¿Hacia dónde Iremos?

La vida nos presenta muchas encrucijadas, momentos de duda e incertidumbre en los que nos preguntamos: “¿Hacia dónde iremos?”. Cuando enfrentamos pruebas, dolor o nos sentimos perdidos, esta pregunta resuena en lo más profundo de nuestro ser.

En Juan 6, encontramos un episodio clave en el que muchos seguidores de Jesús lo abandonaron porque sus enseñanzas les parecieron demasiado duras. Fue entonces cuando Jesús preguntó a sus discípulos: «Ustedes también quieren marcharse?». Pedro, con plena convicción, respondió: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna» (Juan 6:67-68).

Esta declaración nos invita a reflexionar sobre el verdadero significado de seguir a Jesús y encontrar en Él la dirección y el alimento para nuestra alma.

Jesús, el Pan de Vida

Jesús declaró: «Yo soy el pan de vida. El que a mí viene nunca tendrá hambre, y el que en mí cree nunca tendrá sed» (Juan 6:35).

La humanidad tiene muchas necesidades: físicas, emocionales y espirituales. Sin embargo, Jesús nos enseña que solo Él puede satisfacer la necesidad más profunda del ser humano: la vida eterna y una relación con Dios. Muchas veces buscamos llenar nuestro corazón con cosas pasajeras, pero nada puede compararse con la plenitud que solo Jesús ofrece.

Buscar lo Eterno, No lo Temporal

Jesús les dijo a las multitudes que lo seguían después del milagro de la multiplicación de los panes y los peces:

«Trabajen, pero no por la comida que perece, sino por la comida que permanece para vida eterna, la cual les dará el Hijo del Hombre» (Juan 6:27).

Muchas veces nos enfocamos en lo material, en el éxito terrenal, en la seguridad económica o en el placer momentáneo, olvidando que todo esto es pasajero. Jesús nos llama a buscar lo que es eterno, a invertir en nuestra relación con Dios, porque solo Él puede darnos una vida que trasciende lo terrenal.

La Fe, la Clave para la Vida Eterna

En Juan 6, Jesús deja claro que la fe en Él es el medio por el cual obtenemos la vida eterna:

«De cierto, de cierto les digo: el que cree en mí tiene vida eterna» (Juan 6:47).

Creer en Jesús no es solo aceptar su existencia, sino confiar plenamente en Él, depender de Su gracia y seguir Sus enseñanzas. La fe en Jesús nos sostiene en medio de las pruebas, nos da esperanza en tiempos difíciles y nos asegura que, aunque todo lo terrenal pase, nuestra vida en Él es eterna.

La Decisión de Seguir a Jesús

Cuando Jesús habló sobre ser el Pan de Vida y el llamado a creer en Él, muchos de sus seguidores lo abandonaron porque no podían aceptar su mensaje. Pero Pedro reconoció que no había otro camino, que solo Jesús tenía las palabras de vida eterna.

Hoy en día, seguimos teniendo esa misma decisión delante de nosotros. En momentos de crisis, de duda o de tentación, podemos elegir alejarnos o podemos declarar como Pedro: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna» (Juan 6:68).

Seguir a Jesús no siempre es fácil, pero es el único camino hacia la verdadera paz, plenitud y salvación.

Conclusión: No Hay Otro Camino

Jesús no es solo una opción entre muchas; Él es la única verdad y el único camino hacia Dios. Cuando el mundo nos ofrezca caminos alternativos, placeres temporales o soluciones fugaces, debemos recordar que solo en Jesús encontramos vida eterna.

«Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí» (Juan 14:6).

Si alguna vez te preguntas «Hacia dónde iré?», recuerda que la respuesta siempre será: a Jesús. Él es el Pan de Vida, la fuente de esperanza y el Salvador que nos ofrece la vida eterna.

Hoy es el día de decidir seguirle, de confiar en Él y de vivir conforme a su palabra.

¿A quién iremos? Solo a Jesús.

Perdonar y Amar: La Clave de una Vida en Cristo

Vivimos en un mundo donde convivimos con personas con las que, a veces, es difícil relacionarse. ¿Cuántas veces hemos sido ofendidos o maltratados por familiares, amigos o incluso desconocidos? Es natural que, cuando alguien nos hiere, experimentemos sentimientos de dolor, enojo o incluso deseos de venganza. Sin embargo, el perdón es un pilar fundamental en la vida de un cristiano , no solo porque Dios nos manda a hacerlo, sino porque es un reflejo de Su amor y Su misericordia hacia nosotros.

Dios nos enseña a perdonar y amar a los demás , no porque sea fácil, sino porque es necesario . El perdón libera, sana y nos permite vivir en comunión con Dios sin que el resentimiento y el rencor contaminen nuestro corazón.

El Mandato del Perdón en la Biblia

La Biblia nos deja en claro que el perdón no es una opción, sino un mandato . Jesús mismo nos enseñó la importancia del perdón en varias ocasiones:

«Porque si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial. Pero si no perdonan a otros sus ofensas, tampoco su Padre les perdonará a ustedes las suyas.»– Mateo 6:14-15 (NVI)

Este versículo es una advertencia seria: si no perdonamos a los demás, Dios no nos perdonará a nosotros . Esto nos muestra que el perdón no es solo un acto de bondad, sino un requisito para recibir la gracia de Dios.

Jesús también dejó una enseñanza poderosa en la parábola del siervo despiadado (Mateo 18:21-35), donde un hombre que debía una gran cantidad de dinero fue perdonado por su señor, pero luego se negó a perdonar a otro que le debía una cantidad menor. Como consecuencia, su señor lo castigó severamente. Jesús concluye esta parábola con estas palabras:

“Así también mi Padre celestial los tratará a ustedes, a menos que cada uno perdone de corazón a su hermano.”– Mateo 18:35 (NVI)

Aquí, Jesús nos muestra que el perdón que recibimos de Dios está condicionado a nuestro perdón hacia los demás . No podemos recibir misericordia si no estamos dispuestos a darla.

¿Por qué es tan difícil perdonar?

Sabemos que Dios nos llama a perdonar, pero la realidad es que el perdón puede ser muy difícil. Algunas razones por las que nos cuesta perdonar incluyen:

  1. El dolor es profundo : Cuando alguien nos ha lastimado mucho, sentimos que el perdón es imposible porque el dolor sigue ahí.
  2. Creemos que perdonar es justificar el mal : Muchas personas creen que si perdonan, están diciendo que lo que el otro hizo estuvo bien, pero esto no es cierto.
  3. Queremos justicia : El deseo de que la otra persona sufra lo que nos hizo sufrir puede ser un gran obstáculo para el perdón.
  4. No queremos que vuelva a suceder : A veces, no queremos perdonar porque pensamos que eso hará que la persona nos vuelva a lastimar.

Sin embargo, el perdón no significa olvidar lo que pasó ni permitir que alguien nos siga dañando . El perdón es una decisión, no un sentimiento , y aunque al principio no lo sintamos, debemos tomar la decisión de perdonar para que Dios sane nuestro corazón.

“Sopórtense unos a otros y perdónense si alguno tiene una queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes.”– Colosenses 3:13 (NVI)

Cuando decidimos perdonar, Dios nos ayuda con el proceso y nos da Su paz.

El Ejemplo de Jesús: El Perdón en la Cruz

El mayor acto de perdón en la historia de la humanidad ocurrió en la cruz. Jesús, a pesar de ser inocente, fue maltratado, escupido, golpeado y crucificado. Sin embargo, en lugar de condenar a quienes lo crucificaban, oró por ellos :

“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.– Lucas 23:34 (NVI)

Si Jesús pudo perdonar a quienes lo estaban matando, ¿cómo no vamos a perdonarnos las ofensas que nos han hecho?

Pablo también nos recuerda que debemos imitar a Jesús en este aspecto:

“Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó en Cristo.”– Efesios 4:32 (NVI)

Cristo nos perdonó sin que lo mereciéramos , y nosotros debemos hacer lo mismo con los demás.

Perdonar no es una opción, es libertad.

El perdón no solo es un acto de obediencia a Dios, sino que también nos libera del peso del rencor y la amargura . Cuando no perdonamos, el único que sufre somos nosotros, porque el resentimiento nos consume y nos aleja de la paz de Dios.

“Abandonen toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias, y toda forma de malicia.”– Efesios 4:31 (NVI)

La falta de perdón nos esclaviza, mientras que el perdón nos da paz, nos sana y nos acerca más a Dios .

Pasos para Perdonar con el Corazón

Perdonar puede ser difícil, pero con la ayuda de Dios es posible. Aquí hay algunos pasos que nos pueden ayudar en el proceso:

  1. Reconocer el dolor : No se puede sanar algo que ignoramos. Debemos reconocer que hemos sido heridos y llevar ese dolor a Dios.
  2. Orar por la persona que nos lastimó : Jesús nos dijo que oremos por nuestros enemigos (Mateo 5:44). Aunque al principio sea difícil, la oración transforma nuestro corazón.
  3. Recordar cuánto nos ha perdonado Dios : Si Dios nos ha perdonado tantas veces, ¿quiénes somos nosotros para negar el perdón a otros?
  4. Entregar la justicia en manos de Dios : No somos jueces, solo Dios conoce los corazones y hará justicia a Su manera.
  5. Decidir perdonar, aunque no lo sintamos : El perdón es una decisión, y con el tiempo, nuestros sentimientos cambiarán.

“No paguen a nadie mal por mal. Procuren hacer lo bueno delante de todos.”– Romanos 12:17 (NVI)

Conclusión: Amar y Perdonar Van de la Mano

Jesús nos enseñó que el amor verdadero es capaz de perdonar. Si queremos ser verdaderos seguidores de Cristo, debemos aprender a amar como Él nos amó ya perdonar como Él nos perdonó.

“Sobre todo, ámense los unos a los otros profundamente, porque el amor cubre multitud de pecados”.– 1 Pedro 4:8 (NVI)

Perdonar no es fácil, pero es necesario para vivir en la paz de Dios . No permitas que el rencor te aleje de la libertad y la felicidad que Dios quiere para ti.

La Ira de las Tinieblas

A lo largo de la historia de la humanidad, la lucha entre la luz y las tinieblas ha sido evidente. Desde la rebelión de Lucifer hasta la influencia del mal en el mundo actual, la Biblia nos enseña que existe una batalla espiritual en la que los creyentes deben estar preparados. Sin embargo, Dios nos ha dado autoridad sobre toda fuerza de maldad a través de Cristo. En este artículo, exploraremos la naturaleza de esta lucha, el poder de Dios sobre las tinieblas y cómo los creyentes pueden permanecer firmes en la fe.

La ira de las Tinieblas es algo constante que existe desde que Dios ha expulsado a Lucifer del reino de los cielos, desde ese momento hemos sufrido la ira de las tinieblas sobre nosotros por eso Eva fue tentada, por eso hemos sido expulsos del jardín del Edén condenados a vivir una vida en dolor y sufrimiento, todo porque hemos estado bajo la ira de las tinieblas, pero ¿Aún seguimos bajo esta ira?

La Biblia nos muestra que la maldad no es solo un concepto abstracto, sino una realidad espiritual. Satanás y sus fuerzas buscan alejar a las personas de Dios, llenando el mundo de engaño, opresión y temor.

  • Efesios 6:12: «Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.»
  • 1 Pedro 5:8: «Sed sobrios y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quién devorar.»

Estas referencias nos muestran que el enemigo busca destruir la fe de los creyentes, pero Dios ha provisto protección y armas espirituales para resistir.

La humanidad aún sigue bajo esta ira, pero eso no quiere decir que aún debemos hoy en día vivir con miedo de la ira de las tinieblas, cuando aceptamos a Jesús en nuestras vidas y nos entregamos por completo a él ya no debemos tenerle miedo a la ira de las tinieblas, pues con Jesús en nuestras vidas tenemos el escudo de protección contra todo el mal, tenemos las armas para luchar y vencer la ira que las tinieblas tienen sobre nosotros, así que no tenemos el porqué tenerles miedo.

Aún así hoy en día podemos ver como muchas personas se asustan o se esconden cuando ven una obra de hechizaría y tienen miedo de que eso les puede hacer algún mal, las personas tienen miedo de que algo por la noche se mueva o de ver una sombra pasar, inevitable es normal sorprenderse al ver algo así, pero la verdad es que no tenemos el porqué tener miedo a estas cosas, pues las tinieblas no tienen autoridad sobre los hijos de Dios, es Dios quien tiene autoridad sobre ellas. 

Las tinieblas quieren hacernos dudar del poder de Dios, nos quieren hacer que pensemos que nos pueden hacer daño, que son más fuertes que cualquier cosa que hemos visto y la verdad es que ellos a nosotros no nos pueden hacer nada, lo único que nos daña y nos puede hacer algo es el pecado, pues el pecado es la única cosa que nos puede destruir si lo permitimos.

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EL CORAZÓN DEL HOMBRE – Película –

Aquí traigo otra increíble película/documental basada en vidas reales, sobre experiencias que nos hará reflexionar bastante sobre las cosas por las que luchamos en nuestro interior, que pueden estar sucediéndonos y no nos damos cuenta, y nos dejamos llevar o no sabemos cómo manejar esas situaciones, perdiendo el control de lo que hacemos. Habla de varios temas al mismo tiempo, pero todos son temas reales y cosas que mucha gente está luchando o enfrentando hoy en día, y lo más importante, habla de cómo Dios actúa en medio de esas circunstancias, de cómo ayuda a esas personas.

El el link bajo la foto os direcciona a un lugar dónde podéis ver esta película muy recomendada para los adultos o adolescentes en camino de la fase adulta.

Sinópis:

El Corazón del Hombre es un recuento cinematográfico de la parábola del «Hijo Pródigo», entrelazada con impactantes testimonios de la vida real sobre las luchas internas con el deseo sexual y el quebrantamiento personal. Estos dos géneros han sido combinados como nunca antes para revelar el compasivo corazón de Dios el Padre para con sus hijos, iluminando una antigua verdad: la vergüenza y el sufrimiento no son una barrera hacia el amor de Dios, sino un puente hacia la transformación absoluta, la victoria, la libertad y la esperanza.

Link de enlace: https://www.nuhbe.tv/es/el-corazn-del-hombre

Diferencias entre Creyente, Religioso y Cristiano

A lo largo de la historia, los términos creyente, religioso y cristiano han sido utilizados indistintamente para describir personas con algún tipo de fe o práctica espiritual. Sin embargo, cada uno de estos conceptos representa una realidad distinta que, al ser comprendida, nos permite profundizar en el verdadero significado de una relación auténtica con Dios. Este artículo busca explicar las diferencias fundamentales entre estas tres identidades, clarificando conceptos y desentrañando las implicaciones prácticas de cada uno.


El Creyente: Una Fe Intelectual sin Compromiso

El creyente es aquella persona que acepta la existencia de Dios o una fuerza superior, pero cuya fe se limita a una convicción intelectual o emocional. Este tipo de creencia no siempre se traduce en una transformación personal o en un cambio en su estilo de vida. Para muchos, ser creyente significa reconocer una verdad espiritual, pero sin involucrarse activamente en una relación con Dios.

Características del creyente:

  • Reconoce la existencia de Dios o de una fuerza superior.
  • Su fe suele basarse en experiencias personales o en tradiciones familiares.
  • No siempre busca profundizar en su fe ni comprender los fundamentos de lo que cree.
  • Puede tener una vida cotidiana desvinculada de sus creencias espirituales.

Un ejemplo común es la persona que afirma creer en Dios, pero cuya vida no refleja ningún tipo de compromiso espiritual. Santiago 2:19 dice: “Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan”. Este pasaje subraya que la simple creencia no basta para una transformación real.

Otras citas bíblicas relevantes:

  • “Porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los que cumplen la ley serán justificados” (Romanos 2:13).
  • “Así también la fe, si no tiene obras, está muerta en sí misma” (Santiago 2:17).

El Religioso: Práctica sin Transformación

El religioso, en cambio, es alguien profundamente comprometido con rituales, tradiciones y normas establecidas por una institución religiosa. Su fe está marcada por la observancia estricta de reglas y ceremonias, las cuales muchas veces reemplazan una relación personal con Dios. Si bien la religiosidad puede ofrecer un marco estructural para la vida espiritual, también puede convertirse en un obstáculo cuando el cumplimiento externo de normas sustituye la autenticidad de la fe.

Características del religioso:

  • Se enfoca en el cumplimiento de normas y tradiciones.
  • Valora la estructura institucional y las jerarquías religiosas.
  • Puede medir su espiritualidad por su nivel de participación en ritos y ceremonias.
  • A veces prioriza la apariencia externa de la fe por encima de una transformación interna.

Jesús fue particularmente crítico con este tipo de religiosidad. En Mateo 15:8, dice: “Este pueblo me honra con sus labios, pero su corazón está lejos de mí”. Aquí se evidencia cómo la religiosidad vacía puede llevar a una desconexión espiritual, donde las normas humanas reemplazan los principios divinos.

Otras citas bíblicas relevantes:

  • “El sacrificio de los impíos es abominación a Jehová; pero la oración de los rectos es su gozo” (Proverbios 15:8).
  • “Pues teniendo apariencia de piedad, pero negando su eficacia” (2 Timoteo 3:5).

El Cristiano: Una Vida Transformada por la Relación con Cristo

Finalmente, ser cristiano es mucho más que creer en Dios o seguir normas religiosas. Ser cristiano implica una relación viva y personal con Dios a través de Jesucristo. Esta relación se traduce en una transformación interna que afecta todos los aspectos de la vida de la persona, llevándola a actuar con amor, compasión y justicia.

Características del cristiano auténtico:

  • Vive una relación personal y constante con Dios.
  • Busca conocer más a Dios a través de la Biblia y la oración.
  • Sus acciones están guiadas por el amor, la misericordia y la verdad.
  • Se preocupa por el bienestar de los demás y actúa con integridad.
  • Reconoce sus fallos y busca constantemente crecer espiritualmente.

La diferencia clave entre el cristiano y el creyente o el religioso es la transformación del carácter. Un cristiano no es alguien perfecto, sino alguien en proceso de cambio constante, guiado por los principios del Evangelio.

Jesús dijo en Juan 13:35: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros”. Este amor genuino y desinteresado es el sello distintivo del cristiano auténtico.

Otras citas bíblicas relevantes:

  • “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).
  • “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” (Gálatas 5:22-23).

Diferencias Prácticas y Ejemplos

Creyente: Puede creer en Dios, pero vive como cualquier otra persona, sin un compromiso real con sus principios de fe. Ejemplo: una persona que cree en la existencia de Dios, pero nunca ora ni lee la Biblia.

Religioso: Participa activamente en rituales y ceremonias, pero su relación con Dios es más formal que personal. Ejemplo: alguien que asiste a misa regularmente, pero su vida fuera de la iglesia no refleja los valores que profesa.

Cristiano: Vive su fe de manera práctica y genuina, con un compromiso profundo con Dios que transforma su vida. Ejemplo: una persona que busca ayudar a los demás, perdonar a quienes le han herido y vivir de acuerdo con las enseñanzas de Jesús.


Conclusión: Una Llamada a la Autenticidad

En un mundo donde las etiquetas religiosas a menudo se usan de manera superficial, es fundamental comprender la diferencia entre ser creyente, religioso y cristiano. La verdadera fe no se mide por cuántos ritos se cumplen ni por cuán firmemente se cree en algo, sino por la transformación real que esa fe produce en la vida de una persona.

Jesús no llamó a sus seguidores a ser simplemente creyentes ni a adherirse a normas humanas, sino a ser discípulos transformados por el amor y la verdad. La invitación sigue abierta: más allá de las tradiciones y las simples creencias, existe la posibilidad de una relación viva y auténtica con Dios que lo cambia todo.

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EL BUZÓN DE LA ESPERANZA

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Es un documental de la historia de un pastor en Corea del Sur, es algo impresionante e impactante de verse, muy recomendable para compartir con los amigos y conocidos hasta en el facebook.

Una fría mañana de invierno, un pastor encuentra a un bebé abandonado a la puerta de la iglesia y decide construir un compartimiento climatizado para rescatar a otros pequeños. Este filme documental cuenta la historia real del pastor Lee Jong-rak, de Corea del Sur, y sus heroicos esfuerzos por rescatar y proteger a los niños abandonados. Esta es la conmovedora historia de los olvidados y desechados, y el hombre que daría todo por protegerlos.

El link bajo la imagen es el de la película que se puede verse con muy buena calidad y a un precio super aceptable, la película se encuentra en una página cristiana que se encarga de ayudar a los creadores de películas y contenidos cristianos a salir al mercado, pues en este mundo que vivimos las empresas cinematográficas no se interesan por estos contenidos y por eso mismo ellos no encuentran ni apoyo ni soporte para salir a delante, así que sería muy bueno que podamos ayudar un poco a esta página recomendándolas a los demás y apoyando a que crezca este tipo de actividad cinematográfica cristiana.

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¿Qué hay Despues de la Muerte? El Reposo, el Cielo y el Infierno.

La Biblia nos enseña que la vida en la tierra es temporal y que la muerte no es el final, sino el comienzo de la eternidad . Cada ser humano se enfrentará a dos destinos: la vida eterna con Dios en el cielo o la separación eterna en el infierno.

¿Qué Sucede Cuando Morimos?

La Biblia es clara en que el espíritu no se queda vagando en la tierra ni va a un lugar intermedio como el purgatorio. Según la Escritura, hay tres posibles destinos después de la muerte:

1️⃣ El alma entra en un estado de reposo, «durmiendo» hasta el juicio final.
2️⃣ Algunas almas van directamente al cielo.
3️⃣ Otras almas van directamente al infierno.

«Está establecido que los seres humanos morirán una sola vez, y después venga el juicio».– Hebreos 9:27

No sabemos exactamente por qué algunos van directamente al cielo o al infierno mientras otros «duermen» hasta el juicio, pero la Biblia confirma que estas son las únicas tres posibilidades. La idea de que las almas vagan en la tierra o que existe un purgatorio no es bíblica.

El espíritu NO se queda vagando en la tierra.
La Biblia NO habla de un purgatorio donde se purifican las almas.
NO hay reencarnación ni reciclaje de las almas.


Estado de Reposo Hasta el Juicio Final

La Biblia muestra que una de las posibilidades después de la muerte física es entrar en un estado de reposo hasta el día del juicio final. Este estado es descrito muchas veces como un «sueño», una condición de espera en la que no hay conciencia activa de lo que ocurre en la tierra ni del castigo o la recompensa eterna.

En el Antiguo Testamento, este estado fue conocido como el Seol, y se refiere al lugar de reposo donde los muertos esperan el juicio final. No se trata de un lugar de tormento eterno, sino de una condición temporal que afecta por igual a todos los muertos, sin hacer distinción inmediata entre justos o injustos. La resurrección posterior será el momento en que cada uno reciba su destino eterno, como se menciona en Juan 5:28-29:

«No se asombren de esto, porque viene la hora en que todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno saldrán a resurrección de vida, pero los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.»

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Debemos Confiar en Dios y no tener Miedo.

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Dios es nuestra esperanza, podemos confiar en él, el nos ama de una forma sobrenatural y el es capaz de hacer de todo por nosotros si nosotros depositamos nuestra confianza y nuestra fe en el Señor. Cuántos testimonios yo personalmente he podido ver a lo largo de mi vida de personas que fueron salvas por Dios de algún accidente, de alguna circunstancia o quitado alguien de un problema donde todo parecía imposible… no sabría contar cuantos milagros he vivido, mi familia ha vivido y personas que he podido conocer personalmente han vivido, pero he llegado a la conclusión que Dios es capaz de solucionarlo todo si lo desea y que no deberíamos de poner límites en la capacidad de su poder, ni debemos de desafiarlo.

No debemos de pedir poco ni demasiado a Dios, debemos siempre de dar prioridad en pedir lo que necesitamos, lo que nos hace falta realmente, porque Dios primeramente cumplirá nuestras necesidades y no dejará que nos falte nada para vivir y estar bien, Dios nos ayudará a salir de los aprietos de pagar nuestras deudas y nos enseñará a manejar las situaciones y a valorizar todo aquello que presenciamos, nos hará personas humildes de corazón que seamos capaces de apreciarlo todo. Eso no quiere decir que no podamos tener nuestros sueños y nuestros deseos propios y egoístas, sí podemos tenerlos y podemos entregarlos a Dios, pero no debemos exigirle estos sueños y deseos. Dios nuestro padre amoroso medirá nuestros deseos egoístas y conforme a su voluntad y si meramente estamos listos para eso nos lo dará en su debido tiempo o no, todo depende de nosotros mismos, porque no sabemos qué realmente nos hará bien

Aveces no estamos preparados para aquello que deseamos y aveces aquello que deseamos es bastante pequeño para el plan que Dios tiene para nosotros, ese es defecto del ser humano o pensamos poco o ultrapasamos los límites, es difícil saber dónde está la linea del equilibrio pero no es imposible encontrarla. Basta tener fe en Dios que todo irá bien. Sigue leyendo

Los Milagros

Los milagros son intervenciones divinas que muestran el poder de Dios en el mundo. A lo largo de la Biblia, vemos cómo los milagros sirvieron para revelar la gloria de Dios, fortalecer la fe de los creyentes y señalar la manifestación del Reino de Dios en la tierra. Sin embargo, también debemos entender que la fe no debe depender exclusivamente de la presencia de milagros visibles. En este artículo, profundizaremos en el propósito de los milagros y en la importancia de mantener la fe incluso cuando no los experimentamos.

Es un echo que nuestro Dios es un Dios capaz de realizar cualquier milagro para cualquier persona sin importar ni cuándo ni dónde, pero tenemos que entender porqué los milagros suceden, tenemos que entender y analizar si este milagro proviene o no de Dios y porqué algunos lo viven y otros no. Para empezar tenemos que entender que quién cura, quién obra y quién opera es Dios a través del espíritu santo, no es el hombre quién lo hace y cualquier persona puede ser utilizada por el espíritu santo para obrar o operar un milagro, basta esa persona tener intimidad con Dios, confianza y dejarse utilizar por Dios para que el pueda ser un canal de bendición para otras personas.

Los milagros en la Biblia nunca ocurrieron sin un propósito claro. Dios los utilizó para cumplir Su voluntad y revelar Su poder en distintas maneras:

  • Señales del Reino de Dios en acción: Las obras milagrosas de Jesús demostraron que el Reino de Dios estaba irrumpiendo en la historia humana, trayendo restauración y liberación. Cada milagro realizado por Jesús fue una manifestación tangible del poder de Dios sobre el pecado, la enfermedad y la muerte, mostrando que Su Reino no es solo un concepto futuro, sino una realidad que comenzó con Cristo y sigue vigente en la actualidad.
  • Glorificar a Dios: Cada milagro apunta directamente a la grandeza y soberanía de Dios. En Juan 11:4, Jesús dijo sobre la enfermedad de Lázaro: «Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.» Los milagros siempre deben llevarnos a exaltar a Dios y no a los instrumentos humanos que Él usa para realizarlos.
  • Fortalecer la fe de los creyentes: En momentos de debilidad y duda, los milagros han sido usados para confirmar la fe. En Mateo 14:31, cuando Pedro comenzó a hundirse en el mar por su falta de fe, Jesús lo salvó con Su poder. Sin embargo, le preguntó: «¿Por qué dudaste?» Esto nos enseña que los milagros pueden fortalecer la fe, pero la confianza en Dios debe estar por encima de las señales visibles.
  • Como señales del Reino de Dios: Jesús declaró en Mateo 12:28: «Si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios.» Los milagros son una manifestación de que el Reino de Dios está presente y activo en el mundo, demostrando Su dominio sobre el pecado, la enfermedad y la muerte.

No podemos depender de las personas utilizadas por el espíritu santo, tenemos que entender que el poder no reside en la persona sino que proviene de Dios, las personas que hacen milagros solo son un canal, Dios puede hacer milagros sin tener que ser por esas personas, el puede utilizar lo que el quiera para hacer milagros, por eso tenemos que entender que el poder de Dios no reside en nada y en nadie, el poder de Dios es libre de moverse y obrar como el quiera, no se prende a nada ni nadie, es libre como el viento y puede manifestarse en cualquier cosa o persona.

Por eso no dependamos nunca de una persona concreta ni de un objeto para que ocurran milagros en nuestra vida, dependamos solo e únicamente de Dios, tenemos que tener cuidado de no desviarnos del camino y del objetivo ni de confundirnos en a quién acudir cuando necesitamos de algo. No nos obsesionemos con las personas que operan milagros ni con algún objeto que pueda haber echo un milagro, eso nos alejará de Dios en vez de acercarnos a él, pues acercarse a Dios es depender solamente de el y de nada ni nadie más que solamente el y su presencia, por eso tenemos que tener muchísimo cuidado con estas cosas para no perdernos ni desviarnos a un camino equivocado.

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Vivir en Comunión con Dios

Mantener una relación cercana con Dios es esencial para nuestra vida espiritual. Esta comunión se fortalece a través de la oración , la adoración y el estudio de la Palabra . Estas prácticas nos permiten estar atentos a la guía del Espíritu Santo y vivir conforme a la voluntad divina.

En ocasiones, las distracciones del mundo como el trabajo, la familia o las actividades sociales, pueden alejarnos de nuestra conexión con Dios. Es común que, sin darnos cuenta, prioricemos estas ocupaciones sobre nuestra vida espiritual. Sin embargo, Dios siempre nos llama a regresar a Él, recordándonos la importancia de cultivar nuestra relación con Su presencia.

“Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes.”– Santiago 4:8 (NVI)

El Espíritu Santo en nosotros

La comunión con Dios es comparable al cuidado de una planta en nuestro interior: el Espíritu Santo. Para que esta semilla crezca y dé frutos, debemos nutrirla constantemente. Si descuidamos su cuidado, podemos marcharnos, llevándonos una sensación de vacío espiritual. Por ello, es vital prestar atención a esta semilla divina, asegurándonos de que florezca y produzca buenos frutos en nuestra vida.

Al alimentar al Espíritu Santo en nosotros, nos volvemos más conscientes de Su presencia y dirección. Él nos guía en momentos de incertidumbre, alertándonos sobre lo correcto e incorrecto, y revelándonos la voluntad de Dios para nuestras vidas. Desarrollar una conexión constante con el Espíritu Santo es un hábito que Dios desea que adoptemos.

“Ustedes han recibido al Espíritu Santo, y él vive dentro de cada uno de ustedes, así que no necesitan que nadie les enseñe lo que es la verdad. Pues el Espíritu les enseña todo lo que necesitan saber, y lo que él enseña es verdad, no mentira. Así que, tal como él les ha enseñado, permanecerán en comunión con Cristo”.– 1 Juan 2:27 (NTV)

“Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él los guiará a toda la verdad”.– Juan 16:13 (NVI)

Prácticas para fortalecer la comunión con Dios

Para ser sensibles a la voz del Espíritu Santo, es fundamental mantener un equilibrio en nuestra vida espiritual:

  1. Oración : Conversar diariamente con Dios nos acerca a Él y nos permite expresar nuestras preocupaciones, agradecimientos y peticiones. «Perseveren en la oración, velando en ella con acción de gracias.» – Colosenses 4:2 (NVI)
  2. Adoración : Reconocer y alabar la grandeza de Dios fortalece nuestra relación con Él y nos llena de Su paz.
  3. Estudio de la Palabra : Profundizar en las Escrituras nos brinda sabiduría y comprensión de los propósitos divinos. “Tu palabra es una lámpara a mis pies; es una luz en mi sendero.” – Salmos 119:105 (NVI)

Es natural que, en diferentes etapas de nuestra vida, sintamos la necesidad de enfocarnos más en una de estas áreas. El Espíritu Santo nos guiará, mostrando dónde debemos dedicar más tiempo y esfuerzo para fortalecer nuestra comunión con Dios. Incluso si al principio nos resulta desafiante, Dios nos enseñará y capacitará para crecer en cada una de estas prácticas.

Una relación constante, no temporal.

Lamentablemente, muchos creyentes solo buscan acercarse a Dios en momentos de dificultad. Sin embargo, es esencial cultivar una relación constante con Él, evitando que las distracciones nos alejemos de Su presencia. Al mantenernos cerca de Dios, podemos enfrentar cualquier desafío con confianza y paz, sabiendo que Él está a nuestro lado.

“El Señor está cerca de los que lo invocan, de los que lo invocan en verdad.”– Salmos 145:18 (NVI)

Conclusión

Vivir en comunión con Dios requiere dedicación y esfuerzo consciente. Al priorizar la oración, la adoración y el estudio de la Palabra, fortalecemos nuestra relación con Él y permitimos que Su Espíritu nos guíe en cada paso de nuestra vida.

«Busquen primero el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas.»– Mateo 6:33 (NVI)