Estudio del Apocalipsis– Cap 5 – La Pureza de Jesús

Este capítulo es clave porque introduce el rollo sellado y al Cordero, que es el único digno de abrirlo.

📜 El Rollo en la Mano de Dios

“Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos.” Apocalipsis 5:1

Juan describe una escena impresionante: Dios Padre, sentado en el trono, sostiene un libro (mejor traducido como rollo) en su mano derecha, símbolo de autoridad y soberanía. Este rollo es escrito por dentro y por fuera, una característica poco común que indica que su contenido está completo, sin espacio para agregar más —una revelación definitiva y absoluta del propósito divino.

El rollo representa el plan de Dios para la humanidad: incluye juicios, redención, restauración y la consumación final de todas las cosas. Contiene la historia futura de la humanidad, el desenlace del conflicto cósmico entre el bien y el mal, y el cumplimiento del Reino de Dios.

Los siete sellos indican que el contenido está completamente cerrado y reservado: solo alguien con autoridad, dignidad y pureza perfectas puede abrirlo. El número siete representa perfección y totalidad, lo que sugiere que estos sellos no pueden ser rotos por voluntad humana, sino únicamente por alguien con una legitimidad divina. El hecho de que esté en la mano derecha de Dios reafirma que su contenido no es arbitrario, sino el acto soberano de Aquel que reina sobre toda la creación.

Este versículo establece una tensión dramática: se nos muestra que existe un propósito divino completo y sellado, pero todavía desconocido para los seres creados. Esta tensión da paso al clamor celestial por encontrar al único digno de romper los sellos y revelar el misterio contenido en el rollo.

🔎 La Búsqueda de Alguien Digno

“Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos? Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo. Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo.” Apocalipsis 5:2-4

Un ángel fuerte —una figura imponente con autoridad celestial— lanza un clamor universal: “¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?”. Esta proclamación resuena en todo el universo creado, y sin embargo, nadie responde. Ni en el cielo (entre los ángeles o santos), ni en la tierra (entre los hombres), ni debajo de la tierra (el mundo de los muertos), se halla a alguien digno.

El enfoque aquí no está en el poder o la fuerza, sino en la dignidad moral y espiritual. La pregunta no es quién puede, sino quién es digno. Esta distinción es clave para entender el carácter del que deberá abrir el libro: debe ser puro, justo, sin mancha, y al mismo tiempo, tener la autoridad suficiente para ejecutar el plan de Dios.

Ante la ausencia de un ser digno, Juan llora profundamente. Su llanto no es solo un reflejo personal de tristeza, sino una expresión profética de la desesperación humana ante la imposibilidad de redención por sus propios medios. Si el libro permanece cerrado, los juicios no se revelan, la historia no avanza hacia su redención, y el propósito de Dios queda en suspenso.

El llanto de Juan representa el clamor de toda la creación: una súplica silenciosa de que alguien con la dignidad divina necesaria se levante para traer justicia, restauración y cumplimiento a los propósitos eternos.

🦁 El León de la Tribu de Judá

“Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.” Apocalipsis 5:5

En respuesta al llanto de Juan, uno de los veinticuatro ancianos le ofrece consuelo con una proclamación gloriosa: “No llores”. Esta frase marca un cambio radical en la narrativa. Donde antes había desesperación por la falta de alguien digno, ahora surge esperanza con una figura triunfante: el León de la tribu de Judá.

Este título conecta directamente con Génesis 49:9-10, donde Jacob profetiza que de Judá vendrá un león, un símbolo de poder, soberanía y dominio. Jesús es el cumplimiento de esa profecía. El título también hace referencia a la “raíz de David”, aludiendo a Isaías 11:1, que profetiza sobre un renuevo del tronco de Isaí, padre de David. Así, se establece que el que ha vencido es el Mesías prometido, el heredero legítimo del trono de David, tanto en linaje como en autoridad espiritual.

El anciano declara que este León “ha vencido”, lo que indica que su victoria ya ha sido lograda. No necesita demostrar más nada: su obra redentora —especialmente su muerte y resurrección— es la victoria definitiva que le da autoridad para abrir el libro y ejecutar el plan divino.

El contraste es impactante: Juan espera ver a alguien con fuerza o majestuosidad desbordante, y aunque el título sugiere eso, lo que verá a continuación será aún más sorprendente. Pero aquí se afirma con claridad que Cristo es el único que tiene la dignidad, la autoridad y la victoria necesarias para abrir el libro.

Este versículo marca la transición entre la impotencia de la humanidad y la manifestación de su Salvador. La historia no está estancada. El León ha vencido, y los sellos serán abiertos.

🐑 El Cordero que fue Inmolado

“Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra. Y vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono.” Apocalipsis 5:6-7

La escena da un giro impresionante. Juan esperaba ver al León de Judá, una figura poderosa y majestuosa, pero en su lugar ve a un Cordero como inmolado. Este contraste es intencional y profundamente significativo: el Mesías triunfante se presenta como el sacrificio humilde, resaltando que la verdadera victoria no vino por la fuerza militar, sino por el sufrimiento y la entrega en la cruz.

El Cordero está de pie, lo que indica que aunque fue inmolado, vive. La imagen no representa simplemente un cordero muerto, sino uno que ha vencido la muerte. La referencia directa a su estado “inmolado” nos remite al sacrificio de Cristo como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Juan 1:29). Su posición “en medio del trono” muestra que comparte la autoridad divina: Cristo es central en el plan redentor y en el gobierno eterno.

Los siete cuernos representan poder completo (el cuerno es símbolo de fuerza en la Biblia), y los siete ojos representan conocimiento y visión perfecta, en conexión con los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra, que simbolizan la plenitud del Espíritu Santo obrando en todas partes (como lo he explicado en el Apocalipsis cap 1:4; Isaías 11:2)

Luego, el Cordero se acerca y toma el libro de la mano derecha del que está sentado en el trono. Este acto es fundamental: no se trata solo de recibir un objeto, sino de asumir la responsabilidad divina de ejecutar los planes de Dios. Al tomar el rollo, Cristo demuestra que Él es el único con la autoridad legítima y con la dignidad moral necesaria para abrir los sellos y llevar a cabo la consumación de los tiempos.

Esta imagen une dos realidades esenciales del Mesías: es el León conquistador y el Cordero sacrificado, el Rey Soberano y el Siervo Doliente. La redención no se separa del juicio; la gracia no anula la justicia. Todo converge en la persona gloriosa de Jesucristo.

Profundización en los versículos 6-7

Para comprender mejor estos versículos, debemos recordar que Apocalipsis es un libro altamente simbólico. El mundo espiritual no sigue las mismas reglas del mundo humano: una sola visión puede tener múltiples capas de significado. Juan no solo ve a Jesús, sino que ve su esencia espiritual representada visualmente como un Cordero inmolado. Es como si la visión le permitiera ver más allá del cuerpo físico, mostrándole el corazón del plan redentor. El Cordero representa la marca eterna del sacrificio de Cristo, visible en el mundo espiritual.

  • Los siete cuernos: En la Biblia, los cuernos simbolizan poder y autoridad (ver Daniel 7:24; Salmo 75:10). El número siete representa perfección y plenitud divina. Por tanto, los siete cuernos simbolizan que Jesús posee poder total y autoridad absoluta sobre toda la creación.
  • Los siete ojos: Simbolizan sabiduría, visión y conocimiento perfecto. Son una expresión de la omnisciencia de Cristo, su capacidad para ver y comprender todo. El texto los identifica con los “siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra”, una representación simbólica de la plenitud del Espíritu Santo en acción (Ap. 1:4; Isaías 11:2).

Este tipo de lenguaje y simbología permite a Juan describir realidades espirituales profundas que de otro modo serían imposibles de expresar. Cada símbolo está cuidadosamente diseñado para revelar verdades eternas sobre la identidad y misión del Mesías.

✨ La Adoración al Cordero

“Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos; y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.” Apocalipsis 5:8-10

El momento en que el Cordero toma el rollo desencadena una adoración celestial inmediata. Los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos, que representan la creación y el pueblo redimido respectivamente, se postran ante el Cordero en reconocimiento absoluto de su dignidad y autoridad.

Cada uno lleva un arpa, símbolo de adoración, alabanza y celebración celestial, y copas de oro llenas de incienso, las cuales representan las oraciones de los santos. Esta imagen conecta el cielo con la tierra: mientras el Cordero es glorificado en el cielo, las oraciones de los creyentes en la tierra son presentadas como incienso fragante ante Dios. Es un poderoso recordatorio de que las súplicas de los justos no son ignoradas, sino que forman parte de la adoración celestial.

El cántico que entonan es nuevo, lo cual en la Biblia significa una expresión de alabanza renovada ante una obra redentora jamás antes vista. El contenido del canto revela la razón por la cual el Cordero es digno:

  • “Tú fuiste inmolado”: su sacrificio es el fundamento de su autoridad.
  • “Con tu sangre nos has redimido para Dios”: la redención no es universal sin condición; es personal, profunda y pagada con sangre.
  • “De todo linaje y lengua y pueblo y nación”: el alcance de la redención es universal —no limitado a un solo grupo étnico, sino abierto a toda la humanidad.
  • “Nos has hecho reyes y sacerdotes”: los redimidos no solo son salvados, sino elevados a una posición de honor espiritual, para gobernar y servir en el Reino de Dios.
  • “Reinaremos sobre la tierra”: se anticipa la restauración final del Reino, donde los fieles participarán activamente en el gobierno de Cristo.

Este cántico no solo celebra el pasado (la cruz), sino que anticipa el futuro (el Reino). Es una declaración poderosa de que el sacrificio del Cordero transforma al redimido en heredero del Reino, y que toda adoración verdadera está centrada en Cristo y su obra en la cruz.

🙏 La Adoración Universal

“Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones, que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos. Los cuatro seres vivientes decían: Amén; y los veinticuatro ancianos se postraron sobre sus rostros, y adoraron al que vive por los siglos de los siglos.” Apocalipsis 5:11-14

La escena culmina con una adoración de escala cósmica. Juan describe una innumerable multitud de ángeles alrededor del trono, junto con los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos. Este coro celestial es tan vasto que se expresa como “millones de millones”, una forma de señalar que la adoración al Cordero trasciende cualquier medida humana.

Estos seres celestiales proclaman con voz potente una doxología con siete atributos, el número de plenitud divina: poder, riquezas, sabiduría, fortaleza, honra, gloria y alabanza. Cada uno de estos elementos refleja el reconocimiento total del valor del Cordero. Él no solo merece un título o una parte del homenaje: es digno de todo lo que existe, de toda autoridad, toda alabanza y toda gloria.

Luego, la adoración se amplía aún más. Juan oye a toda la creación —en el cielo, en la tierra, debajo de la tierra, y en el mar— unirse en esta proclamación gloriosa. Esto significa que todo ser creado, sin excepción, reconoce al Padre (el que está sentado en el trono) y al Hijo (el Cordero) como los únicos merecedores de adoración eterna.

El lenguaje aquí refleja un cumplimiento de lo profetizado en Filipenses 2:10-11, donde se declara que “toda rodilla se doblará… y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor”. La adoración ya no es solo de seres celestiales o redimidos, sino de toda la creación rendida ante su Creador y Redentor.

Los cuatro seres vivientes concluyen con un solemne “Amén”, confirmando y afirmando la verdad de todo lo proclamado. Los veinticuatro ancianos se postran una vez más, cerrando esta visión con una adoración completa, rendida y eterna. La escena entera destaca que la gloria final no es del caos ni del juicio, sino de la adoración absoluta a Dios y al Cordero.


🧠 Reflexión final

Este capítulo destaca la dignidad única de Jesucristo como el Cordero inmolado, quien, a través de su sacrificio, ganó el derecho de abrir el rollo y ejecutar el plan de Dios. La paradoja entre el León y el Cordero muestra la naturaleza dual de Cristo: poderoso y victorioso, pero también humilde y sacrificado.

La adoración que recibe el Cordero en este capítulo lo coloca al mismo nivel que Dios Padre, mostrando claramente su divinidad. La universalidad de la adoración (ángeles, ancianos, seres vivientes, y toda la creación) subraya que Jesús no es solo el Salvador de unos pocos, sino que su sacrificio tiene un impacto cósmico.

Estudiar el libro de Apocalipsis es una experiencia fascinante y transformadora. Nos lleva a contemplar el mundo espiritual desde la perspectiva divina, donde cada símbolo, cada detalle, tiene un propósito y un mensaje profundo. El lector es llamado no solo a entender, sino a discernir con reverencia lo que el Espíritu comunica a través de estas visiones.

Este libro nos obliga a mirar hacia el pasado (las profecías, los contextos históricos), a entender el presente (nuestra posición espiritual), y a anticipar con esperanza el futuro. Nos invita a entrar en la mente de Juan, a ver lo que él vio, y a dejarnos transformar por esa visión celestial. Para los que aman profundamente la verdad y buscan comprender los misterios de Dios, Apocalipsis no es solo una profecía: es una experiencia espiritual vibrante, emocionante y llena de revelación.

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