1. ¿Qué Significa Tener una Identidad Rota?
La identidad es el núcleo de nuestra vida. Es la raíz desde donde nacen nuestros pensamientos, decisiones, actitudes y forma de relacionarnos con los demás. Una persona puede tener talentos, logros, reconocimiento o incluso una apariencia de estabilidad, pero si su identidad está quebrada, siempre sentirá un vacío que nada ni nadie puede llenar.
Dios nos creó con una identidad clara: hijos amados hechos a Su imagen y semejanza (Gn 1:26). Esa fue la intención original desde el principio: que reflejáramos Su carácter, Su amor y Su gloria en la tierra. Sin embargo, el pecado distorsionó esa identidad, y desde entonces el enemigo ha intentado llenarnos de mentiras sobre quiénes somos, qué valemos y cuál es nuestro propósito.
Una identidad rota significa:
- Vivir desconectados del diseño original de Dios, tratando de definirse por lo que dice el mundo, las circunstancias o incluso nuestras propias heridas.
- Creer que valemos menos de lo que Dios dice, cargando pensamientos de insuficiencia, rechazo, inutilidad o condenación.
- Adoptar actitudes y conductas que no reflejan nuestra verdadera esencia en Cristo, porque hemos permitido que las cicatrices de la vida o las mentiras del enemigo nos moldeen.
Cuando alguien tiene una identidad rota:
- Se mira a sí mismo con ojos de fracaso y duda, aunque Dios lo haya llamado vencedor.
- Vive bajo etiquetas impuestas por otros (“eres un inútil”, “nunca serás suficiente”, “no vales nada”), en lugar de caminar en la verdad de Dios.
- Reacciona desde el dolor y no desde la libertad, repitiendo patrones de conducta dañinos sin darse cuenta.
El peligro de una identidad rota es que contamina todo el ser humano:
- La mente se llena de pensamientos de derrota.
- El corazón se endurece con resentimiento o tristeza.
- Las decisiones se toman desde la inseguridad y no desde la confianza en Dios.
- Las relaciones se afectan, porque una persona que no sabe quién es, no sabe cómo amar ni recibir amor de forma sana.
Por eso, Jesús no solo vino a salvarnos del pecado, sino también a restaurar nuestra identidad. Él mismo declaró:
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” (2 Co 5:17).
Esto significa que, al encontrarnos con Cristo:
- Ya no somos definidos por nuestro pasado, sino por Su gracia.
- Ya no vivimos bajo condenación, sino bajo aceptación y perdón.
- Ya no somos esclavos de la mentira, sino herederos de la verdad.
La sanidad de la identidad es, entonces, un proceso de volver al diseño original de Dios, dejar que Él nos muestre quiénes somos realmente y soltar todas las etiquetas que el mundo, el pecado o el dolor nos pusieron.
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