de iglesias. Ninguno de esos candeleros absorbe a los otros; todos están en igualdad ante el Señor. Además de que al estar en el libro de las revelaciones, podemos tratarlo como 7 denominaciones o 7 iglesias que existen actualmente pues está en las revelaciones de los ultimos tiempos. Así que posee doble sentido, pasado y futuro (actualidad).

Es interesante notar que la palabra “iglesia” en el Nuevo Testamento tiene dos usos principales: (1) se refiere a la iglesia universal/invisible, compuesta por todos los creyentes en Cristo de todos los lugares y tiempos (por ejemplo, Mateo 16:18, Efesios 5:25); (2) se refiere a las iglesias locales visibles (por ejemplo, “la iglesia en Corinto”, 1 Cor 1:2; “las iglesias de Galacia”, Gál 1:2). No existe en la Biblia el concepto de una Iglesia universal visible con una estructura única y centralizada. Cuando el catolicismo se autodenomina “Iglesia Católica” (donde católica significa universal), mezcla indebidamente esas categorías, atribuyéndose ser la totalidad de la Iglesia de Cristo en la tierra bajo una jerarquía única. Pero en Apocalipsis vemos que la Iglesia de Cristo en la tierra ya estaba representada por múltiples congregaciones – todas parte del Cuerpo de Cristo, sí, pero ninguna con supremacía sobre las otras. De hecho, dos de esas iglesias (Esmirna y Filadelfia) reciben solo elogios y ninguna reprensión, mientras que otra (Laodicea) recibe una dura amenaza de ser rechazada si no se arrepiente. Si hubiese una sola institución verdadera a la cual pertenecer para salvarse, ¿qué sentido tendría que Jesús alabe a una y vomite a otra? Está claro que la “iglesia” verdadera no es una institución monolítica, sino aquellos en cada lugar que se mantienen fieles a Cristo. Las siete iglesias del Asia Menor no eran una sola Iglesia con siete sucursales, sino siete comunidades distintas, unidas en la fe en Jesús pero autónomas. Nunca hubo en el diseño bíblico una oficina central humana que controlara a todas las iglesias.

En Apocalipsis 1:11, Jesús mismo ordena: “Escribe en un libro lo que veas y envíalo a las siete iglesias: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea”​. El texto luego añade: “las siete lámparas son las siete iglesias” (Ap. 1:20). Note el lector: siete lámparas separadas, no una sola mega-lámpara. La luz de Cristo brillaba en cada congregación que le seguía. No había una sede terrenal única; la única sede de autoridad absoluta está en el cielo, donde Cristo glorificado camina entre Sus iglesias. Esto echa por tierra la pretensión de que desde el comienzo hubo una “Iglesia universal” entendida como estructura visible central (que sería el germen del Vaticano actual). No, la iglesia “católica” en el sentido original simplemente significaba todas las iglesias de Cristo dispersas por el mundo, sin implicar que estuvieran unificadas bajo un gobierno eclesiástico central humano. La idea de un sistema universal unificado bajo Roma fue una construcción posterior, desconocida para la iglesia del primer siglo.

Para reforzar este punto, cabe mencionar que incluso varios siglos después, cuando el cristianismo ya estaba institucionalizado, la Iglesia antigua no era monolítica. Existían los patriarcados principales (Jerusalén, Antioquía, Alejandría, Roma, y más tarde Constantinopla), en lo que se llamó la Pentarquía, y aunque Roma gozaba de especial honor, los otros centros también tenían autoridad en sus regiones​. Finalmente, esa tensión derivó en el cisma entre Oriente y Occidente (1054 d.C.), separándose la Iglesia Ortodoxa de la Iglesia Católica Romana. Esto evidencia que nunca ha habido un acuerdo universal de que Roma sea la cabeza incuestionable. Solo Roma se atribuyó ese título, basándose en sus propias interpretaciones y en el poder político que acumuló.

En síntesis, la Biblia muestra pluralidad de iglesias bajo el señorío directo de Cristo, no una sola Iglesia exclusiva como vía de salvación. El concepto católico de ser “la única Iglesia verdadera” no encuentra sustento cuando uno contempla el modelo del Nuevo Testamento. Siempre hubo varias iglesias verdaderas en diversos lugares – unidas por la misma fe en Jesús, sí, pero ninguna instituida para dominar a las demás. La unidad de los cristianos es orgánica y espiritual (Juan 17:21, “que todos sean uno”), no necesariamente institucional. De hecho, es posible estar unido a Cristo sin estar bajo la estructura romana – los cristianos de Esmirna o Filadelfia del Apocalipsis complacieron al Señor sin tener ningún “Papa” que los guiara. Y es posible, tristemente, estar dentro de una estructura religiosa poderosa y oír de Cristo: “Estoy por vomitarte” (como a Laodicea), si no se es fiel a Su palabra.

✨ Conclusión: Volviendo a la verdad del Evangelio

A la luz de todo lo expuesto, queda desenmascarada la afirmación de que la Iglesia Católica Romana fue fundada por Jesucristo y es la única vía de salvación. No fue Cristo, sino el tiempo, la política y las tradiciones humanas lo que forjó a la Iglesia de Roma tal como la conocemos. Jesús no vino a instaurar un imperio religioso terrenal lleno de pompa, doctrinas añadidas y jerarquías alejadas de la sencillez del Evangelio. Él vino a salvar pecadores y a edificar una Iglesia espiritual compuesta por todos aquellos que le reciben como Señor y Salvador. Esa iglesia verdadera trasciende las denominaciones; la forman todos los nacidos de nuevo (Juan 3:3) que perseveran en las enseñanzas de Cristo y los apóstoles.

Amigo lector, el único camino al Padre es Jesucristo“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6) – no una institución religiosa. La salvación no se consigue mediante rituales o pertenencia a una organización, sino mediante una relación viva con Jesús por la fe. “En ningún otro hay salvación” dice la Escritura, “porque no hay otro nombre bajo el cielo… en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12). Ninguna iglesia puede arrogarse ser ella misma “el camino”, porque el camino es Cristo. La Iglesia (cuerpo de creyentes) es importante en cuanto anuncia esa verdad, pero cuando una entidad comienza a predicarse a sí misma como indispensable, ha caído en el error.

El llamado de la Palabra de Dios para quienes están en cualquier sistema religioso que haya oscurecido el evangelio es: “¡Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados!” (Apocalipsis 18:4). Dios desea que conozcas la verdad que te hará libre (Juan 8:32). Libre de tradiciones de hombres, libre de falsas seguridades. Si has confiado en que “estar en la Iglesia Católica” te salvará, es hora de poner tu confianza más bien en el Cristo vivo, quien nunca engaña ni defrauda. Él te llama a volver a las Escrituras, al sencillo evangelio que fue una vez dado a los santos.

No pretendemos con esto atacar a personas – muchos católicos son sinceros buscadores de Dios – sino arrojar luz sobre un sistema que, lamentablemente, se ha apartado del fundamento bíblico original. La intención de este análisis es evangelística: que la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios (Efesios 6:17), penetre hasta discernir la verdad en tu corazón. Pregúntate: ¿Qué es más importante, la “iglesia” o Cristo? ¿La tradición o la Escritura? ¿A quién llamarás Señor: a un hombre con títulos o al Hijo de Dios que murió y resucitó por ti?

Jesucristo está edificando Su Iglesia, sí, pero esa iglesia está formada por los que le obedecen a Él (Juan 10:27) y guardan Su palabra. Sé uno de ellos. No importa en qué congregación terrenal te reúnas, asegúrate de ser parte de la Iglesia que es columna y baluarte de la verdad (1 Timoteo 3:15) al aferrarse al evangelio puro. Si actualmente te encuentras dentro del catolicismo romano por costumbre o herencia, no temas escudriñar la Biblia por ti mismo para ver si estas cosas son así (Hechos 17:11). Dios ama a cada persona atrapada en la confusión religiosa y le extiende Su mano.

Hoy, Jesús sigue llamando a la puerta (Apocalipsis 3:20) – tal como llamó a la puerta de la iglesia de Laodicea – esperando que alguien oiga Su voz y le abra. Ábrele tú. Sal de la sombra de cualquier sistema que haya usurpado el lugar de Cristo y ven a Él directamente. Él es fiel para perdonar, limpiar y guiar a toda alma que lo busca en verdad. Así como en Apocalipsis Jesús halló algunas “iglesias” que a pesar de todo habían guardado Su palabra, también hoy hay un remanente fiel que ama la verdad por encima de tradiciones. Únete a ese pueblo sencillo y ferviente. No es una institución con nombre pomposo, es un cuerpo vivo: el de los verdaderos creyentes.

En definitiva, la Iglesia de Cristo no es la Iglesia de Roma. La Iglesia de Cristo son todos aquellos que han creído en Él y le siguen, dondequiera que estén. Esa Iglesia nunca perecerá, porque Él la sostiene (Mateo 16:18b). Pero las instituciones humanas sí pasan – Roma no es eterna. Pon tu fe en la Roca verdadera que es Jesucristo, y pertenecerás por la eternidad a Su iglesia, “esposa” pura y sin mancha, que Él redimió con Su propia sangre. Esa es la única Iglesia que importa, y a ella todos están invitados mediante el arrepentimiento y la fe en el Hijo de Dios.


Hoy en día, incluso asistentes virtuales como Siri han llegado a responder que “Jesús fundó la Iglesia Católica”. Esto demuestra cómo la desinformación doctrinal se ha filtrado en la tecnología, probablemente porque estas respuestas están programadas a partir de contenidos en Internet o fuentes populares sin verificación académica ni teológica.

La pregunta lógica es: ¿de dónde ha sacado Siri, Alexa o Google esa información errónea?
La respuesta es sencilla: de siglos de propaganda católica, artículos no contrastados, enciclopedias religiosas y sitios web que repiten la narrativa institucional sin cuestionarla. Muchos motores de IA, buscadores y asistentes solo replican lo que encuentran con mayor popularidad o autoridad aparente, sin distinguir si es verdad o no.

Esto sucede porque estas IA básicas no están diseñadas para reflexionar ni contrastar fuentes. En cambio, inteligencias artificiales más avanzadas, como ChatGPT en su versión extendida y amplificada, están diseñadas para comprender el contexto, contrastar fuentes y razonar antes de dar una respuesta. Pero incluso así, nunca se debe aceptar una afirmación sin analizarla críticamente y buscar respaldo documental. Por eso es tan importante cuestionar lo que uno escucha, incluso si lo dice una tecnología avanzada, y regresar siempre a las fuentes originales: la Biblia y la historia documentada.

Jesús no fundó la Iglesia Católica. No fundó ninguna iglesia con estructuras humanas. Fundó un camino espiritual, una enseñanza basada en el amor, la verdad, la obediencia y la fe.

La Iglesia Católica fue una construcción posterior, nacida siglos después de que Jesús, Pedro y Pablo ya no estaban. Fue creada por otros, en su nombre, pero no por ellos. Y eso es algo muy distinto.

Toda iglesia o institución que no siga fielmente la Palabra de Dios, que se deje llevar por el ego, por la competencia o por tradiciones humanas, está traicionando el mensaje de Jesús. Lo importante no es el nombre de la iglesia, sino la fidelidad a las Escrituras 📖

Atribuir a Jesús y a Pedro la creación de esta organización es una falsedad que distorsiona el verdadero mensaje del Evangelio. Lo importante no es qué nombre lleva una iglesia, sino si realmente sigue fielmente la Biblia, sin añadirle ni quitarle nada. Todo lo demás, son tonterías humanas que desvían el corazón del verdadero Evangelio ❤️

Hoy más que nunca, es vital cuestionar, investigar y contrastar lo que se nos dice, incluso si viene de una inteligencia artificial. Porque la verdad no se encuentra en la repetición de doctrinas, sino en la fidelidad a los hechos y a la Palabra de Dios. No creas todo lo que te diga Siri, Alexa o Google. Aprende a discernir, a razonar y a volver siempre a las fuentes. ¡Que el Señor te guíe a Su verdad y te libre de todo engaño, para que conozcas la libertad gloriosa de ser hijo de Dios fuera de toda esclavitud religiosa! Amén.

Para saber qué tipo de Iglesia es la que le agrada a Dios, puedes ver este link:

Fuentes de referencia:

  • Biblia Reina-Valera 1960. Mateo 16:18, Marcos 7:6-9
  • Bruce L. Shelleymuchas doctrinas “cristianas” son de origen no apostólico – ​worldventure.comworldventure.com
  • GotQuestions.org (en Español) – ¿Cuál es el origen de la Iglesia Católica?
  • ​GotQuestions.org – ¿Quién es la roca en Mateo 16:18?
  • GotQuestions.org – ¿Es bíblica la sucesión apostólica?
  • ​Wikipedia – Historia de la Iglesia católica (legalización bajo Constantino y oficialización en 380 d.C.; pentarquía
  • Historia Eclesiástica, Eusebio de Cesarea (siglo IV)
  • Philip Schaff, History of the Christian Church, vol. 2 (Eerdmans Publishing)
  • Enciclopedia Britannica: https://www.britannica.com/topic/Roman-Catholic-Church
  • Catholic Answers, «Did Jesus Found the Catholic Church?» https://www.catholic.com/qa/did-jesus-found-the-catholic-church (como ejemplo de afirmaciones no contrastadas)
  • Edicto de Milán (313 d.C.) y Concilio de Nicea (325 d.C.): https://www.newadvent.org

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