Estudio del Apocalipsis – Cap 11 – El Tercer Ay

Apocalipsis 11:14–19

El segundo ay pasó; he aquí, el tercer ay viene pronto. El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: El reino del mundo ha venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y Él reinará por los siglos de los siglos. Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronos se postraron sobre sus rostros, y adoraron a Dios, diciendo: Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, el que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu gran poder y has reinado. Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra. Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo. Y hubo relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo.

🔔 El Segundo Ay ha Pasado; el Tercer Ay Viene Pronto (v.14)

Con esta frase se cierra el segundo gran juicio (el sexto sello) y se anuncia la inminencia del último: la séptima trompeta. El tono cambia dramáticamente: no comienza con caos, sino con proclamación celestial. Se había echo una enorme pausa antes de la llegada de ese ay, eso se debe a que se quiso retrasarlo un poco más y retrasarlo es darle más tiempo para el pueblo para redimirse, las de veces que Dios nos da tiempo es una demonstración de su misericordia.

Esta frase también marca una transición profética, donde se pasa de los juicios parciales a la consolidación del Reino de Dios, lo que refuerza el contraste entre juicio y victoria. esta pausa no solo es misericordiosa, sino que demuestra que Dios no ejecuta juicio sin antes advertir y dar oportunidad de arrepentimiento, como hizo con Nínive, con Israel a través de los profetas, o con el mundo antes del diluvio. Dios no se apresura en su ira, sino que se retrasa en justicia para ensanchar Su gracia.

🎺 La Séptima Trompeta Suena (v.15)

En lugar de destrucción inmediata, esta trompeta proclama el triunfo final de Cristo:

“El reino del mundo ha venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y Él reinará por los siglos de los siglos.”

Es una declaración de victoria definitiva, no futura: el Reino ha sido tomado por Dios. El poder de los reinos humanos termina y comienza el reinado absoluto del Mesías. Esta trompeta no introduce plagas o castigos, como las anteriores, sino una proclamación real, solemne y celestial. Eso marca un cambio de tono: del juicio a la coronación.

Este momento conecta con Daniel 7:14, donde se habla de un reino eterno dado al Hijo del Hombre, lo cual fortalece el vínculo entre las profecías del Antiguo Testamento y su cumplimiento en Cristo:

“Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran…”

Esta proclamación no es simbólica ni parcial, sino absoluta y global: el Reino ya no es de este mundo ni de los hombres, sino del Señor y de su Cristo. La séptima trompeta no anuncia destrucción, sino coronación: el momento en que el Reino eterno de Dios reemplaza definitivamente a los sistemas humanos.

🙌 Adoración de los Veinticuatro Ancianos (v.16–17)

Los ancianos, símbolo del liderazgo celestial redimido, caen sobre sus rostros en adoración. Reconocen a Dios como “Todopoderoso” y alaban porque Él ha tomado su gran poder y ha comenzado a reinar. Es la celebración del cumplimiento de todo lo profetizado. Son aquellos que vimos por primera vez en el capítulo 4 aqui vuelven a aparecer.

Se postran, lo cual expresa no solo adoración sino rendición total y reconocimiento absoluto de la autoridad de Dios. El uso del título “Todopoderoso” (“Pantokrátor” en griego) enfatiza que no hay poder fuera de Su dominio, y que la espera ha terminado: ahora reina con todo Su poder sin restricción. Este acto de adoración refleja gozo, gratitud y justicia cumplida. Es la respuesta natural de los fieles cuando la verdad de Dios vence sobre las tinieblas del mundo.

La adoración de los ancianos no solo honra a Dios como Rey, sino que marca el inicio del orden eterno, donde el gobierno divino reemplaza al caos de los reinos humanos.

⚖️ Llegó el Tiempo del Juicio (v.18)

Este versículo resume el propósito de todo Apocalipsis:
Juzgar a los muertos (el juicio final).
Dar recompensa a los siervos de Dios (profetas, santos y los que temen su nombre).
Destruir a los que destruyen la tierra (los rebeldes, los sistemas corruptos y el anticristo).
Es el día de retribución, tanto de gracia como de justicia.

Esta secuencia de juicio y recompensa muestra que Dios no solo castiga el mal, sino que honra fielmente a quienes le sirvieron. No hay olvido ante Él: cada obra es recordada y será recompensada. El hecho de que se mencione a “los pequeños y los grandes” destaca que la recompensa no se basa en la posición social ni en el reconocimiento humano, sino en la fidelidad y el temor a Dios.

“Destruir a los que destruyen la tierra” no solo es un juicio físico, sino también espiritual: Dios pone fin a los que han corrompido, contaminado y pervertido el orden divino, tanto en lo natural como en lo moral y espiritual. Aquí se manifiesta el equilibrio perfecto de Dios: gracia para los suyos, justicia para los impíos. Nadie queda sin respuesta ante el trono. Romanos 2:6:

“El cual pagará a cada uno conforme a sus obras.”

🏛️ Se Abre el Templo de Dios en el Cielo (v.19)

Este momento es clave: el templo celestial se abre y se ve el arca del pacto, símbolo máximo de la presencia y fidelidad de Dios. Lo que estaba oculto en el Lugar Santísimo ahora es revelado.
Esto ocurre en medio de relámpagos, voces, truenos, terremoto y granizo, indicando que la gloria de Dios se manifiesta con poder y juicio.

El hecho de que el templo se abra en el cielo representa acceso directo a la presencia de Dios, algo que en el Antiguo Testamento era reservado solo para el sumo sacerdote una vez al año. Ahora, lo que estaba vedado, se revela públicamente: es señal de que la comunión con Dios está completamente restaurada para los fieles.

El arca del pacto, símbolo central del pacto entre Dios e Israel, no se menciona desde hace siglos (desapareció tras el exilio). Que aparezca ahora confirma la fidelidad de Dios a sus promesas eternas, y que su presencia ha permanecido fiel aunque el mundo la haya olvidado.

El contexto de relámpagos, truenos, terremoto y granizo refuerza que la gloria de Dios no es solo majestuosa, sino también temible. Esta combinación señala una teofanía, es decir, una manifestación directa de Dios con autoridad de juicio. La apertura del templo no solo revela lo sagrado, sino que confirma que el pacto de Dios sigue en pie, y que su presencia es la garantía de victoria, juicio y fidelidad cumplida.

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