Otra de las grandes bendiciones que Dios nos ha dado es conocer el poder de la siembra y la cosecha. Desde el principio de la creación, el Señor estableció este principio espiritual: “Mientras la tierra permanezca, no cesarán la siembra y la siega” (Génesis 8:22). Este no es solo un ciclo natural, sino también una ley espiritual que rige la vida de los hijos de Dios.
Dios no quiere que vivamos esclavizados por la escasez ni golpeados por la pobreza. La Palabra de Dios nos muestra que el corazón de nuestro Padre es de abundancia, provisión y prosperidad. Él desea que seamos bendecidos en todas las áreas de nuestra vida: en lo material, en lo espiritual, en la familia y en todo lo que emprendamos.
La Escritura nos revela que cuando damos con un corazón agradecido y generoso, abrimos las ventanas de los cielos para que la bendición de Dios se derrame sobre nosotros hasta que sobreabunde (Malaquías 3:10). Dar no significa perder, sino sembrar una semilla que, en el tiempo de Dios, dará fruto en abundancia.
Por eso, entender la bendición de dar es clave para experimentar la victoria en medio de la escasez. Dar rompe maldiciones, abre puertas y activa el favor de Dios sobre nuestras vidas. No se trata solo de dinero, sino de sembrar amor, servicio, fe y obediencia. Lo que sembramos en el nombre de Jesús, siempre regresa multiplicado a nuestra vida.
Así, el Señor nos llama a caminar bajo esta verdad: cuando aprendemos a dar con fe, estamos posicionándonos en el diseño divino de abundancia y nos alejamos de la maldición de la escasez.
La Siembra y la Cosecha
Una de las leyes espirituales más poderosas y transformadoras que Dios ha revelado a sus hijos es el principio de la siembra y la cosecha. No se trata solamente de un principio económico o agrícola, sino de una ley espiritual universal establecida por Dios desde el principio de la creación.
📖 Génesis 8:22
“Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega…”
Desde este pasaje vemos que Dios estableció esta ley como algo permanente, inseparable de la vida en la tierra. Y aunque originalmente se refiere a la agricultura, su significado va mucho más allá: todo lo que el hombre siembra, eso también cosechará. No solo se trata de granos y frutos; se trata de palabras, actos, decisiones, actitudes, obediencia, fe… y también de generosidad y entrega.
Dios no quiere que Vivamos Fsclavizados por la Escasez
La escasez no forma parte del plan original de Dios para su pueblo. La escasez, la miseria y el miedo constante al “no tener” son frutos de un sistema terrenal caído, contaminado por el egoísmo, la avaricia, la injusticia y la desobediencia. Pero Dios, a través de su Palabra, nos muestra que Él es proveedor, y que quiere bendecir a sus hijos con abundancia —no solo económica, sino en paz, salud, relaciones, conocimiento y propósito.
📖 2 Corintios 9:8
“Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra.”
Este versículo nos revela la voluntad divina: que tengamos lo suficiente, y más, para compartir, para hacer el bien, para extender el Reino. Pero esta abundancia no se recibe por casualidad: se activa cuando vivimos alineados con los principios del Reino. Uno de ellos es justamente el principio de la siembra.
¿Qué es la Siembra Espiritual?
La siembra espiritual es toda acción que hacemos en fe y obediencia a Dios, con la expectativa de que Él hará crecer y multiplicará el fruto. Cuando sembramos generosidad, cosechamos generosidad. Cuando sembramos perdón, cosechamos paz. Cuando sembramos amor, cosechamos relaciones sanas. Y cuando sembramos en el Reino de Dios —ya sea tiempo, recursos, dones o esfuerzo— cosechamos fruto eterno y bendición tangible.
📖 Gálatas 6:7-9
“No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.”
Este pasaje deja muy claro que la siembra puede ser buena o mala, y que nuestras acciones tienen consecuencias. Pero también anima: si sembramos con fe, aunque no veamos el resultado inmediato, la cosecha llegará.
¿Qué Incluye Nuestra Siembra?
La siembra no se limita al dinero. En muchas iglesias, se ha reducido este principio únicamente al ámbito financiero, pero eso es una visión limitada e incompleta. Según la Biblia, podemos sembrar muchas cosas:
- Tiempo: cuando dedicamos tiempo a Dios en oración, estudio bíblico, servicio o atención a otros.
- Recursos materiales: lo que compartimos de lo que poseemos, sea dinero, ropa, comida, herramientas, productos, etc.
- Talentos y dones: cuando ofrecemos nuestras habilidades (enseñar, cuidar, diseñar, construir, sanar, aconsejar, etc.) para bendecir a otros.
- Obediencia y fe: cuando seguimos a Dios incluso en medio de dificultades, confiando en sus promesas.
📖 Proverbios 11:25
“El alma generosa será prosperada; y el que saciare, él también será saciado.”
Cada vez que invertimos algo de nosotros en el Reino de Dios o en la vida de otros, estamos sembrando. Y esa semilla, tarde o temprano, producirá fruto.
¿Cómo es la Cosecha?
Dios promete una cosecha en abundancia para quien siembra con fe y generosidad. Pero es importante entender que:
- La cosecha llega en su tiempo, no en el nuestro.
- La cosecha puede ser diferente a lo que sembramos, pero mejor.
- La cosecha siempre es mayor que la semilla.
📖 Lucas 6:38
“Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir.”
Conclusión
Dios no usa la siembra como una “transacción” tipo “tú das, yo te doy”. Dios usa este principio para educar nuestro corazón, enseñar obediencia, formar carácter y entrenarnos en la fe. Él quiere que aprendamos a confiar, a soltar, a compartir y a amar. La siembra y la cosecha no son una fórmula mágica: son una escuela de madurez espiritual.
El principio de la siembra y la cosecha es una bendición cuando se vive desde la fe, el amor y la obediencia. Dios no quiere que sus hijos vivan atados al temor de la escasez, sino que confíen en su provisión sobrenatural y aprendan a ser canales de bendición. Todo lo que sembremos con el corazón correcto, en el tiempo de Dios, nos será devuelto multiplicado —ya sea en esta vida o en la eternidad.
La Bendición de la Obediencia
La obediencia es mucho más que seguir reglas; es la expresión práctica de nuestra fe y amor a Dios. Cuando obedecemos, estamos diciendo: “Señor, confío en que tu camino es mejor que el mío.”
En la Biblia, la obediencia siempre va acompañada de una promesa: cuando caminamos en la Palabra, recogemos frutos buenos, frutos que permanecen, porque vienen directamente de la mano de Dios.
1. La Obediencia nos conecta con la Bendición de Dios (Deuteronomio 28:1-13)
El pasaje de Deuteronomio nos enseña que escuchar la voz de Dios y ponerla por obra trae bendiciones en todas las áreas:
- En lo personal: paz interior, sabiduría para tomar decisiones y fuerzas renovadas.
- En la familia: bendición sobre nuestros hijos y descendencia.
- En lo laboral y material: prosperidad en nuestro trabajo, en lo que sembramos y en lo que producimos.
- En lo espiritual: victoria sobre los enemigos, crecimiento en fe y reconocimiento de que Dios está con nosotros.
Aquí el Señor deja claro que la obediencia abre las puertas del favor divino, porque obedecer significa caminar alineados con el diseño perfecto que Él estableció para nuestra vida.
2. La Obediencia como Semilla de buenos Frutos (Gálatas 6:7-9)
“No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.”
Cada acto de obediencia es como una semilla plantada en tierra fértil. Aunque no veamos resultados inmediatos, tarde o temprano brotará el fruto. Obedecer puede costar en el momento —negar un deseo, tomar una decisión difícil, soltar algo que queremos—, pero siempre produce fruto de vida, paz y bendición.
Así como un agricultor espera la lluvia y la cosecha, nosotros esperamos con fe, porque sabemos que Dios es fiel para cumplir su Palabra.
3. La Obediencia Transforma Nuestro Carácter (Juan 15:10-11)
“Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.”
La obediencia no solo trae bendiciones externas, también moldea nuestro carácter interno. Jesús enseñó que obedecer es permanecer en el amor del Padre. Es decir, mientras más obedecemos, más nos parecemos a Cristo, más vivimos en su gozo y más reflejamos su carácter en nuestra vida diaria.
El fruto más hermoso de la obediencia es que nos hace vivir en plenitud: una vida en paz, con propósito, con gozo y con la certeza de que estamos en el centro de la voluntad de Dios.
4. Ejemplos Bíblicos del Fruto de la Obediencia
- Abraham: cuando obedeció a Dios y salió de su tierra, recibió la promesa de ser padre de naciones (Génesis 12:1-3).
- Josué: al obedecer la instrucción de rodear Jericó, vio la victoria imposible hacerse realidad (Josué 6:1-20).
- Pedro: cuando obedeció a Jesús lanzando la red aunque había pescado toda la noche sin resultado, recibió una pesca milagrosa (Lucas 5:1-7).
En todos estos casos, la obediencia abrió la puerta a milagros y bendiciones que jamás hubieran visto si hubieran actuado con lógica humana solamente.
5. La Obediencia y su Impacto en la vida diaria
Hoy en día, también podemos ver cómo la obediencia transforma nuestra vida:
- Cuando obedecemos perdonando a alguien que nos hirió, recogemos el fruto de la paz y la libertad en el corazón.
- Cuando obedecemos siendo íntegros en el trabajo, aunque parezca que perdemos oportunidades, recogemos el fruto de la honra y la prosperidad en el tiempo de Dios.
- Cuando obedecemos dedicando tiempo a Dios en oración y en la Palabra, recogemos el fruto de la fortaleza espiritual y la sabiduría para enfrentar la vida.
En todos los casos, la obediencia no solo afecta nuestra vida presente, sino que marca también nuestro futuro y el de los que nos rodean.
El Verdadero Significado de Dar: más allá del Dinero
Muchas veces, cuando se habla de dar en la iglesia, la gente inmediatamente piensa en dinero. Y aunque el dar económico es una parte importante de nuestra obediencia a Dios, la Biblia nos muestra que el acto de dar es mucho más amplio y profundo que entregar billetes en una ofrenda.
Dar significa entregar algo de nosotros mismos —ya sea recursos, tiempo, talentos, dones o amor— con un corazón sincero y agradecido a Dios. Cuando entendemos esto, nos damos cuenta de que cada persona, sin importar su condición económica, tiene algo valioso que ofrecer a Dios y a los demás.
1. Dar de lo que Producimos o Tenemos:
- En la Biblia vemos que los primeros frutos de la cosecha eran presentados a Dios como un acto de gratitud y reconocimiento (Deuteronomio 26:1-11). No solo se trataba de dinero, sino de lo que cada uno producía: granos, aceite, vino, ganado.
- Hoy, aunque no todos somos agricultores, el principio sigue vigente: podemos dar parte de lo que producimos con nuestro esfuerzo.
- Un panadero que regala pan a una familia necesitada.
- Un agricultor que comparte parte de su cosecha.
- Una persona que hace manualidades y las usa para bendecir a otros.
En todos estos casos, Dios recibe lo que damos como una expresión de gratitud y amor, no como una obligación fría.
2. Dar de Nuestras Habilidades y Talentos
No todos tienen abundancia material, pero todos tenemos dones y talentos que Dios nos ha dado. La Biblia dice en 1 Pedro 4:10:
“Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.”
Esto significa que nuestros talentos no son solo para beneficio personal, sino también para bendecir a otros.
- Un músico puede usar su talento para alabar a Dios y traer consuelo a otros.
- Una persona con conocimientos en carpintería puede ayudar en la construcción de algo en la iglesia.
- Un maestro puede dedicar tiempo a enseñar gratuitamente a niños o jóvenes.
En cada caso, el dar no se mide en dinero, sino en disposición del corazón para compartir lo que Dios nos confió.
3. Dar de Nuestro Tiempo
El tiempo es uno de los recursos más valiosos que tenemos, y ofrecerlo a Dios también es dar.
- Una madre que cuida niños en la iglesia para que otras mujeres escuchen la Palabra.
- Un joven que dedica horas a visitar enfermos o ancianos.
- Alguien que se levanta temprano para interceder en oración por otros.
En Efesios 5:16 se nos exhorta a “aprovechar bien el tiempo, porque los días son malos”. Una forma de hacerlo es invirtiendo nuestro tiempo en el servicio a Dios y a las personas.
4. Dar con el Corazón
El aspecto más importante es que Dios no mira la cantidad de lo que damos, sino la intención y la disposición de nuestro corazón.
Jesús lo dejó claro con el ejemplo de la viuda pobre en el templo:
“Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un cuadrante. Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca; porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento.” (Marcos 12:42-44)
A los ojos humanos, esa ofrenda era insignificante. Pero para Dios fue grande, porque la viuda dio lo mejor de sí misma, confiando plenamente en que Él supliría sus necesidades.
Esto nos enseña que Dios valora más la fe y el amor con que damos, que la cantidad que entregamos.
El Compromiso con la Obra de Dios: Dar como un acto Voluntario y no Manipulado
Cuando hablamos de dar, no podemos olvidar que también somos llamados a colaborar en el sostenimiento de la obra de Dios en la tierra. Este principio no es una invención moderna, sino algo que la Biblia enseña desde tiempos muy antiguos.
Dios estableció en el Antiguo Testamento que el pueblo debía sostener el tabernáculo y, más tarde, el templo en Jerusalén. Allí servían los levitas, quienes no recibían herencia de tierras como las demás tribus, sino que vivían del servicio a Dios (Números 18:21). Eso significa que cada israelita tenía el deber de aportar para que la casa de Dios siguiera funcionando y Su nombre fuera honrado.
En el Nuevo Testamento este principio no desaparece, sino que se amplía y se hace más espiritual. Pablo dice en 1 Corintios 9:13-14:
“¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar participan? Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio.”
Esto significa que los que sirven a tiempo completo en la obra —predicadores, misioneros, ministros— tienen derecho a ser sostenidos por la iglesia. Pero ese sostenimiento no debe ser una carga pesada, sino una expresión de amor, gratitud y obediencia a Dios.
Ejemplo, cuando alguien se inscribe en un club deportivo, una asociación cultural o incluso un gimnasio, paga una cuota mensual. ¿Por qué lo hace? Porque entiende que esos recursos ayudan a mantener el lugar en funcionamiento, pagar servicios, adquirir materiales y permitir que todos disfruten del espacio.
Con la iglesia ocurre lo mismo, pero con un propósito mucho más grande: no se trata solo de mantener un edificio, sino de sostener la obra que transforma vidas. Cuando soy parte de una comunidad cristiana donde veo que:
- Se predica la verdad de la Palabra de Dios.
- Se oran por los enfermos y se ven milagros.
- Se levantan discípulos que crecen en santidad y fe.
- Se envían misioneros a llevar el evangelio a otros lugares.
Entonces nace en mí una convicción: quiero invertir en esta obra porque sé que tiene un impacto eterno.
Ese compromiso puede tomar diferentes formas:
- Financiero: con diezmos, ofrendas, pactos misioneros, aportes voluntarios.
- Ejemplo bíblico: la iglesia de Macedonia, que aun en medio de pruebas de tribulación y pobreza, dieron generosamente para sostener la obra (2 Corintios 8:1-4).
- Tiempo: sirviendo en la limpieza del templo, en los ministerios, en la intercesión, en la organización de actividades.
- Ejemplo bíblico: Tabita (Dorcas), que dedicaba su tiempo a coser ropa y ayudar a los pobres (Hechos 9:36).
- Recursos materiales: compartiendo lo que tenemos, ya sea comida, ropa, transporte, herramientas, espacios, etc.
- Ejemplo bíblico: los primeros cristianos “vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno” (Hechos 2:45).
- Talentos y habilidades: usando lo que Dios nos ha dado para edificar a otros.
- Ejemplo bíblico: Bezalel y Aholiab, llenos de sabiduría y creatividad, se ofrecieron para construir el tabernáculo con excelencia (Éxodo 31:1-6).
Apoyar la obra de Dios es un acto de fe y obediencia. No lo hacemos solo para cubrir gastos, sino porque reconocemos que la iglesia es el instrumento de Dios para salvar y transformar vidas. Cuando damos nuestro dinero, tiempo, recursos o talentos, en realidad estamos sembrando en el Reino de los Cielos, y esa semilla siempre dará fruto abundante para la gloria de Dios.
El Peligro de la Manipulación en la Iglesia
El principio del dar en la Biblia nunca fue concebido como una obligación impuesta bajo manipulación psicológica o presión social, sino como un acto libre, consciente y voluntario de adoración a Dios.
Pablo lo deja claramente establecido en 2 Corintios 9:7:
“Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.”
Aquí hay cuatro aspectos clave que debemos resaltar:
- “Cada uno dé como propuso en su corazón” → el dar comienza en la intimidad con Dios, en una convicción personal, no en un impulso provocado por un discurso emocional o repetitivo desde un púlpito.
- “No con tristeza” → Dios no quiere que demos por remordimiento, por miedo al qué dirán o por la presión de quedar mal delante de otros.
- “Ni por necesidad” → esto significa que no se trata de responder mecánicamente a llamados de emergencia constantes, como si la obra de Dios dependiera únicamente de las súplicas humanas. La obra de Dios es sostenida por su fidelidad y por corazones generosos, no por manipulaciones.
- “Porque Dios ama al dador alegre” → la clave está en la actitud. No es la cantidad lo que mueve a Dios, sino el corazón detrás de la ofrenda.
Lamentablemente, en muchos lugares se ha caído en un sistema donde el dinero ocupa un papel excesivamente central en los cultos. Este es uno de los errores más grandes que vemos hoy en día es el abuso en el tema de las ofrendas y el diezmo. Hay iglesias donde, en cada culto, se repite de manera insistente el llamado a dar, se utilizan frases cargadas de manipulación emocional, y se ejerce presión psicológica sobre los asistentes.
Esto no es bíblico. Jesús nunca manipuló a nadie para dar, y los apóstoles tampoco. El problema de estas prácticas es que muchas veces generan tres efectos dañinos:
- Rutina vacía: se da por costumbre, pero sin fe, sin gozo, sin conciencia del propósito espiritual.
- Miedo: la persona siente que, si no da, será castigada o maldecida.
- Vergüenza: algunos dan solo porque ven a otros hacerlo y temen quedar mal si no participan.
Esto provoca varios problemas:
- Manipulación psicológica: se genera la sensación de que quien no da es menos espiritual, menos comprometido o incluso desobediente a Dios.
- Presión social: muchos terminan dando por vergüenza, porque todos lo hacen, no porque haya convicción en su corazón.
- Confusión doctrinal: visitantes o nuevos creyentes, en vez de escuchar un mensaje claro de salvación y gracia, reciben la impresión de que la fe se trata principalmente de dinero.
- Desconfianza: algunos se apartan o se endurecen porque perciben más interés en las finanzas que en las almas.
Este no es el modelo bíblico. La enseñanza sobre el dar debe ser clara, pero no repetitiva ni coactiva. La instrucción debe darse con enseñanza, no con presión. Cada miembro, en un momento adecuado, debe recibir una orientación profunda sobre lo que significa el diezmo, las ofrendas y la siembra. Pero eso debe ocurrir en un ambiente pastoral, íntimo, de discipulado, no como un mensaje repetido semana tras semana en cada culto.
Además, debe hacerse una clara distinción entre:
- Miembros comprometidos → quienes ya han decidido ser parte activa de la iglesia y conocen la responsabilidad de sostener la obra.
- Visitantes y nuevos creyentes → quienes deben escuchar primero el mensaje del Evangelio, la salvación en Cristo, y ser discipulados antes de hablarles de compromisos financieros.
Si una iglesia no hace esa distinción y utiliza métodos de presión cada culto, está desviándose del espíritu de la Palabra. Un caso que demuestra la importancia de la sinceridad en el dar lo vemos en Ananías y Safira:
📖 Hechos 5:3-4
“Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios.”
Lo que Pedro dice aquí es muy claro: el terreno era suyo, el dinero era suyo, podían haber dado todo o una parte, o incluso nada. El problema no fue cuánto dieron, sino que quisieron aparentar y mentir. La ofrenda era totalmente voluntaria. Nadie los obligaba a dar. Esto prueba que dar nunca fue una imposición, siempre fue un acto libre. El pecado de ellos no fue quedarse con parte del dinero, sino mentir al Espíritu Santo fingiendo que habían dado todo. Esto demuestra que en la iglesia primitiva había libertad: el dar nunca fue una imposición. El dar debe ser fruto de una convicción espiritual, no de manipulación psicológica ni presión social. Una iglesia que constantemente coacciona a sus miembros a dar dinero está debilitando su testimonio y desviando la atención del mensaje central: Cristo y su Evangelio.
👉 Hoy en día, cuando un líder obliga o manipula, está saliendo del modelo bíblico y está cayendo en un error grave. La ofrenda debe ser enseñada, sí, pero enseñada con doctrina, no impuesta con manipulación. Además en contra a muchas cosas que dicen Dios no quiere que tú des todo y te quedes sin nada. Dios va a decir lo que él quiere de ti y que no sea ni nada ni nadie que te diga lo que tienes que poner o lo que no tienes que poner. Porque lo que Dios quiere de ti, lo que Dios necesita para el local, Él va a utilizar personas con condiciones para eso, no va a utilizar una persona que no tiene ninguna condición. Otra cosa es que la persona sienta en su corazón el deseo de hacerlo. Si Dios te toca, entonces sí, hazlo. Pero hazlo porque quieres, porque sientes que harás feliz a ti mismo en esa obra, no por manipulación o coacción.
¿Cómo Identificar si una Iglesia está Manipulando en el área de las Ofrendas?
Una de las señales más claras de madurez espiritual es el discernimiento. Dios no quiere que sus hijos sean ingenuos ni que se dejen engañar por enseñanzas distorsionadas. Y lamentablemente, el tema de las ofrendas y los diezmos es uno de los más manipulados hoy en día, sobre todo en iglesias donde el liderazgo ha desviado el enfoque hacia lo material, en lugar de lo espiritual.
Si no te sientes bien dando tu dinero, no lo agas, si te sientes coaccionado o presionado para hacer algo, como si el pastor es el que te influencia a hacerlo, no lo hagas. No hagas el diezmo ni la ofrenda si sientes que estás bajo presión de alguien. Por eso, es necesario que cada creyente aprenda a discernir con sabiduría cuándo una iglesia está enseñando el dar de forma bíblica… y cuándo está utilizando el púlpito como herramienta de presión o manipulación.
Aquí te mostramos señales claras que pueden indicar que hay manipulación en el área de las ofrendas:
1. Se habla más del dinero que de la Palabra de Dios
Cuando una iglesia invierte más tiempo en hablar de dinero, riquezas, pactos financieros, siembras con retorno garantizado o estrategias para recibir multiplicación económica, que en predicar la salvación, el arrepentimiento, la fe, el servicio, la santidad y el Reino de Dios, hay un problema.
Jesús habló mucho más del corazón, el carácter, la fe y el Reino que del dinero. Si en cada culto hay una prédica entera relacionada con el “dar para recibir” o se usa el púlpito constantemente para hablar de ofrendas, se ha perdido el verdadero enfoque del evangelio.
📖 Jesús dijo:
“Buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.”
— Mateo 6:33
2. Se dice que la bendición de Dios depende exclusivamente de cuánto das
Muchas veces se predica: “Cuanto más des, más recibirás”, “Si quieres una bendición grande, da una ofrenda grande”, “Dios te bendecirá según el tamaño de tu siembra”. Aunque esto puede parecer bíblico a primera vista, en realidad está fuera del verdadero espíritu del Evangelio, porque la bendición no depende de una cantidad, sino del corazón con el que se da.
Dios no mide las cifras, mide la intención del corazón. Lo vemos claramente en el caso de la viuda pobre:
📖 Marcos 12:41-44
“Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un cuadrante. Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca; porque todos han echado de lo que les sobra; pero esta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento.”
👉 La enseñanza es clara: no es “cuánto” das, sino cómo lo das y con qué corazón lo haces.
3. Se hacen llamados a Ofrendar que generan Vergüenza o presión Social
En muchos lugares se usan métodos públicos para recolectar ofrendas, con frases como:
- “Todos los que crean en la promesa, pasen al frente con su ofrenda.”
- “Levántate si quieres recibir tu milagro, pero trae tu semilla en la mano.”
- “Los que no siembran no cosechan. No te vayas con las manos vacías.”
Este tipo de frases crean una presión psicológica innecesaria. Las personas que no tienen dinero se sienten inferiores, y las que no quieren dar ese día se sienten observadas, juzgadas o incluso culpables. Esto no agrada a Dios, porque lo que Él desea es que el dar sea íntimo y entre tú y Él.
📖 Mateo 6:3-4
“Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.”
👉 Jesús fue claro: no es necesario que nadie sepa lo que estás dando. El dar debe ser discreto, personal y sin espectáculo. Si hay show, si hay manipulación emocional, entonces se está operando fuera del modelo de Cristo.
4. No se Distingue entre Visitantes y Miembros
Una iglesia bien guiada espiritualmente sabe que no puede pedir a un visitante que participe en las responsabilidades económicas de la comunidad. Un visitante está conociendo, explorando, tal vez ni siquiera ha entregado su vida a Cristo. No se le puede pedir ni exigir que contribuya a algo que aún no entiende o en lo que todavía no cree.
El problema aparece cuando se habla del dar sin distinguir quién es quién en la congregación, y todos, sin importar su situación, terminan sintiéndose presionados a dar.
👉 Las ofrendas deben ser un compromiso espiritual, no una obligación social.
5. Se hacen Promesas Exageradas, Mágicas o sin base Bíblica
Frases como:
- “Dios te dará el triple si das esta ofrenda.”
- “Hoy Dios te da una casa si le das tu mejor semilla.”
- “Si hoy pactas con esta cantidad, tu familia será restaurada.”
Estas frases suenan espirituales, pero en realidad son promesas peligrosas, sin respaldo bíblico. Dios no se deja comprar. Él bendice por gracia, no por transacciones.
📖 Proverbios 22:16
“El que oprime al pobre para aumentar sus ganancias, o da al rico, ciertamente se empobrecerá.”
La Biblia condena a quienes usan lo sagrado para sacar provecho, y advierte que aquellos que manipulan a otros en nombre de Dios, serán juzgados con mayor severidad.
6. Entonces, ¿Qué hacer si identifico esto en mi Iglesia?
Si ves estas señales en tu congregación, ora primero. Pregúntale a Dios si realmente te quiere allí. No tomes decisiones impulsivas, pero tampoco ignores lo que el Espíritu Santo te muestre.
Y sobre todo, no permitas que nadie te manipule. Tú puedes participar de la obra de Dios, pero hazlo desde el discernimiento, no desde la presión.
📖 Romanos 12:2
“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”
El Verdadero Fruto de dar Correctamente
Cuando una persona da de forma correcta —es decir, con libertad, gozo, fe y convicción— está participando de uno de los principios espirituales más poderosos del Reino de Dios: la ley de la siembra y la cosecha. Esta acción de dar activa un conjunto de bendiciones que se reflejan en distintas áreas de la vida, no solo en lo económico, sino también en lo espiritual, lo emocional y en el impacto que generamos como creyentes. A continuación, explicamos con más profundidad los frutos que se recogen cuando damos según el corazón de Dios:
1. Provisión Material
Cuando damos con fe y en obediencia, no quedamos desamparados. Dios promete suplir nuestras necesidades conforme a Sus riquezas en gloria. Esto no significa que automáticamente se multiplica el dinero en la cuenta bancaria, sino que Dios cuida y sostiene a quienes confían en Él, incluso en tiempos difíciles.
📖 Filipenses 4:19 dice:
“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.”
Este versículo fue escrito por el apóstol Pablo a una iglesia que ofrendaba generosamente, y él les aseguró que Dios mismo se encargaría de suplir sus necesidades. Esta promesa sigue siendo válida para todo aquel que da con sinceridad y confianza en la fidelidad de Dios.
Dios no está obligado a darnos lujos, pero sí promete que no faltará lo necesario para vivir con dignidad, honra y testimonio. Hay testimonios reales de personas que, al ofrendar incluso en medio de la escasez, vieron milagros inesperados: un trabajo nuevo, una puerta abierta, ayuda oportuna, descuentos que no esperaban o incluso provisión inesperada en momentos críticos. Cuando se siembra correctamente, la provisión viene de maneras sorprendentes.
2. Prosperidad Espiritual
Dar también tiene un impacto profundo en nuestra vida interior. Cuando somos generosos, rompemos con el egoísmo, el apego material, la codicia o el miedo a perder. Estas son actitudes que no vienen de Dios y que pueden esclavizar el corazón del creyente. Al dar con libertad, nuestro espíritu se fortalece, aprendemos a confiar más en Dios que en el dinero y maduramos espiritualmente.
📖 Hechos 20:35 dice:
“Más bienaventurado es dar que recibir.”
Esta enseñanza de Jesús no solo nos anima a ser generosos, sino que nos revela que hay una felicidad más profunda y duradera en dar que en retener. Esto ocurre porque dar nos hace partícipes del carácter de Dios, quien es el dador por excelencia. Cuando damos, somos más semejantes a Él.
Además, al dar se activa también un proceso de sanidad interior: muchas personas que han vivido en escasez o con mentalidad de carencia, al comenzar a dar —aun en pequeñas cosas—, experimentan una transformación en su fe y su relación con Dios. Dar es un acto de libertad interior.
3. Impacto en la Obra de Dios
El dar correctamente tiene una repercusión directa en el avance del Reino de Dios. Muchas veces no somos nosotros quienes salimos a predicar, misionar o enseñar públicamente, pero al ofrendar, estamos sosteniendo y participando en esa obra. Cada persona alcanzada, cada Biblia entregada, cada alimento repartido, cada mensaje que toca una vida… también es parte de nuestra cosecha cuando sembramos para apoyar esas acciones.
📖 2 Corintios 9:10 dice:
“Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia.”
Esto significa que cuando damos para bendecir la obra de Dios, Él multiplica esa siembra, no solo en lo material, sino también en los frutos espirituales. Toda buena obra que se logra gracias a una semilla que dimos, se suma como fruto de justicia a nuestra vida. Participamos, aun sin estar presentes físicamente, porque apoyamos con lo que Dios nos ha confiado.
4. Testimonio al Mundo
Una de las formas más visibles de demostrar dónde está nuestro corazón es en cómo usamos lo que tenemos. Cuando las personas ven a un creyente que da sin esperar recibir, con alegría, sin ostentación ni manipulación, reconocen que su esperanza no está en lo terrenal, sino en lo eterno.
📖 Mateo 6:21 dice:
“Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.”
Dar no solo ayuda a otros, sino que también demuestra nuestro compromiso con el Reino de Dios. Es un testimonio vivo que inspira a otros a confiar también en Dios. Cuando damos con generosidad y equilibrio, rompemos con la lógica del mundo —que dice que hay que guardar todo— y demostramos que vivimos por fe y no por vista. Esto impacta no solo dentro de la iglesia, sino también fuera de ella: en nuestras familias, trabajos, amistades, etc.
Dar correctamente no solo mueve recursos, mueve el cielo a nuestro favor. Es un acto de obediencia, amor y confianza. No damos para manipular a Dios, sino porque entendemos que todo lo que tenemos proviene de Él. Y cuando damos con el corazón correcto, Dios siempre honra esa entrega.
🙏 Oración Final
Señor amado, en este momento venimos ante Ti con un corazón abierto, reconociendo que todo lo que somos y todo lo que tenemos proviene de Ti. Gracias por enseñarnos con tu Palabra el valor de dar, no como una obligación ni como una carga, sino como una oportunidad de participar en tu obra y bendecir a otros con lo que Tú nos has confiado.
Padre, rompe en nosotros toda mentalidad de escasez, toda mentira del enemigo que nos hace temer dar, que nos hace desconfiar de tu provisión o sentir culpa si no tenemos para contribuir. Enséñanos que Tú no miras el monto, sino la intención. Enséñanos a dar con alegría, con fe, con gratitud y, sobre todo, con libertad, como dice tu Palabra: “Cada uno dé como propuso en su corazón, no con tristeza ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre”.
Toca el corazón de cada persona que ha recibido este mensaje. Que tu Espíritu Santo revele la verdad de estas enseñanzas, disipe toda confusión, traiga luz donde ha habido manipulación, y restaure la confianza en tu provisión. Que nadie más dé por presión o por miedo, sino por amor, por fe, por obediencia y porque ha entendido el honor que significa participar en tu Reino.
Ayúdanos también, Señor, a ser buenos administradores de lo que tenemos, y danos sabiduría para saber cuándo, cómo y a quién dar. Que aprendamos a sembrar en tierra fértil, en obras que realmente glorifican tu nombre, y no en estructuras huecas sin tu presencia. Enséñanos a discernir dónde estás Tú, y ahí Señor, danos gozo para sembrar lo mejor de nosotros: nuestro tiempo, nuestro trabajo, nuestros recursos, nuestros talentos, nuestra oración y nuestra compasión.
Levanta en tu iglesia una nueva generación de creyentes comprometidos, pero también libres; generosos, pero también sabios; que entiendan que la bendición de dar está en hacerlo conforme a tu voluntad, no conforme a la presión de los hombres.
Padre, que todo lo aprendido en esta enseñanza no caiga en saco roto. Que sea sembrado profundamente en cada corazón y que dé fruto abundante: fruto de paz, fruto de libertad, fruto de confianza en tu provisión y fruto de transformación para muchas vidas.
En el nombre de Jesús, sellamos esta palabra. Declaramos libertad sobre tu pueblo, sanidad sobre sus corazones y prosperidad sobre sus hogares, conforme a tu voluntad. Amén.