
📜 Texto bíblico: Apocalipsis 13:1–10
«Me paré sobre la arena del mar, y vi subir del mar una bestia que tenía siete cabezas y diez cuernos; y en sus cuernos diez diademas; y sobre sus cabezas, un nombre blasfemo. Y la bestia que vi era semejante a un leopardo, y sus pies como de oso, y su boca como boca de león. Y el dragón le dio su poder y su trono, y grande autoridad. Vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada; y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia, y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella?
También se le dio boca que hablaba grandes cosas y blasfemias; y se le dio autoridad para actuar cuarenta y dos meses. Y abrió su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar de su nombre, de su tabernáculo, y de los que moran en el cielo. Y se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos; también se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación. Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo.Si alguno tiene oído, oiga.
Si alguno lleva en cautividad, va en cautividad; si alguno mata a espada, a espada debe ser muerto. Aquí está la paciencia y la fe de los santos.»
🐉 La Bestia que Sube del Mar
Juan observa cómo del mar —símbolo bíblico del caos, las naciones y la inestabilidad— surge una figura monstruosa: una bestia compuesta por elementos de varios animales poderosos. Esta imagen tiene una clara conexión con Daniel 7, donde leopardo, oso y león representaban imperios sucesivos (como Babilonia, Medo-Persia y Grecia).
La fusión de todos estos animales en una sola bestia indica que este nuevo poder concentra lo peor de los anteriores: la velocidad y astucia del leopardo, la fuerza brutal del oso y la autoridad devoradora del león. Esta descripción apunta a un sistema mundial final, profundamente anticristiano, que aglutina las características de los imperios pasados pero con una influencia aún mayor.
Es importante notar que esta bestia no surge por sí sola: el dragón —Satanás, como se identificó claramente en el capítulo anterior— le da su poder, trono y autoridad. Esto significa que estamos ante un sistema completamente alineado con el plan de Satanás, que usará estructuras humanas para oponerse a Dios, perseguir a los fieles y buscar adoración global.
Es importante aclarar que hasta este punto hemos visto dos figuras claramente distintas: el dragón (Satanás) y la bestia. Aunque están profundamente conectados, no son la misma entidad. El dragón es la fuente espiritual del mal, mientras que la bestia es una figura visible y concreta, que representa al anticristo: un ser humano influenciado directamente por Satanás.
La bestia no puede ser simplemente un sistema, ya que se nos dice que una de sus cabezas fue herida de muerte y luego sanada. Esa herida mortal y posterior «resurrección» indica que estamos ante una figura personal. Este evento es lo que provoca que el mundo entero se maraville y rinda culto, no solo a la bestia, sino también al dragón. Esto muestra que la bestia será una persona, resucitada por el poder del dragón, lo cual la humanidad interpretará como señal de divinidad.
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