Sodoma y Gomorra – Hayazgos

Una combinación de hallazgos arqueológicos, geológicos y referencias antiguas está arrojando nueva luz sobre la posible ubicación histórica de Sodoma y Gomorra, las legendarias “ciudades del pecado” destruidas en el relato bíblico. Excavaciones recientes en Tall el-Hammam (en el valle del Jordán, cerca del mar Muerto) han descubierto una gran ciudad de la Edad de Bronce Medio que fue destruida de forma súbita y catastrófica hacia el 1650 a.C., mostrando signos de temperaturas extremas y devastación instantánea.

Este sitio, respaldado por varios arqueólogos, se perfila como el candidato más firme para la Sodoma bíblica. Además, en la región se han identificado inusuales bolas de azufre puro incrustadas en capas de ceniza, lo que sugiere un evento de “fuego y azufre” como el descrito en Génesis. Igualmente, las formaciones de sal en el entorno del mar Muerto –incluyendo un pilar de sal conocido popularmente como la “esposa de Lot”– evocan directamente el relato bíblico. Este informe examina detalladamente estas evidencias, correlacionándolas con los textos antiguos (Biblia, Libro de Enoc, etc.) y explorando explicaciones científicas posibles (desde la hipótesis de un impacto cósmico aéreo hasta actividad sísmica o volcánica). Finalmente, se evalúa en conjunto si todos estos elementos respaldan la hipótesis de que Sodoma y Gomorra ha sido efectivamente localizada por la ciencia moderna.

Sodoma y Gomorra ocupan un lugar prominente en la tradición bíblica como ciudades sinónimo de corrupción moral y castigo divino. Según Génesis 19, Dios destruyó estas ciudades haciendo llover “azufre y fuego desde los cielos” hasta arrasarlas por completo, dejando la región estéril; además, la esposa de Lot (uno de los sobrevivientes) fue convertida en una estatua de sal al desobedecer y mirar hacia la destrucción. Durante siglos, este relato fue considerado por muchos como mero folklore o alegoría moral. Sin embargo, la pregunta de si existieron realmente Sodoma y Gomorra –y si es posible ubicar sus restos– ha intrigado a arqueólogos, historiadores y científicos.

A partir del siglo XIX se han propuesto diversas localizaciones en torno al mar Muerto, una zona marcada por actividad sísmica, depósitos de betún y sal, y ciudades arruinadas de la antigüedad. Las dos hipótesis clásicas sitúan a las “ciudades de la llanura” ya sea en el extremo sur del mar Muerto (donde yacimientos como Bab edh-Dhra y Numeira mostraron evidencias de destrucción por fuego en la Edad del Bronce Temprano), o en el valle del Jordán al noreste del mar Muerto, donde se encuentra Tall el-Hammam, un gran asentamiento de la Edad del Bronce Medio. Este último se ha destacado recientemente debido a descubrimientos sorprendentes sobre la forma en que fue destruido. En paralelo, exploradores bíblicos han señalado curiosos fenómenos geológicos en la región –como depósitos de azufre inusualmente puro y pilares naturales de sal– que parecen eco del relato bíblico.

En este Informe Examinaremos:

  1. La evidencia arqueológica de una ciudad antigua aniquilada súbitamente (focalizando en Tall el-Hammam como potencial Sodoma).
  2. El análisis de las bolas de azufre halladas en el área (su pureza, distribución y posible origen catastrófico)
  3. Las formaciones de sal de la zona del mar Muerto, incluyendo la denominada “esposa de Lot”
  4. La correlación de estos hallazgos con las descripciones de Génesis y otros textos antiguos (p.ej. Enoc, escrituras judías posteriores),
  5. Las explicaciones científicas propuestas para los fenómenos de una explosión aérea por impacto cósmico. Finalmente, evaluaremos de forma crítica si la convergencia de estas evidencias sustenta la identificación de Tall el-Hammam (u otro yacimiento) como la auténtica Sodoma y si, por tanto, podríamos afirmar que se ha encontrado la ubicación histórica de Sodoma y Gomorra.

🏛️ Evidencias Arqueológicas de una Ciudad Destruida Súbitamente

Los hallazgos arqueológicos más sólidos que evocan la destrucción de Sodoma provienen del sitio de Tall el-Hammam, en Jordania. Tall el-Hammam fue una ciudad importante de la Edad del Bronce Medio situada en la fértil llanura del sur del valle del Jordán, al noreste del mar Muerto (una zona que, interesantemente, Génesis describe antes de la catástrofe como «como el huerto de Jehová» por su fertilidad). Las excavaciones, dirigidas por un equipo internacional de arqueólogos, han revelado una ciudad fortificada que prosperó durante siglos, con grandes murallas, palacios y asentamientos circundantes.

Sin embargo, en torno al año 1650 a.C. su historia terminó abruptamente: el yacimiento exhibe una llamativa capa de destrucción fechada por radiocarbono hace ~3.700 años, en la cual los muros de adobe de casi todas las estructuras desaparecieron repentinamente, quedando solo las bases de piedra. La evidencia sugiere que la ciudad entera fue literalmente arrasada de forma instantánea.

Dentro de esta capa destructiva, los arqueólogos encontraron indicios de temperaturas excepcionalmente altas y fuerzas devastadoras. Por ejemplo, la cerámica excavada en Tall el-Hammam muestra superficies vitrificadas (fundidas en vidrio) y derretidas por un calor extremo, mientras que su cara opuesta permanece relativamente intacta. Este efecto –vidriar un lado de una vasija de barro sin romperla por completo– indica una ráfaga de calor de corta duración pero intensísima, estimada en varios miles de grados Celsius. Igualmente, materiales de construcción y arcilla presentan signos de haber sido expuestos a ondas de choque violentas y temperaturas tan altas que solo eventos catastróficos podrían generar.

De hecho, en los sedimentos se han identificado micropartículas y compuestos poco habituales en contextos normales, como granos de cuarzo impactado, concentraciones anómalas de iridio, platino, oro y otros materiales asociados a impactos cósmicos. Todo apunta a un acontecimiento devastador “no convencional”, muy distinto a una guerra o incendio urbano típico. Los investigadores señalan que ni un terremoto ni un incendio común podrían alcanzar por sí solos tal nivel de destrucción y alta temperatura en cuestión de segundos.

Un descubrimiento especialmente notable en Tall el-Hammam es que, tras su aniquilación en el siglo XVII a.C., la ciudad quedó abandonada por varios siglos. La zona circundante, antes fértil, parece haber sufrido una desertificación o contaminación que impidió su pronto reocupamiento humano. Estudios preliminares sugieren que los suelos de la región muestran niveles elevados de sal y sulfatos depositados en la catástrofe, lo que habría arruinado la agricultura durante generaciones.

Esta situación recuerda la descripción bíblica de la “tierra humeando como un horno” tras la destrucción (Génesis 19:28) y la idea de que la región quedó arrasada y estéril. Según los datos arqueológicos, el área de Tall el-Hammam no volvió a tener un asentamiento significativo hasta unos 600 años después de la destrucción, entrado ya el Hierro. Tal hiato en la ocupación es coherente con lo que cabría esperar si un evento traumático y prolongados cambios ambientales hicieron inviable la vida en la “llanura de Sodoma” por siglos.

Es importante señalar que Tall el-Hammam no es el único candidato propuesto para Sodoma, aunque sí el que actualmente goza de mayor respaldo evidencial. En décadas pasadas, la atención se centró en yacimientos al sur del mar Muerto. Por ejemplo, Bab edh-Dhra (en Jordania) y sitios cercanos presentaban restos de ciudades de principios de la Edad del Bronce que fueron destruidas por incendios, con necrópolis masivas, lo que llevó a su identificación tentativa con Sodoma/Gomorra. No obstante, esas destrucciones ocurrieron mucho antes (~2300 a.C.) y las ciudades no eran tan grandes como la Sodoma descrita.

Tall el-Hammam, en cambio, era unas 10 veces mayor que Jerusalén de su época y dominante en la región, encajando mejor con la idea de una gran metrópoli. Su cronología de destrucción (mediados del II milenio a.C.) también resulta más compatible con los tiempos de los patriarcas bíblicos según muchas reconstrucciones. Por ello, la mayoría de especialistas que apoyan la historicidad del relato se inclinan ahora por Tall el-Hammam como la verdadera Sodoma, entendiendo a Gomorra posiblemente como otro asentamiento cercano (quizá Tall Nimrin u otro sitio menor) igualmente afectado por el cataclismo.

☄️ Análisis de las Bolas de Azufre Halladas en la Zona

Uno de los hallazgos más sorprendentes vinculados con la posible Sodoma es la presencia de bolas de azufre (brimstone) incrustadas en estratos cenicientos en varios puntos alrededor del mar Muerto. Exploradores bíblicos y algunos científicos ciudadanos han reportado que en las áreas de las supuestas “ciudades quemadas” es posible recoger pequeñas bolitas blanquecinas o amarillentas literalmente compuestas de azufre sólido.

Un análisis químico de estas muestras reveló que se trata de azufre de altísima pureza (aprox. 95–98% de azufre) con pequeñas trazas de otros elementos, presentándose en forma monoclínica (una estructura cristalina que suele formarse a altas temperaturas). Este grado de pureza es inusual en depósitos naturales: el azufre de origen volcánico o geotérmico, por ejemplo, típicamente aparece mezclado con otros minerales y en forma rómbica, con purezas del orden de 40%. Las bolitas halladas en Sodoma, en cambio, son prácticamente masas de azufre casi puro, algo que ha llamado poderosamente la atención.

Estas esferas de azufre suelen encontrarse incrustadas en matrices de ceniza o sedimento calcinado, a veces dentro de formaciones que asemejan restos de muros o edificios colapsados en forma de ceniza compactada. Muchas de las bolas presentan en su periferia una costra o capa de combustión: esencialmente son pequeñas rocas de azufre que muestran signos de haber ardido hasta consumirse parcialmente, dejando un residuo quemado alrededor. Esto sugiere que cayeron encendidas, manteniendo suficiente calor para quemar el material circundante.

Los investigadores independientes que han recopilado decenas de estas muestras señalan que “no hay otro lugar en la Tierra” donde se encuentren depósitos similares de azufre en bolas tan puras diseminadas en estratos de ceniza. La distribución geográfica reportada abarca varias áreas del cuadrante sur/suroeste del mar Muerto –en zonas hoy desérticas cerca de Masada y del monte Sodoma (Israel)– que algunos identifican con las ubicaciones de Gomorra, Admá y otras ciudades de la llanura bíblica. Se han hallado literalmente centenares de bolas de azufre de diversos diámetros (generalmente 1–5 cm) incrustadas en estas capas, como si hubieran llovido del cielo.

La conexión con el texto bíblico es inmediata: Génesis 19:24 menciona explícitamente una lluvia de “azufre ardiendo” cayendo sobre Sodoma y Gomorra. El hallazgo de estas bolas encendidas de azufre en sitios que podrían ser aquellas ciudades ofrece un paralelo físico directo al “brimstone” de la narración. Desde una perspectiva científica, cabe preguntar de dónde provino este azufre.

Su presencia sugiere que grandes cantidades de azufre elemental fueron proyectadas durante el evento catastrófico. Una posibilidad es que depósitos de azufre y betún subterráneos (comunes en la cuenca del mar Muerto) explotaran durante la destrucción –ya sea por ignición de gas natural durante un terremoto o por el impacto de algún cuerpo externo– dispersando azufre en el aire que luego cayó en grumos encendidos.

Otra posibilidad es que el azufre tenga origen fuera de la tierra es decir, que formara parte de los materiales volatilizados por un impacto meteórico y literalmente “lloviera” del cielo mezclado con la bola de fuego. Actualmente no hay consenso sobre el origen exacto; no obstante, el contenido extraordinariamente puro y la forma de estas bolas apoyan la idea de un proceso de destilación por calor intenso, acorde con un evento excepcional (muy por encima de condiciones volcánicas o geotérmicas normales)

Es importante mencionar que muchos de estos descubrimientos de azufre han sido realizados por investigadores independientes y no siempre han pasado por el escrutinio de la arqueología académica tradicional. Algunos sectores escépticos argumentan que podría tratarse de fenómenos naturales locales (por ejemplo, concreciones de azufre nativo en depósitos de yeso). Sin embargo, el contexto claramente carbonizado y la pureza de las muestras desafían las explicaciones geológicas convencionales, indicando más bien un suceso violento. Así, las misteriosas bolas de azufre proporcionan una pista química/geológica singular que concuerda notablemente con el relato bíblico y que, junto con otros hallazgos, se suma al cúmulo de evidencias en evaluación.

🪨 Formaciones de Sal en la Región del mar Muerto (la “esposa de Lot”)

El entorno del mar Muerto es rico en depósitos de sal debido a su naturaleza geológica. Destaca en la orilla occidental el Monte Sodoma (Har Sedom, en Israel), que es básicamente una montaña de sal gema (halita) de más de 200 metros de altura, producto de la evaporación de antiguas aguas y la tectónica del Rift del Jordán. La constante erosión de este monte de sal ha dado origen a numerosas cavernas y a la formación de pilares de sal donde se desprenden bloques de la masa principal.

Uno de estos pináculos naturales de sal, que sobresale de un acantilado del monte Sodoma, ha sido asociado por la tradición con la figura de la “mujer de Lot”. De hecho, ya el historiador judío Flavio Josefo (siglo I d.C.) menciona que en su época existía una columna de sal identificada con la esposa de Lot, y escritores cristianos antiguos como Clemente de Roma y Ireneo también aludían a ella. A día de hoy, los guías turísticos señalan dicho pilar –popularmente llamado “Esposa de Lot”– a los visitantes que recorren la zona. Del lado jordano, enfrente, también se muestra otra formación similar cerca de la cueva de Lot, como recuerdo legendario.

Geológicamente, estos pilares son el resultado del curioso proceso natural en el Monte Sodoma: la sal diapírica (masas salinas subterráneas) es forzada hacia arriba por movimientos tectónicos y va emergiendo; luego, la lluvia disuelve la sal en zonas expuestas, esculpiendo columnas aisladas bajo partes más resistentes. Una de esas columnas adoptó una forma vagamente antropomorfa, lo que en la antigüedad motivó su asociación con la historia de Lot.

Si bien desde una perspectiva científica es simplemente una formación de sal, su presencia en este relato nos muestra cómo los elementos geográficos locales pudieron influir en los detalles narrativos: la imagen de alguien “convertido en sal” puede haberse inspirado en ver estos monolitos en un paisaje desolado alrededor del mar Muerto. En todo caso, la inclusión del motivo de la sal en Génesis –además del azufre– es notable, ya que ambos (sal y azufre) abundan de forma extraordinaria en esta región en particular, diferenciándola de otras zonas de Canaán. Esto sugiere una coherencia geográfica: cualquier testigo antiguo de un desastre en el área del mar Muerto difícilmente pasaría por alto la omnipresencia de la sal (y el betún) en el paisaje, integrándola incluso en la tradición oral que derivó en el texto bíblico.

Desde el punto de vista cultural, la “esposa de Lot” convertida en sal sirve como símbolo moral (ejemplo de desobediencia y sus consecuencias) en la narrativa, pero también ancla la historia a un rasgo físico concreto de la región. Así, las formaciones salinas del mar Muerto se suman a nuestro análisis como un elemento real que encaja con las memorias preservadas en el Génesis. Aun cuando naturalmente un observador moderno entiende que ninguna persona puede “volverse sal”, el hecho de que exista un pilar de sal icónico llamado así sugiere una tradición local antigua conectando la geografía con la leyenda.

Fotografia: Pilar natural de sal conocido como la “Esposa de Lot”, sobresaliendo de los acantilados de sal gema del monte Sodoma, en Israel. Este monolito ha sido asociado por la tradición con la mujer de Lot convertida en sal en el relato bíblico.

📖 Correlación con los Textos Bíblicos y otros Antiguos

El relato bíblico de Sodoma y Gomorra se encuentra principalmente en Génesis 19. Allí se narra que dos ángeles advierten al justo Lot que huya de la ciudad de Sodoma con su familia, y acto seguido “Jehová hizo llover desde los cielos azufre y fuego sobre Sodoma y Gomorra”, destruyendo “todas aquellas ciudades, toda la llanura, con todos los habitantes… y el fruto de la tierra” (Gen. 19:24-25). A la mañana siguiente, Abraham observa el paisaje y ve que sube de la tierra “como el humo de un horno”.

Estos detalles describen una destrucción total por fuego, repentina e intensa, que arrasó no solo las urbes sino también el entorno agrícola. La coincidencia con la evidencia arqueológica de Tall el-Hammam es notable: allí vemos una ciudad entera aniquilada súbitamente, con signos de incendio y explosión gigantesca que incluso afectó la tierra alrededor haciéndola estéril por siglos. La mención bíblica al “azufre” que llueve del cielo resuena fuertemente con las bolas de azufre halladas en la zona, proporcionando un punto de conexión directa entre la narración y los datos físicos. Igualmente, la famosa imagen de la esposa de Lot convertida en pilar de sal tiene su eco en las columnas de sal reales de Monte Sodoma, anclando la historia en la peculiar geología local.

No solo la Biblia hebrea relata o alude a este evento; también textos judíos extrabíblicos y la tradición posterior conservaron la memoria de Sodoma. El Libro de Enoc (literatura apócrifa del período intertestamentario) menciona la maldad de los habitantes de Sodoma y su castigo, colocándolo como ejemplo de juicio divino contra la impiedad extrema, a la par de otros castigos antiguos. Igualmente, escritores como Filón de Alejandría y Flavio Josefo en el siglo I d.C. hablaban de las ruinas de esas ciudades malditas, afirmando incluso que podían ver los restos calcinados y oler el azufre en el ambiente, lo que sugiere que alguna clase de vestigios notorios (quizás depósitos de ceniza o terrenos arruinados) persistieron en la región dando testimonio de “algo terrible” ocurrido allí.

En el Nuevo Testamento, la carta de Judas refiere que Sodoma y Gomorra, por su inmoralidad, “sufrieron el castigo del fuego eterno” y sirven de ejemplo admonitorio. Esta referencia indica que en el siglo I de nuestra era, la destrucción de Sodoma seguía muy presente en el imaginario colectivo, vista como un hecho consumado y símbolo de advertencia espiritual.

Desde la perspectiva del contexto cultural, la historia de Sodoma encaja en un patrón mayor de narrativas de catástrofes en la antigüedad que mezclan memorias de desastres naturales con interpretaciones morales/divinas. Al igual que el Diluvio universal, la caída de Sodoma pudo ser la reelaboración oral de un desastre real, transmitida por generaciones hasta incorporarse en el texto sagrado con un propósito teológico.

Es revelador que la tradición ubique estas ciudades en la región del mar Muerto: un área única en la Tierra, donde se combinan la actividad tectónica, gases inflamables, depósitos de sal, azufre y un terreno inhóspito. Las fuentes antiguas extra-bíblicas no añaden mucha precisión geográfica más allá de confirmar que se situaban en la vecindad del Valle del Jordán/Mar Muerto, pero sí refrendan la idea de que fueron destruidas de modo sobrenatural. Por ejemplo, el Libro de Jubileos (otro texto intertestamentario) sitúa la destrucción en la época de Abraham y afirma que la región quedó desolada desde entonces.

En conjunto, estas referencias literarias concuerdan en tiempo y lugar con la evidencia material que ahora estamos examinando, reforzando la credibilidad de que un evento histórico real inspiró el relato de Sodoma y Gomorra.

🔬 Posibles Explicaciones Científicas de los Fenómenos Descritos

¿Cómo explicar científicamente un suceso tan extremo como el que parece haber destruido Tall el-Hammam y sus alrededores? Varias hipótesis se han planteado a lo largo del tiempo, intentando encajar la descripción bíblica (fuego y azufre cayendo del cielo, destrucción total instantánea, región arrasada) con fenómenos naturales conocidos:

☄️ Explosión Aérea de un Objeto Cósmico (Hipótesis del meteorito/ airburst)

Es la explicación que ha ganado más atención recientemente a raíz de los hallazgos en Tall el-Hammam. Según esta hipótesis, un meteorito o cometa de unos ~50 metros ingresó a la atmósfera y explotó a baja altitud sobre la zona, liberando una energía equivalente a cientos o miles de bombas atómicas de Hiroshima. Esta explosión aérea (airburst) generaría una bola de fuego deslumbrante en el cielo, seguida de una onda de choque hipersónica y una lluvia de materiales ardientes.

Los efectos serían devastadores: temperaturas de miles de grados por unos instantes, vientos supersónicos aplastando estructuras y personas, y posiblemente la ignición de materiales inflamables en la tierra. Un evento de este tipo es conocido en la era moderna por el caso de Tunguska (Siberia, 1908), donde un bólido explotó devastando 2.000 km² de taiga.

En Tall el-Hammam, la evidencia de altas temperaturas, la distribución de fragmentos minerales típicos de impactos y la destrucción total repentina apuntan justamente a un escenario tipo Tunguska. Modelizaciones indican que la explosión sobre esta ciudad habría generado una zona cero de varios kilómetros donde todo quedó pulverizado, y un radio de destrucción mayor de hasta 25 km en el cual se producirían incendios y efectos letales.

Esto encajaría con la devastación no solo de Sodoma (Tall el-Hammam) sino también de otras ciudades vecinas (posible Gomorra, etc.) en la llanura. Además, se ha propuesto que tal explosión pudo dispersar compuestos de azufre procedentes del propio meteorito o del terreno, explicando la “lluvia de azufre”. Un equipo científico publicó en 2021 un estudio detallado sosteniendo esta hipótesis para Tall el-Hammam, argumentando que sería este evento histórico el que quedó registrado en Génesis bajo forma teológica.

Imagen: Ilustración del hipotético estallido aéreo de un meteorito sobre la región del mar Muerto (~1650 a.C.), basado en la comparación con la explosión de Tunguska (Siberia, 1908). El mapa muestra el posible epicentro en Tall el-Hammam (candidato a Sodoma) y la extensión estimada de la onda expansiva y calor radiante (zonas en amarillo-rojo) superpuesta al valle del Jordán y el norte del mar Muerto. Un evento así podría explicar la destrucción repentina de varias ciudades de la llanura.

🔎 Evidencias Clave Reunidas

A modo de síntesis, se enumeran las principales evidencias analizadas que vinculan los descubrimientos científicos con la historia de Sodoma y Gomorra:

  1. Ciudad arrasada en la época adecuada: El yacimiento de Tall el-Hammam (valle del Jordán) revela una metrópoli de la Edad de Bronce Medio (siglo XVII a.C.) destruida de forma repentina y violenta, con muros derrumbados y señales de calor extremo. La cronología y localización coinciden con la era y área donde habría vivido Abraham según la Biblia.
  2. Destrucción por calor intenso y explosión: En Tall el-Hammam se hallaron cerámicas vitrificadas y materiales sometidos a temperaturas >2000°C, además de raros minerales asociados a impactos cósmicos. Esto apunta a un evento catastrófico anormal (posible explosión aérea de meteorito) que encaja con la idea de “fuego del cielo” arrasando las ciudades.
  3. “Lluvia” de azufre sobre las ruinas: En los posibles restos de Sodoma/Gomorra se han descubierto numerosas bolas de azufre puro incrustadas en cenizas, con evidencia de combustión. Su presencia sugiere que material sulfuroso ardiente cayó disperso durante la destrucción –una notable correlación literal con el azufre ardiente descrito en Génesis 19.
  4. Formaciones de sal emblemáticas: La región del mar Muerto presenta singulares columnas de sal, entre ellas el pilar denominado tradicionalmente “Esposa de Lot”. Este hecho geológico proporciona un telón de fondo real al detalle bíblico de la mujer convertida en sal, reforzando la conexión entre el relato y el paisaje físico de la zona.
  5. Huella perdurable en la memoria cultural: Textos antiguos (Biblia, literatura apócrifa y fuentes históricas) recuerdan la destrucción de Sodoma como un acontecimiento marcado por fuego divino y castigo ejemplar. La persistencia y consistencia de estos recuerdos sugieren que un suceso auténtico e impactante se grabó en la conciencia colectiva, transmitido a través de generaciones y finalmente reflejado en las escrituras.

Cada uno de estos puntos por sí solo resulta sugestivo; tomados en conjunto, constituyen un conjunto coherente de evidencias que refuerzan la plausibilidad de identificar un evento histórico real detrás del relato de Sodoma y Gomorra, y señalan hacia Tall el-Hammam (y sus inmediaciones) como el escenario más probable de aquel cataclismo.

💡Conclusión Final

Tras este análisis multidisciplinario, podemos concluir que sí existen indicios muy sólidos que apuntan a la localización histórica de Sodoma (y posiblemente Gomorra), aunque con matices importantes. El sitio de Tall el-Hammam ofrece una coincidencia asombrosa de características con la Sodoma bíblica: una gran ciudad en la llanura del Jordán, súbitamente devastada en la antigüedad por un cataclismo de fuego, dejándola abandonada por siglos. Las evidencias físicas –desde cerámicas vitrificadas hasta suelos salinizados– respaldan notablemente el escenario descrito en Génesis 19. Asimismo, los descubrimientos de azufre elemental quemado en el terreno y la presencia de formaciones salinas peculiares en el área brindan paralelos tangibles a elementos antes considerados meramente literarios (el “azufre y fuego” que llovió del cielo, la “mujer de Lot” de sal).

¿Significa que se ha encontrado Sodoma y Gomorra verdaderas? Desde una perspectiva de relatos y evidencias, coincide. Hay discusiones sobre la ubicación del terreno, pero dado que tampoco se puede encontrar dónde decían exactamente su ubicación bíblica y el terreno se acerca a la zona descrita geográficamente, es demasiada «coincidencia» que un relato bíblico se encuentre cerca de la zona y con características completamente descritas en su relato. Igual hemos visto que lo mismo pasa con los otros hallazgos; la ubicación ni siempre es donde creían, pero las evidencias no coinciden en otro lugar de tal forma como esas.

Referencias:

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