
Este capítulo, aunque corto, nos muestra el contraste entre los redimidos adorando en victoria y el juicio inminente sobre los que rechazaron a Dios. Es un punto de transición entre el tiempo de advertencia y el tiempo del castigo irreversible. No contiene todavía las plagas mismas, sino que funciona como una introducción solemne que prepara el escenario para lo que vendrá. Presenta a los ejecutores del juicio (los siete ángeles), describe la gloria de Dios en su templo, y marca simbólicamente el fin del tiempo de gracia. En ese sentido, el capítulo 15 es la antesala espiritual y profética a lo que será el derramamiento pleno de la ira de Dios en el capítulo siguiente.
📖 Apocalipsis 15:1-8
«Vi en el cielo otra señal, grande y admirable: siete ángeles que tenían las siete plagas postreras; porque en ellas se consumaba la ira de Dios. Vi también como un mar de vidrio mezclado con fuego; y a los que habían alcanzado la victoria sobre la bestia y su imagen, y su marca, y el número de su nombre, en pie sobre el mar de vidrio, con las arpas de Dios. Y cantan el cántico de Moisés siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos. ¿Quién no te temerá, oh Señor, y glorificará tu nombre? pues sólo tú eres santo; por lo cual todas las naciones vendrán y te adorarán, porque tus juicios se han manifestado. Después de estas cosas miré, y he aquí fue abierto en el cielo el templo del tabernáculo del testimonio; y del templo salieron los siete ángeles que tenían las siete plagas, vestidos de lino limpio y resplandeciente, y ceñidos alrededor del pecho con cintos de oro. Y uno de los cuatro seres vivientes dio a los siete ángeles siete copas de oro, llenas de la ira de Dios, que vive por los siglos de los siglos. Y el templo se llenó con el humo de la gloria de Dios, y de su poder; y nadie podía entrar en el templo hasta que se hubiesen cumplido las siete plagas de los siete ángeles.»
🔹 Versículo 1
Este versículo introduce a los siete ángeles encargados de derramar las últimas plagas. La frase “en ellas se consumaba la ira de Dios” muestra que estas copas representan el final del juicio divino sobre la humanidad rebelde. No son simples advertencias, sino ejecuciones finales de justicia.
🔹 Versículos 2-4
Aquí vemos a los redimidos, los que no adoraron a la bestia ni recibieron su marca. Esta victoria implica que vivieron durante el tiempo en que la bestia estaba activa, resistiendo abiertamente su sistema y rechazando su autoridad. Según Apocalipsis 13:15-17 y 20:4, quienes se negaron a recibir la marca fueron perseguidos, marginados económicamente y finalmente asesinados. Por tanto, es razonable pensar que esta escena muestra a los mártires que murieron por permanecer fieles a Dios en medio de la persecución más intensa de la historia.
El hecho de que estén «de pie sobre el mar de vidrio mezclado con fuego» es altamente simbólico: el mar representa pureza, juicio y separación del mal, mientras que el fuego podría simbolizar tanto la prueba que atravesaron como la santidad consumadora de Dios. Es decir, atravesaron el sufrimiento, pero su fe permaneció firme y ahora están en victoria.
Cantan el cántico de Moisés y del Cordero, lo cual une el Antiguo y el Nuevo Pacto: Moisés representa la liberación del pueblo de Dios de Egipto, y el Cordero (Jesús) representa la redención eterna. Esto indica que su testimonio y sacrificio forman parte del cumplimiento completo del plan de redención. En resumen, esta escena glorifica a Dios por su justicia, su fidelidad y su recompensa a los que vencen, incluso con su vida..
🔹 Versículos 5-8
A partir del versículo 5 se abre el templo celestial, y los siete ángeles salen con vestiduras puras, preparándose para derramar las copas. Uno de los cuatro seres vivientes entrega a los ángeles las copas llenas de la ira de Dios, lo cual indica que el juicio que se está por desatar no es obra de hombres ni de eventos naturales, sino de una acción directa y final de parte de Dios mismo. Luego, el templo se llena de humo por la gloria de Dios y de su poder, lo que recuerda escenas del Antiguo Testamento donde la presencia de Dios llenaba el tabernáculo o el templo impidiendo la entrada de cualquier ser humano (Éxodo 40:34-35; 1 Reyes 8:10-11).
Este cierre del templo simboliza que ya no habrá más intercesión ni mediación: se ha cerrado el ciclo de la misericordia y comienza el derramamiento total de la justicia divina. Nadie puede entrar, ni siquiera los redimidos o ángeles, hasta que se complete esta fase final del juicio. Dios ha sido extremadamente paciente a lo largo del Apocalipsis —enviando señales, profetas, ángeles, advertencias—, pero la humanidad endurecida no ha querido arrepentirse. Por tanto, esta escena es solemne y definitiva: ahora se ejecutará el juicio sin freno, sin dilación y sin vuelta atrás.
Es importante señalar que, aunque las trompetas también forman parte de la ira divina, todavía estaban acompañadas de advertencias y espacio para el arrepentimiento. Cada juicio de trompeta servía como una llamada a la conciencia humana, y Apocalipsis 9:20-21 deja claro que aún había posibilidad de arrepentirse, aunque muchos no lo hicieron. En cambio, las copas ya no contienen advertencias ni llamados: son la consumación final de la ira de Dios. No hay más oportunidades, no hay vuelta atrás. Por eso se puede ver una progresión en los juicios: los sellos inician el sufrimiento, las trompetas lo intensifican con posibilidad de cambio, y las copas lo consuman con juicio definitivo. Esta claridad es necesaria, ya que muchas personas tienden a confundir trompetas y copas como si fueran lo mismo, cuando en realidad forman parte de una secuencia progresiva de juicio, donde la paciencia de Dios finalmente llega a su límite.