La obediencia es esencial en la vida espiritual, pero las razones que nos llevan a obedecer pueden determinar si esa obediencia está guiada por el evangelio o por la religión. Aunque externamente las acciones pueden parecer iguales, el propósito y la motivación interna son radicalmente diferentes.
Obediencia en la Religión
La obediencia religiosa se basa principalmente en el deber, el temor y el deseo de obtener aprobación. Se enfoca en seguir reglas externas para evitar el castigo o ganarse el favor de Dios y de la comunidad religiosa. Sin embargo, esta obediencia no transforma el corazón, ya que está guiada por la apariencia y el cumplimiento mecánico de normas.
Citas bíblicas relevantes:
“Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí” (Mateo 15:8).
“No habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor” (Romanos 8:15).
Motivada por el miedo al castigo: Muchas personas obedecen porque temen ser castigadas si no cumplen las normas. Esta obediencia es mecánica y puede generar frustración, llevándolas a una vida espiritual superficial.
Obediencia por reconocimiento: A veces, la motivación es el deseo de ser vistos como justos o espirituales. Esto lleva a enfocarse más en las apariencias que en el cambio real del corazón.
“El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero el Señor mira el corazón” (1 Samuel 16:7).
Carga emocional y fatiga espiritual: Cumplir reglas sin un propósito claro puede resultar en agotamiento. La persona termina sintiéndose atrapada en una rutina vacía y sin gozo.
“Porque mi yugo es fácil y ligera mi carga” (Mateo 11:30).
Obediencia en el Evangelio
La obediencia basada en el evangelio es una respuesta amorosa y genuina al Dios que nos ha amado primero. No nace del temor, sino del deseo de agradar a Dios porque ya hemos sido aceptados y amados por Él. Es una obediencia que transforma el corazón y genera frutos visibles en nuestra vida.
Citas bíblicas relevantes:
“Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15).
“Nosotros le amamos a Él porque Él nos amó primero” (1 Juan 4:19).
Motivada por amor y gratitud: La obediencia no es una carga, sino una respuesta de gratitud. Sabemos que no debemos obedecer para ganar el favor de Dios, porque ya lo tenemos.
“Hagan todo con amor” (1 Corintios 16:14).
Refleja transformación interna: La verdadera obediencia fluye de un corazón transformado. No se trata de cumplir reglas externas, sino de vivir una vida coherente con los valores del evangelio.
“Andad como hijos de luz” (Efesios 5:8).
Gozo y libertad: Esta obediencia trae gozo, paz y propósito. No es un deber, sino un privilegio que enriquece nuestra relación con Dios y nos da libertad.
“Donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2 Corintios 3:17).
Ejemplos prácticos:
Una persona que obedece por temor puede evitar ciertos comportamientos solo para no ser juzgada, pero sin experimentar una verdadera transformación.
Alguien que obedece por amor busca siempre el bien de los demás, reflejando el carácter de Cristo en su vida diaria.
Conclusión
La diferencia clave está en el origen de nuestra obediencia. En la religión, es el miedo o el deber; en el evangelio, es el amor y la gratitud. Cuando obedecemos desde el amor, nuestra vida se transforma y refleja el carácter de Cristo, llevándonos a experimentar verdadera libertad y plenitud.
La invitación es clara: no se trata de obedecer para ser aceptados, sino de obedecer porque ya hemos sido aceptados. Esta verdad cambia por completo nuestra perspectiva y nos lleva a vivir una vida abundante y llena de propósito.
La motivación detrás de nuestras acciones define si nuestras vidas están guiadas por la religión o el evangelio. Mientras que la religión utiliza el temor, la obligación y la búsqueda de mérito humano, el evangelio invita a actuar desde el amor, la gratitud y la aceptación incondicional de Dios.
Motivación en la Religión: La religión a menudo genera una motivación basada en el miedo al castigo o el deseo de obtener una recompensa. Es una fuerza externa y superficial que no logra cambiar el corazón. Las personas pueden cumplir normas religiosas para mantener la aceptación social o calmar su conciencia, pero esta motivación rara vez resulta en una relación genuina con Dios.
“Todo lo que hacen es para que la gente los vea” (Mateo 23:5).
Temor al castigo: El miedo de no ser lo suficientemente buenos puede generar una sensación de ansiedad constante e insuficiencia. Muchas personas obedecen reglas estrictas para evitar consecuencias negativas, pero el temor no transforma el corazón.
“No habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor” (Romanos 8:15).
Búsqueda de reconocimiento: Otra motivación común en la religión es el deseo de ser vistos como justos o espirituales ante los demás. Esto pone el foco en la apariencia externa y no en la autenticidad del corazón.
“El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero el Señor mira el corazón” (1 Samuel 16:7).
Carga y fatiga espiritual: La religión puede convertirse en una carga abrumadora cuando las acciones están motivadas solo por el deber. El resultado es agotamiento, frustración y una desconexión con la verdadera fe.
Motivación en el Evangelio: En contraste, el evangelio ofrece una motivación genuina basada en el amor y la gratitud hacia Dios. Cuando comprendemos la profundidad de la gracia que hemos recibido, nuestras acciones nacen de un corazón transformado, no de una necesidad de aprobación externa.
“Nosotros le amamos a Él porque Él nos amó primero” (1 Juan 4:19).
Amor y gratitud: El evangelio despierta en nosotros una profunda gratitud, llevándonos a actuar no por obligación, sino como una respuesta de amor. Sabemos que ya hemos sido aceptados y amados por Dios, y eso nos impulsa a vivir para agradarle.
“Hagan todo con amor” (1 Corintios 16:14).
Deseo de agradar a Dios: Vivir según el evangelio nos lleva a querer agradar a Dios por amor, no por miedo. Este deseo nos permite experimentar una relación más íntima y genuina con Él.
“Porque el amor de Cristo nos constriñe” (2 Corintios 5:14).
Libertad y gozo: La motivación del evangelio trae libertad. Al actuar desde el amor, encontramos gozo y plenitud, incluso en medio de las dificultades.
“Donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2 Corintios 3:17).
Consecuencias Prácticas:
Acciones guiadas por el amor y no por el temor.
Una vida llena de paz y gratitud.
Relaciones basadas en la compasión y la autenticidad.
Conclusión de este punto
La diferencia clave entre la motivación de la religión y la del evangelio es su origen: mientras que la religión nace del temor y la recompensa externa, el evangelio fluye del amor y la transformación interna. Cuando nuestras acciones están guiadas por el amor de Dios, encontramos verdadera libertad y nuestras vidas comienzan a reflejar la gracia de manera genuina y poderosa. La diferencia clave entre la motivación de la religión y la del evangelio es su origen: mientras que la religión se basa en el miedo y la recompensa externa, el evangelio fluye del amor y la transformación interna. Cuando nuestras acciones están guiadas por el amor de Dios, encontramos libertad y plenitud, y nuestras vidas comienzan a reflejar su gracia de manera genuina.
Dios nos dijo que le tenemos que entregar todas nuestras cargas a Él y que cuando estemos cansados y fatigados vayamos a Él y el nos dará el descanso que necesitamos.
«Entrégale tus cargas al Señor, y él cuidará de ti; no permitirá que los justos tropiecen y caigan» – Salmos 55:22
«Dijo Jesús: Vengan a mí todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, y yo les daré descanso.» – Mateo 11:28
Pero con la vida que llevamos tan llenas de cosas y problemas ¿Cómo entregamos nuestras cargas a Dios para poder descansar, cómo logramos llegar a esa paz que aveces parece inalcanzable?
Tenemos tantos problemas, tantas cosas que nos preocupan, tenemos problemas emocionales, económicos, en la familia etc… Una sola persona puede tener un sinfín de cosas para montar una larga lista. Cuando escuchamos que tenemos que entregarle esos problemas a Dios, nuestras cargas, tenemos que entender que muchos de nosotros no sabemos hacer eso de forma correcta, muchos de nosotros entregamos una parte de ese problema, pero no el problema completo y eso hace segamos preocupados y dándole vueltas a este tema. Hoy vengo a decir que simplemente para muchos no es fácil entregarlo todo a Dios y que nos cuesta mucho hacer eso realmente, nos cuesta y eso es porque somos humanos y nos cuesta deshacernos y despegarnos a las cosas, no es por falta de fe es porque nos cuesta abandonar algo que nos preocupa. Sigue leyendo →
Hoy en día es terrible ver cómo existe un gran y polémico problema sobre la cuestión de amor y parejas. Este tema está dirigido especialmente a los jóvenes y también a los no tan jóvenes. Para empezar debo decir que estoy en contra de que los niños de 13, 14, 15, 16 y 17 años entren en una relación de noviazgo, porque simplemente ellos no deberían de tener un noviazgo con absolutamente nadie, la gran mayoría de estos casos por no decir literalmente casi todos terminan en fracaso, tristezas y errores, que luego perjudican a estas mismas personas a encontrar parejas de verdad en el futuro.
Es muy serio este tema, aunque no lo parezca, mucha gente dice que es una tontería, pero la verdad es que está muy lejos de serla y por culpa de que nadie se lo toma en serio hoy en día podemos ver a muchos jóvenes que solo van de tropiezos a tropiezos de una mala relación a otra hasta acabar en una depresión o en cosas peores. Esto puede decirse que es falta de carácter, pero lo es a causa de esas malas experiencias, al dolor que uno sufre en ellas, sí se pierde carácter de muchas formas, se pierde el valor del amor, el valor de una relación, el valor de tener una familia. Esos malos principios desencadenan cosas que uno no se lo puede imaginar, pero todo es destructivo y malo para uno mismo y cualquier persona.
Muchos tuvieron un mal pasado y hoy en día gracias a Dios están bien o están con la ayuda de Dios sobreviviendo a las malas decisiones que hicieron. No tenemos el porqué pasar por cosas malas si podemos prevenirlas, para nuestras vidas, para la vida de nuestros amigos, nuestros hijos, etc… ¿Porque quién desea ese tipo de daño a una persona querida? Supongo que nadie… Sigue leyendo →
A lo largo de la historia, muchas personas han confundido el evangelio con la religión organizada. Aunque el cristianismo ha sido catalogado como una religión, en su esencia es una relación con Dios basada en la fe y en la obra de Cristo, no en el cumplimiento de normas humanas. Jesús no vino a establecer una religión, sino a ofrecer un camino de salvación por medio de su gracia y amor.
Diferencia entre el Evangelio y la Religión
La religión, en su forma más estricta, se basa en normas, rituales y tradiciones que buscan acercar a la humanidad a Dios. Sin embargo, muchas veces estas estructuras han terminado alejando a las personas de una verdadera relación con Él. Por otro lado, el evangelio es un mensaje de libertad, transformación y comunión directa con Dios a través de Cristo.
Citas clave:
“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9).
“Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí” (Mateo 15:8).
Ejemplos prácticos
Religión: Una persona puede creer que, por asistir cada domingo a la iglesia y cumplir con ciertos ritos, está asegurando su salvación. Sin embargo, si su corazón no ha sido transformado por Cristo, su fe es superficial.
Evangelio: Alguien que vive el evangelio entiende que su relación con Dios no depende de ritos, sino de una fe genuina y una vida transformada por el amor de Cristo.
La evolución histórica de la religión cristiana
Jesús y sus discípulos no establecieron una religión institucionalizada. En los primeros siglos, el cristianismo se extendió como un movimiento de fe, sin templos ostentosos ni jerarquías rígidas. Sin embargo, con la conversión del emperador Constantino en el siglo IV, la iglesia pasó de ser un movimiento perseguido a una institución con poder político y estructuras religiosas.
Con el tiempo, muchas tradiciones y doctrinas humanas se introdujeron en la iglesia, algunas alejadas del mensaje original de Cristo. Esto llevó a que la religión tomara un papel más institucional que relacional, convirtiéndose en un sistema de reglas más que en una experiencia de fe viva.
Citas clave:
“Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición” (Mateo 15:6).
“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios” (Colosenses 3:1).
Jesús contra las tradiciones religiosas
Jesús criticó duramente a los fariseos y líderes religiosos de su tiempo porque habían convertido la fe en una serie de normas externas, olvidando lo más importante: el amor, la misericordia y la justicia.
Los fariseos imponían cargas pesadas sobre la gente con sus tradiciones (Mateo 23:4).
Enseñaban doctrinas humanas en lugar de la Palabra de Dios (Marcos 7:7).
Buscaban la apariencia externa sin cambiar el corazón (Mateo 23:27).
El evangelio, en contraste, nos llama a una transformación desde el interior. No se trata de cumplir normas para ser aceptados por Dios, sino de ser transformados por Su gracia y amor.
El Evangelio como un Camino de Vida
Seguir el evangelio no es seguir una serie de reglas impuestas por una institución, sino vivir conforme a la enseñanza de Cristo, que nos llama a amar a Dios y al prójimo.
Relación con Dios: No es una lista de rituales, sino un camino de fe y comunión con Dios a través de Cristo.
“Nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6).
Transformación del corazón: El evangelio nos cambia desde adentro, mientras que la religión solo intenta cambiar lo externo.
“Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).
Libertad y gracia: La salvación no depende de nuestras obras, sino de la gracia de Dios.
“Donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2 Corintios 3:17).
Las tradiciones pueden tener valor, pero no deben sustituir el Evangelio
Es importante aclarar que no todas las tradiciones son malas. Algunas, como el bautismo y la Santa Cena, son ordenanzas establecidas por Jesús para recordar su sacrificio y nuestra fe en Él. Sin embargo, estas prácticas no deben convertirse en rituales vacíos o en requisitos para la salvación.
Citas clave:
“Haced esto en memoria de mí” (Lucas 22:19, sobre la Santa Cena).
“El que creyere y fuere bautizado, será salvo” (Marcos 16:16).
Cuando las tradiciones reflejan el evangelio y no lo sustituyen, pueden ser útiles. Sin embargo, cuando se imponen como normas absolutas y se equiparan a la salvación, se convierten en obstáculos para la verdadera fe.
Conclusión: El llamado a vivir el Evangelio
Seguir el evangelio es mucho más que seguir una religión. Es vivir en relación con Dios, en libertad y en amor. Mientras que la religión impone cargas, el evangelio nos invita a descansar en la gracia de Cristo.
Jesús no nos llamó a una religión, sino a seguirlo a Él.
No es un sistema de normas, sino una transformación del corazón.
No es un medio para alcanzar a Dios, sino Dios alcanzándonos a nosotros.
No se trata de apariencia externa, sino de una relación viva con Cristo.
El verdadero cristianismo es vivir como discípulos de Jesús, con un corazón transformado por su amor y gracia.
“Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:36).
La mayoría de las personas se sienten perdidas en el comienzo, con preguntas como ¿Cómo debo o como puedo empezar? ¿Qué me haría diferente a los demás si empiezo a vivir teniendo a Jesús en mi vida? ¿Qué cambiaría en mi vida? ¿Cuál es la diferencia que existe entre ser cristiano y seguidor de cualquier otra religión?etc… Lo que más tenemos al principio son preguntas.
Hoy en día en el mundo existe una infinidad de religiones y creencias variadas, existe variedad hasta en aquellos que creen y adoran al mismo Dios que nosotros. Podemos encontrar muchas diferencias a la hora de ver como es su alabanza, su forma de ministrar, el tipo de palabra que llevan, su organización, etc… y eso resulta ser muy confuso para alguien que quiere llegar hacia Dios, acercarse a Jesús y conocer el camino. Resulta difícil encontrar el verdadero camino hacia Dios y a Jesús con tanta diversidad, con tantas diferencias, lo peor es que si no sabes donde te estas metiendo puedes ser fácilmente engañado por personas que quieren confundirte y sacar provecho de ti.
Nosotros los seres humanos tenemos la tendencia de buscar la verdad, de estar en esta continua búsqueda, para revelar la verdad sobre las cosas, es algo que existe en nuestro interior, queremos descubrirlo todo, pero el problema es que es muy difícil encontrar el camino hacia la verdad, porque existe una infinidad de caminos, pero la mayoría son de engaños, por eso muy pocos son los que verdaderamente llegan hacia ella.
Para conocer la verdad sobre como es Jesús, sobre como es Dios y sobre lo que nos va a enseñar su palabra, tenemos que entender que no podemos definir lo es y lo que quiere Dios simplemente por un conjunto de reglas o conductas, Dios es muchísimos más que eso, cuando las personas piensan en qué es lo que quiere Dios o sobre lo que el enseña, lo primero que aparece en sus cabezas es la idea de «ser bueno y comportarse bien, cumplir con las reglas» eso no define lo que es Dios ni lo que el quiere de ti, esa idea solo define una parte de la transformación que Él va hacer dentro de ti, sin forzarte ni obligarte a nada, cuando lo tienes participe de tu vida, el va a crear en ti esos aspectos de conducta, pero esos aspectos de conducta no es lo que lo define. Eso es lo primero que tenemos que entender y tenerlo bien claro.Sigue leyendo →
Muchas veces nos vemos en medio de situaciones o circunstancias que nos hacen enfadar y perdemos los nervios.
La verdad es que siempre existirán circunstancias y personas que vendrán a nuestra vida a literalmente «poner a prueba nuestros nervio y nuestra paciencia» Todos tenemos una persona que parece que disfruta queriendo molestarnos o que se aburre y somos su punto de mira para desaburrirse, donde para entretenerse se mete con nosotros, etc… realmente ejemplos sobre esto hay muchos y diversos.
Pero a lo que vengo decir es que tenemos que controlarnos y no dejar que estas personas que son utilizadas por el enemigo nos quite la paz del día, ni que una situación nos perturbe, porque para Dios TODO tiene solución y Absolutamente nada es imposible, por eso podemos descansar tranquilos en el. Sigue leyendo →
La historia de Jesús y su interacción con mujeres acusadas de adulterio es un reflejo del amor, el perdón y la restauración que Él ofrece a la humanidad. Sin embargo, un aspecto clave que a menudo se pasa por alto es que Jesús no solo libera a las personas de la culpa, sino que también las invita a vivir de una manera diferente. En este artículo, exploraremos cómo Jesús confronta la hipocresía de los religiosos, el impacto transformador del perdón y la aplicación de estos principios en la actualidad.
«Jesús regresó al monte de los Olivos,pero muy temprano a la mañana siguiente, estaba de vuelta en el templo. Pronto se juntó una multitud, y él se sentó a enseñarles.Mientras hablaba, los maestros de la ley religiosa y los fariseos le llevaron a una mujer que había sido sorprendida en el acto de adulterio; la pusieron en medio de la multitud. «Maestro —le dijeron a Jesús—, esta mujer fue sorprendida en el acto de adulterio.La ley de Moisés manda apedrearla; ¿tú qué dices?».Intentaban tenderle una trampa para que dijera algo que pudieran usar en su contra, pero Jesús se inclinó y escribió con el dedo en el polvo.Como ellos seguían exigiéndole una respuesta, él se incorporó nuevamente y les dijo: «¡Muy bien, pero el que nunca haya pecado que tire la primera piedra!».Luego volvió a inclinarse y siguió escribiendo en el polvo.Al oír eso, los acusadores se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los de más edad, hasta que quedaron solo Jesús y la mujer en medio de la multitud.Entonces Jesús se incorporó de nuevo y le dijo a la mujer: —¿Dónde están los que te acusaban? ¿Ni uno de ellos te condenó?—Ni uno, Señor —dijo ella. —Yo tampoco —le dijo Jesús—. Vete y no peques más.»– Juan 8: 1-11
Desde el inicio, este relato no se trata solo del pecado de la mujer, sino de la mala intención de los fariseos . Ellos la llevan ante Jesús no porque realmente les preocupe la justicia, sino porque querían tenderle una trampa .
La Ley de Moisés establecía que el adulterio debía ser castigado con la muerte (Levítico 20:10, Deuteronomio 22:22), pero también decía que debía ser castigado tanto el hombre como la mujer. Aquí solo trajeron a la mujer, lo que indica un juicio parcial e injusto. Si Jesús decía que no la apedrearan, podía acusarlo de ir en contra de la Ley de Moisés. Si Jesús aprobaba la lapidación, lo verían como un incumplimiento de su mensaje de misericordia y podrían acusarlo ante las autoridades romanas, que no permitían ejecuciones sin su aprobación. Los fariseos no estaban interesados en la justicia ni en la restauración de la mujer, sino en usar su pecado como un instrumento para desacreditar a Jesús .
Jesús responde de una manera inesperada: no cae en la trampa y no responde de inmediato , sino que se inclina y escribe en la tierra . Este es un detalle enigmático, ya que la Biblia no nos dice qué escribió. Algunas interpretaciones sugieren:
Que estaba escribiendo los pecados de los acusadores.
Que estaba escribiendo la ley, recordándoles su hipocresía.
Que simplemente estaba dándoles tiempo para reflexionar.
Cuando los fariseos insisten, Jesús responde con una de las frases más famosas del Evangelio: «El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra.» Esta declaración desarma completamente a los acusadores . No está diciendo que el pecado no debe ser castigado, sino que nadie tiene la autoridad moral para condenar a otro cuando todos son pecadores. Jesús no justifica el pecado de la mujer, pero deja claro que los fariseos no tenían derecho a juzgarla de manera hipócrita. Los fariseos se retiran, comenzando por los más viejos , lo que indica que la conciencia les pesó.
Después de que todos los acusadores se van, Jesús le pregunta a la mujer: «Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?» Cuando ella responde que no, Jesús declara: «Ni yo te condeno; vete, y no peques más.»
Aquí vemos un equilibrio perfecto entre misericordia y justicia :
Misericordia: Jesús no la condena, le ofrece el perdón y la gracia. Él sabía que ella era culpable, pero en lugar de castigarla, le da la oportunidad de una nueva vida.
Justicia y Llamado al Cambio: Jesús no dice «sigue como estás», sino «Vete, y no peques más» . Le deja claro que el perdón no significa que pueda continuar en pecado, sino que debe apartarse de esa vida.
Jesús nos muestra que el perdón de Dios no es solo borrar la culpa, sino dar una nueva oportunidad para vivir correctamente .
Este pasaje tiene lecciones profundas que siguen siendo relevantes:
Cuidado con la Hipocresía Religiosa. Muchas veces, la iglesia y los creyentes caemos en el mismo error de los fariseos, juzgando a los demás sin mirar nuestras propias fallas. Jesús nos llama a examinar nuestra propia vida antes de señalar la de otros. Dios no justifica el pecado, pero siempre da una oportunidad Jesús no dijo que el adulterio estaba bien, pero tampoco condenó a la mujer. En nuestra vida, esto significa que Dios nos perdona, pero también nos llama a cambiar y vivir de manera diferente.
El Perdón de Dios Transforma. El propósito del perdón no es que sigamos en pecado sin consecuencias, sino que experimentemos una transformación real. Como la mujer adúltera, debemos recibir el perdón y decidir vivir una vida nueva en obediencia a Dios.
Jesús, el Único con Autoridad para Juzgar, Nos Ofrece Gracia, Jesús es el único que podía haber condenado a la mujer, porque Él era sin pecado. Sin embargo, eligió la misericordia sobre el juicio, mostrándonos cómo es el corazón de Dios.
El relato de Juan 8:1-11 es una prueba del amor y la sabiduría de Jesús. Él confronta la hipocresía, ofrece perdón y llama a la transformación.
Así como la mujer adúltera recibió una segunda oportunidad, nosotros también podemos recibir la gracia de Dios y vivir de una manera nueva . Y así como los fariseos fueron confrontados con su pecado, también debemos examinar nuestra propia vida antes de señalar a los demás .
Este pasaje nos desafía a reflejar el carácter de Jesús en nuestras vidas: no juzgar sin misericordia, extender el perdón y vivir en santidad.
«Uno de los fariseos invitó a Jesús a comer, así que fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa. Ahora bien, vivía en aquel pueblo una mujer que tenía fama de pecadora. Cuando ella se enteró de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, se presentó con un frasco de alabastro lleno de perfume. Llorando, se arrojó a los pies de Jesús, de manera que se los bañaba en lágrimas. Luego se los secó con los cabellos; también se los besaba y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado dijo para sí: «Si este hombre fuera profeta, sabría quién es la que lo está tocando y qué clase de mujer es: una pecadora». Entonces Jesús dijo a manera de respuesta: —Simón, tengo algo que decirte. —Dime, Maestro —respondió. —Dos hombres debían dinero a cierto prestamista. Uno debía quinientas monedas de plata y el otro, cincuenta. Como no tenían con qué pagarle, el prestamista perdonó la deuda a los dos. Ahora bien, ¿cuál de los dos lo amará más?—Supongo que aquel a quien más le perdonó —contestó Simón. —Has juzgado bien —dijo Jesús.Luego se volvió hacia la mujer y dijo a Simón: —¿Ves a esta mujer? Cuando entré en tu casa, no me diste agua para los pies, pero ella me ha bañado los pies en lágrimas y me los ha secado con sus cabellos. Tú no me besaste, pero ella, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con aceite, pero ella me ungió los pies con perfume. Por esto te digo: si ella ha amado mucho, es que sus muchos pecados le han sido perdonados. Pero a quien poco se le perdona, poco ama. Entonces le dijo Jesús a ella: —Tus pecados quedan perdonados.Los otros invitados comenzaron a decir entre sí: «¿Quién es este que hasta perdona pecados?». —Tu fe te ha salvado —dijo Jesús a la mujer—; vete en paz.» – Lucas 7:36-50
El relato de Lucas 7:36-50 es una de las escenas más conmovedoras del ministerio de Jesús. En este pasaje, vemos un contraste entre la actitud hipócrita de un fariseo llamado Simón y la profunda gratitud de una mujer pecadora. A través de este encuentro, Jesús nos enseña sobre el amor, el perdón y la verdadera fe.
Este pasaje presenta un contraste entre dos personas con visiones opuestas de Jesús y del pecado.
Simón el fariseo representa la hipocresía religiosa . A pesar de invitar a Jesús a su casa, no lo honra ni lo trata con respeto. No le da agua para los pies, no lo saluda con un beso ni le unge la cabeza con aceite, costumbres básicas de hospitalidad en la cultura judía. Su actitud muestra orgullo y un sentido de justicia propia.
La mujer pecadora , en cambio, es todo lo opuesto. Ella reconoce su necesidad de perdón y actúa con humildad. Su amor y gratitud hacia Jesús son expresados con lágrimas, besos y la unción de sus pies con perfume.
¿Quién está realmente más cerca de Dios? A pesar de su «vida recta», Simón no reconoce su propia necesidad de gracia . La mujer, en cambio, sabe que necesita a Jesús, y su amor lo demuestra.
La Parábola de los Dos Deudores: Cuánto Más Perdón, Más Amor
Jesús ilustra la situación con una parábola:
Un acreedor tenía dos deudores , uno que debía 500 denarios y otro que debía 50 .
Como ninguno podía pagar, el acreedor perdonó a ambos .
Jesús le pregunta a Simón: ¿Quién amará más al acreedor?
Simón responde correctamente: «Pienso que aquel a quien perdonó más.»
Jesús aplica esta enseñanza a la mujer :
Ella ha sido perdonada mucho, por eso ama mucho.
Simón cree que tiene poco que perdonar, por eso su amor es caso.
Aquí Jesús invierte la lógica de los fariseos . Ellos pensaban que cuanto más justos eran, más cercanos a Dios estaban. Pero Jesús enseña que cuanto más conscientes somos de nuestro pecado y de la gracia de Dios, más profundo es nuestro amor por Él.
Jesús finalmente le dice a la mujer: «Tus pecados te son perdonados».
Este es el momento clave del relato. Jesús no solo acepta la adoración de la mujer, sino que también declara su perdón.Esto escandaliza a los presentes, porque solo Dios puede perdonar los pecados. Esta es una declaración implícita de su divinidad. Jesús cierra el encuentro con una frase de restauración:«Tu fe te ha salvado, vete en paz». Aquí vemos que el perdón de Dios no solo quita la culpa, sino que trae paz y una nueva vida.
Cuidado con la Justicia Propia. Así como Simón, muchas veces nos consideramos «buenos cristianos» , pensando que otros son peores pecadores que nosotros. ¿Somos más como Simón o como la mujer pecadora?¿Juzgamos a los demás sin ver nuestra propia necesidad de gracia? Jesús nos recuerda que todos necesitamos su perdón , sin importar qué tan «pequeños» o «grandes» sean nuestros pecados.
La mujer pecadora respondió al perdón con amor y gratitud. Si realmente hemos experimentado el perdón de Dios, deberíamos reflejarse en nuestro amor por Él y por los demás. Nuestra adoración, nuestro servicio y nuestra entrega a Dios deben nacer de un corazón agradecido, no de una obligación religiosa. Si nos cuesta amar a Dios oa los demás, quizás no hemos entendido cuán grande ha sido el perdón que hemos recibido.
Jesús le dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz». La paz no viene de nuestras obras religiosas , sino de una fe genuina en Cristo. Si hemos sido perdonados, podemos vivir sin condenación y sin culpa. No importa qué tan lejos hayamos caído , Jesús siempre ofrece restauración y una nueva vida.
El relato de Lucas 7:36-50 es un recordatorio del amor transformador de Jesús . Él no mira las apariencias externas ni la reputación, sino el corazón de las personas .
Nos desafía a:
No juzgue a los demás con hipocresía.
Reconoce nuestra necesidad de gracia.
Responder al perdón de Dios con amor y gratitud.
Jesús sigue extendiendo su gracia hoy. ¿Cómo vamos a responder a su amor?
Mi esperanza está en Jesús porque Jesús es mi esperanza muchos habrán escuchado estas palabras, muchos habrán dicho estas palabras, pero qué significa realmente?
La esperanza es una fuerza vital que nos impulsa a seguir adelante, especialmente en momentos de adversidad. Nos ayuda a soportar las pruebas sin desanimarnos y nos recuerda que, incluso en las circunstancias más difíciles, hay una luz al final del túnel. Como dice el dicho popular, «la esperanza es lo último que se pierde» , ya que nos motiva a avanzar ya no rendirnos.
Sin embargo, como cristianos, nuestra esperanza no es un simple optimismo o un deseo de que las cosas mejoren. Nuestra esperanza tiene una base sólida: Jesús . En Él, encontramos una esperanza que no depende de las circunstancias, sino de Su fidelidad y Su amor eterno .
«Solo en Dios encuentra descanso mi alma; de él viene mi salvación. Solo él es mi roca y mi salvación; él es mi protector y no habré de caer.» – Salmos 62:1-2 (NVI)
La Esperanza en la Biblia: Un Pilar de la Fe
En la Biblia, la esperanza no es una emoción pasajera, sino una virtud esencial para nuestra vida espiritual. De hecho, el apóstol Pablo la menciona junto con la fe y el amor como las tres virtudes fundamentales del cristiano:
«Ahora, pues, quedan estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor.» – 1 Corintios 13:13 (NVI)
Estas tres virtudes trabajan juntas. La fe nos conecta con Dios, la esperanza nos da la certeza de Su fidelidad y el amor nos motiva a vivir como Él nos enseñó.
La esperanza en la Biblia se manifiesta en dos formas principales:
1. Esperanza en la intervención de Dios en nuestras vidas
Dios no es un ser distante que nos observa sin actuar. Él es nuestro protector, nuestro refugio y nuestra salvación. Por eso, nuestra esperanza no está en las circunstancias, sino en Su poder para transformar cualquier situación.
«Dios mío, tú eres mi esperanza; confío en ti desde mi juventud». – Salmos 71:5 (NVI)
«Porque yo sé los planos que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planos de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.» – Jeremías 29:11 (NVI)
2. Esperanza en la promesa de vida eterna
Como creyentes, sabemos que nuestra vida en la tierra es solo el comienzo. Nuestra esperanza final está en la vida eterna con Dios, donde no habrá más dolor, tristeza ni sufrimiento.
«Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que por su gran misericordia nos ha hecho nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo, para que tengamos una esperanza viva». – 1 Pedro 1:3 (NVI)
«Mientras guardamos la bendita esperanza, es decir, la gloriosa venida de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.» – Tito 2:13 (NVI)
Ejemplos Bíblicos de Esperanza en Medio de la Adversidad
1. Abraham: Esperanza en las promesas de Dios
Dios le prometió a Abraham que tendría una descendencia tan numerosa como las estrellas (Génesis 15:5). A pesar de que él y Sara eran ancianos y no podían tener hijos, Abraham mantuvo su esperanza en Dios.
«Contra toda esperanza, Abraham creyó y esperó, y de este modo llegó a ser padre de muchas naciones.» – Romanos 4:18 (NVI)
Dios cumplió su promesa, y Abraham se convirtió en el padre de la fe.
2. Trabajo: Esperanza en medio del sufrimiento
Job lo perdió todo: su familia, su salud y sus bienes. Aun así, en medio de su dolor, nunca dejó de confiar en Dios.
«Yo sé que mi redentor vive, y que al final triunfará sobre la muerte». – Job 19:25 (NVI)
Al final, Dios restauró su vida y lo bendijo aún más.
3. David: Esperanza en la protección de Dios
David pasó años huyendo del rey Saúl, quien quería matarlo. Sin embargo, él nunca perdió la esperanza en Dios.
«Pero los que confiaron en el Señor renovarán sus fuerzas; volarán como las águilas: correrán y no se fatigarán, caminarán y no se cansarán.» – Isaías 40:31 (NVI)
Finalmente, Dios lo llevó al trono y lo hizo rey de Israel.
Cómo Podemos Fortalecer Nuestra Esperanza en Dios
Orando y buscando Su presencia
«Que el Dios de la esperanza los llene de toda alegría y paz a ustedes que creen en él, para que rebosen de esperanza por el poder del Espíritu Santo.» – Romanos 15:13 (NVI)
Leyendo y meditando en la Palabra
«Tu palabra es una lámpara a mis pies; es una luz en mi sendero.» – Salmos 119:105 (NVI)
Recordando cómo Dios ha sido fiel en el pasado
«Pon tu esperanza en el Señor; ten valor, cobra ánimo; pon tu esperanza en el Señor». – Salmos 27:14 (NVI)
Rodeándonos de personas que nos fortalezcan en la fe
«Anímense unos a otros cada día, mientras dure ese «hoy», para que ninguno sea engañado por el pecado y se endurezca contra Dios.» – Hebreos 3:13 (NVI)
Manteniendo la mirada en la eternidad
«Así que no nos fijamos en lo visible, sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno.» – 2 Corintios 4:18 (NVI)
Jesús es la personificación de nuestra esperanza. Su vida, muerte y resurrección nos aseguran que nunca estamos solos , que Dios siempre tiene un plan y que, al final, la victoria le pertenece a los que confió en Él.
«Que el Señor Jesucristo mismo y Dios nuestro Padre, que nos amó y por su gracia nos dio consuelo eterno y una buena esperanza, anime sus corazones y los fortalezca para toda buena obra y palabra.» – 2 Tesalonicenses 2:16-17 (NVI)
Nuestra esperanza en Jesús nos sostiene en el presente y nos asegura un futuro glorioso. Es una esperanza viva que nos anima a perseverar, a confiar y a vivir con propósito, sabiendo que, en Cristo, todas las promesas no son en vano, son un «sí» y «amén».