La Bendición por Ser Redimido por Jesús
Experimentar la bendición de ser redimido por Jesús es una de las mayores y más profundas experiencias que puede vivir un ser humano. La palabra “redimir” significa ser comprado, liberado, rescatado de una situación de esclavitud o de una deuda imposible de pagar. En el contexto de la fe cristiana, Jesús es quien pagó el precio más alto, entregando su vida y derramando su sangre para rescatarnos del poder del pecado, de la condena, y de todo lo que nos separaba de Dios y de su bendición. Cuando aceptamos a Jesús como Salvador, no solo recibimos el perdón de nuestros pecados, sino que somos trasladados de una vida marcada por la maldición y la derrota a una vida bajo la bendición y el favor de Dios.
Sin embargo, es fundamental entender que la bendición de Dios no significa que nunca tendremos problemas, pruebas o dificultades. Ser bendecidos no es igual a tener una vida fácil o sin luchas. La bendición de la redención en Cristo es mucho más profunda: significa que, pase lo que pase, la presencia de Dios está con nosotros, su amor nos sostiene y su gracia nos cubre. En cada momento difícil, sabemos que Jesús está a nuestro lado, guiándonos, dándonos fuerza, transformando nuestra historia y asegurando que ninguna maldición ni condena pueda permanecer sobre nuestras vidas, porque él ya pagó el precio por todo en la cruz.
La obra de Jesús en la cruz fue total, perfecta y suficiente. Cuando él exclamó “Consumado es”, estaba declarando que la redención de la humanidad estaba completa, que ninguna deuda quedaba pendiente, que la maldición fue rota y la bendición ahora es una herencia disponible para todo aquel que cree. Pero hay una verdad que no podemos olvidar: esa obra perfecta solo se activa y se vive cuando nosotros decidimos creer y recibirla por fe. No es automático ni mágico; requiere que abramos el corazón, aceptemos su sacrificio y caminemos cada día confiando en su Palabra. Dios te da derecho legal a la bendición, pero eres tú quien debe recibirla y apropiarse de ella.
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