¿Hacia dónde Iremos?

La vida nos presenta muchas encrucijadas, momentos de duda e incertidumbre en los que nos preguntamos: “¿Hacia dónde iremos?”. Cuando enfrentamos pruebas, dolor o nos sentimos perdidos, esta pregunta resuena en lo más profundo de nuestro ser.

En Juan 6, encontramos un episodio clave en el que muchos seguidores de Jesús lo abandonaron porque sus enseñanzas les parecieron demasiado duras. Fue entonces cuando Jesús preguntó a sus discípulos: «Ustedes también quieren marcharse?». Pedro, con plena convicción, respondió: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna» (Juan 6:67-68).

Esta declaración nos invita a reflexionar sobre el verdadero significado de seguir a Jesús y encontrar en Él la dirección y el alimento para nuestra alma.

Jesús, el Pan de Vida

Jesús declaró: «Yo soy el pan de vida. El que a mí viene nunca tendrá hambre, y el que en mí cree nunca tendrá sed» (Juan 6:35).

La humanidad tiene muchas necesidades: físicas, emocionales y espirituales. Sin embargo, Jesús nos enseña que solo Él puede satisfacer la necesidad más profunda del ser humano: la vida eterna y una relación con Dios. Muchas veces buscamos llenar nuestro corazón con cosas pasajeras, pero nada puede compararse con la plenitud que solo Jesús ofrece.

Buscar lo Eterno, No lo Temporal

Jesús les dijo a las multitudes que lo seguían después del milagro de la multiplicación de los panes y los peces:

«Trabajen, pero no por la comida que perece, sino por la comida que permanece para vida eterna, la cual les dará el Hijo del Hombre» (Juan 6:27).

Muchas veces nos enfocamos en lo material, en el éxito terrenal, en la seguridad económica o en el placer momentáneo, olvidando que todo esto es pasajero. Jesús nos llama a buscar lo que es eterno, a invertir en nuestra relación con Dios, porque solo Él puede darnos una vida que trasciende lo terrenal.

La Fe, la Clave para la Vida Eterna

En Juan 6, Jesús deja claro que la fe en Él es el medio por el cual obtenemos la vida eterna:

«De cierto, de cierto les digo: el que cree en mí tiene vida eterna» (Juan 6:47).

Creer en Jesús no es solo aceptar su existencia, sino confiar plenamente en Él, depender de Su gracia y seguir Sus enseñanzas. La fe en Jesús nos sostiene en medio de las pruebas, nos da esperanza en tiempos difíciles y nos asegura que, aunque todo lo terrenal pase, nuestra vida en Él es eterna.

La Decisión de Seguir a Jesús

Cuando Jesús habló sobre ser el Pan de Vida y el llamado a creer en Él, muchos de sus seguidores lo abandonaron porque no podían aceptar su mensaje. Pero Pedro reconoció que no había otro camino, que solo Jesús tenía las palabras de vida eterna.

Hoy en día, seguimos teniendo esa misma decisión delante de nosotros. En momentos de crisis, de duda o de tentación, podemos elegir alejarnos o podemos declarar como Pedro: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna» (Juan 6:68).

Seguir a Jesús no siempre es fácil, pero es el único camino hacia la verdadera paz, plenitud y salvación.

Conclusión: No Hay Otro Camino

Jesús no es solo una opción entre muchas; Él es la única verdad y el único camino hacia Dios. Cuando el mundo nos ofrezca caminos alternativos, placeres temporales o soluciones fugaces, debemos recordar que solo en Jesús encontramos vida eterna.

«Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí» (Juan 14:6).

Si alguna vez te preguntas «Hacia dónde iré?», recuerda que la respuesta siempre será: a Jesús. Él es el Pan de Vida, la fuente de esperanza y el Salvador que nos ofrece la vida eterna.

Hoy es el día de decidir seguirle, de confiar en Él y de vivir conforme a su palabra.

¿A quién iremos? Solo a Jesús.

Perdonar y Amar: La Clave de una Vida en Cristo

Vivimos en un mundo donde convivimos con personas con las que, a veces, es difícil relacionarse. ¿Cuántas veces hemos sido ofendidos o maltratados por familiares, amigos o incluso desconocidos? Es natural que, cuando alguien nos hiere, experimentemos sentimientos de dolor, enojo o incluso deseos de venganza. Sin embargo, el perdón es un pilar fundamental en la vida de un cristiano , no solo porque Dios nos manda a hacerlo, sino porque es un reflejo de Su amor y Su misericordia hacia nosotros.

Dios nos enseña a perdonar y amar a los demás , no porque sea fácil, sino porque es necesario . El perdón libera, sana y nos permite vivir en comunión con Dios sin que el resentimiento y el rencor contaminen nuestro corazón.

El Mandato del Perdón en la Biblia

La Biblia nos deja en claro que el perdón no es una opción, sino un mandato . Jesús mismo nos enseñó la importancia del perdón en varias ocasiones:

«Porque si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial. Pero si no perdonan a otros sus ofensas, tampoco su Padre les perdonará a ustedes las suyas.»– Mateo 6:14-15 (NVI)

Este versículo es una advertencia seria: si no perdonamos a los demás, Dios no nos perdonará a nosotros . Esto nos muestra que el perdón no es solo un acto de bondad, sino un requisito para recibir la gracia de Dios.

Jesús también dejó una enseñanza poderosa en la parábola del siervo despiadado (Mateo 18:21-35), donde un hombre que debía una gran cantidad de dinero fue perdonado por su señor, pero luego se negó a perdonar a otro que le debía una cantidad menor. Como consecuencia, su señor lo castigó severamente. Jesús concluye esta parábola con estas palabras:

“Así también mi Padre celestial los tratará a ustedes, a menos que cada uno perdone de corazón a su hermano.”– Mateo 18:35 (NVI)

Aquí, Jesús nos muestra que el perdón que recibimos de Dios está condicionado a nuestro perdón hacia los demás . No podemos recibir misericordia si no estamos dispuestos a darla.

¿Por qué es tan difícil perdonar?

Sabemos que Dios nos llama a perdonar, pero la realidad es que el perdón puede ser muy difícil. Algunas razones por las que nos cuesta perdonar incluyen:

  1. El dolor es profundo : Cuando alguien nos ha lastimado mucho, sentimos que el perdón es imposible porque el dolor sigue ahí.
  2. Creemos que perdonar es justificar el mal : Muchas personas creen que si perdonan, están diciendo que lo que el otro hizo estuvo bien, pero esto no es cierto.
  3. Queremos justicia : El deseo de que la otra persona sufra lo que nos hizo sufrir puede ser un gran obstáculo para el perdón.
  4. No queremos que vuelva a suceder : A veces, no queremos perdonar porque pensamos que eso hará que la persona nos vuelva a lastimar.

Sin embargo, el perdón no significa olvidar lo que pasó ni permitir que alguien nos siga dañando . El perdón es una decisión, no un sentimiento , y aunque al principio no lo sintamos, debemos tomar la decisión de perdonar para que Dios sane nuestro corazón.

“Sopórtense unos a otros y perdónense si alguno tiene una queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes.”– Colosenses 3:13 (NVI)

Cuando decidimos perdonar, Dios nos ayuda con el proceso y nos da Su paz.

El Ejemplo de Jesús: El Perdón en la Cruz

El mayor acto de perdón en la historia de la humanidad ocurrió en la cruz. Jesús, a pesar de ser inocente, fue maltratado, escupido, golpeado y crucificado. Sin embargo, en lugar de condenar a quienes lo crucificaban, oró por ellos :

“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.– Lucas 23:34 (NVI)

Si Jesús pudo perdonar a quienes lo estaban matando, ¿cómo no vamos a perdonarnos las ofensas que nos han hecho?

Pablo también nos recuerda que debemos imitar a Jesús en este aspecto:

“Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó en Cristo.”– Efesios 4:32 (NVI)

Cristo nos perdonó sin que lo mereciéramos , y nosotros debemos hacer lo mismo con los demás.

Perdonar no es una opción, es libertad.

El perdón no solo es un acto de obediencia a Dios, sino que también nos libera del peso del rencor y la amargura . Cuando no perdonamos, el único que sufre somos nosotros, porque el resentimiento nos consume y nos aleja de la paz de Dios.

“Abandonen toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias, y toda forma de malicia.”– Efesios 4:31 (NVI)

La falta de perdón nos esclaviza, mientras que el perdón nos da paz, nos sana y nos acerca más a Dios .

Pasos para Perdonar con el Corazón

Perdonar puede ser difícil, pero con la ayuda de Dios es posible. Aquí hay algunos pasos que nos pueden ayudar en el proceso:

  1. Reconocer el dolor : No se puede sanar algo que ignoramos. Debemos reconocer que hemos sido heridos y llevar ese dolor a Dios.
  2. Orar por la persona que nos lastimó : Jesús nos dijo que oremos por nuestros enemigos (Mateo 5:44). Aunque al principio sea difícil, la oración transforma nuestro corazón.
  3. Recordar cuánto nos ha perdonado Dios : Si Dios nos ha perdonado tantas veces, ¿quiénes somos nosotros para negar el perdón a otros?
  4. Entregar la justicia en manos de Dios : No somos jueces, solo Dios conoce los corazones y hará justicia a Su manera.
  5. Decidir perdonar, aunque no lo sintamos : El perdón es una decisión, y con el tiempo, nuestros sentimientos cambiarán.

“No paguen a nadie mal por mal. Procuren hacer lo bueno delante de todos.”– Romanos 12:17 (NVI)

Conclusión: Amar y Perdonar Van de la Mano

Jesús nos enseñó que el amor verdadero es capaz de perdonar. Si queremos ser verdaderos seguidores de Cristo, debemos aprender a amar como Él nos amó ya perdonar como Él nos perdonó.

“Sobre todo, ámense los unos a los otros profundamente, porque el amor cubre multitud de pecados”.– 1 Pedro 4:8 (NVI)

Perdonar no es fácil, pero es necesario para vivir en la paz de Dios . No permitas que el rencor te aleje de la libertad y la felicidad que Dios quiere para ti.

– Testimonio – En la Muerte conoció a Cristo

Increíble testimonio cristiano de Paulina que comparte sobre ella cuando murió en un accidente de autobús y se fue al infierno, luego clamó por Jesús y fue al cielo, dónde le hizo preguntas a Jesús y luego se despertó en la morgue, para tener una segunda oportunidad.

La Muerte en la Cruz y su Mensaje

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Acaba de pasar la semana santa, donde muchos de nosotros hemos comido del pan la carne de cristo entregada por nosotros, por nuestras vidas y tomado del vino, aunque hoy en día sea zumo de uva el cual representa la sangre de cristo y el sufrimiento que Dios sufrió para redimir nuestros pecados. Ha sido na semana donde hemos sentido el dolor que cristo sufrió por nosotros, donde hemos entendido lo cual inmensamente hemos sido amados por Dios y donde gracias a el hemos recibido las buenas nuevas de la salvación.

Es una semana triste y feliz, todo al mismo tiempo, feliz porque Dios nos ama, el es bueno, generoso, nos cuida, nos protege y está con nosotros en los peores momentos sintiendo nuestro dolor y sujetando nuestra mano para que aguantemos, pues el ya aguantó lo inaguantable por nosotros. Triste porque aún hoy en día la sociedad y las personas dan la espalda a Dios, a su sacrificio, a sus buenas nuevas, al dolor que sintió por nuestros pecados.

En la cruz Jesús seguramente no solo sufrió por nuestros pecados, sufrió por la indiferencia de las personas que aún teniendo la oportunidad de sean salvos lo han rechazado, sufrió por cada uno de nosotros, pero sufrió por aquellos a quienes quiso salvar pero no lo han querido. Cuán duro es el corazón del hombre que no sabe lo que hace y Jesús lo sabía, por eso pedía a Dios que perdonasen aquellos que les han echo daño, porque la verdad es que el hombre no sabe lo que hace y lo que está haciendo al rechazarlo.

Desde la creación hasta hoy en día, cuántos años han pasado y seguimos haciendo lo mismo? El ser humano parece que no ha cambiado, insistimos en negar lo cierto, en dar la espalda a lo que es bueno, en dejarnos llevar por lo que es malo, escuchamos a la oscuridad con tanta facilidad y nos dejamos manipular por ella, eso nos hace ver cuán débil somos y cuánto necesitamos de Dios para cambiar y ser mejores. Sigue leyendo

¿Qué hay Despues de la Muerte? El Reposo, el Cielo y el Infierno.

La Biblia nos enseña que la vida en la tierra es temporal y que la muerte no es el final, sino el comienzo de la eternidad . Cada ser humano se enfrentará a dos destinos: la vida eterna con Dios en el cielo o la separación eterna en el infierno.

¿Qué Sucede Cuando Morimos?

La Biblia es clara en que el espíritu no se queda vagando en la tierra ni va a un lugar intermedio como el purgatorio. Según la Escritura, hay tres posibles destinos después de la muerte:

1️⃣ El alma entra en un estado de reposo, «durmiendo» hasta el juicio final.
2️⃣ Algunas almas van directamente al cielo.
3️⃣ Otras almas van directamente al infierno.

«Está establecido que los seres humanos morirán una sola vez, y después venga el juicio».– Hebreos 9:27

No sabemos exactamente por qué algunos van directamente al cielo o al infierno mientras otros «duermen» hasta el juicio, pero la Biblia confirma que estas son las únicas tres posibilidades. La idea de que las almas vagan en la tierra o que existe un purgatorio no es bíblica.

El espíritu NO se queda vagando en la tierra.
La Biblia NO habla de un purgatorio donde se purifican las almas.
NO hay reencarnación ni reciclaje de las almas.


Estado de Reposo Hasta el Juicio Final

La Biblia muestra que una de las posibilidades después de la muerte física es entrar en un estado de reposo hasta el día del juicio final. Este estado es descrito muchas veces como un «sueño», una condición de espera en la que no hay conciencia activa de lo que ocurre en la tierra ni del castigo o la recompensa eterna.

En el Antiguo Testamento, este estado fue conocido como el Seol, y se refiere al lugar de reposo donde los muertos esperan el juicio final. No se trata de un lugar de tormento eterno, sino de una condición temporal que afecta por igual a todos los muertos, sin hacer distinción inmediata entre justos o injustos. La resurrección posterior será el momento en que cada uno reciba su destino eterno, como se menciona en Juan 5:28-29:

«No se asombren de esto, porque viene la hora en que todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno saldrán a resurrección de vida, pero los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.»

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Debemos Confiar en Dios y no tener Miedo.

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Dios es nuestra esperanza, podemos confiar en él, el nos ama de una forma sobrenatural y el es capaz de hacer de todo por nosotros si nosotros depositamos nuestra confianza y nuestra fe en el Señor. Cuántos testimonios yo personalmente he podido ver a lo largo de mi vida de personas que fueron salvas por Dios de algún accidente, de alguna circunstancia o quitado alguien de un problema donde todo parecía imposible… no sabría contar cuantos milagros he vivido, mi familia ha vivido y personas que he podido conocer personalmente han vivido, pero he llegado a la conclusión que Dios es capaz de solucionarlo todo si lo desea y que no deberíamos de poner límites en la capacidad de su poder, ni debemos de desafiarlo.

No debemos de pedir poco ni demasiado a Dios, debemos siempre de dar prioridad en pedir lo que necesitamos, lo que nos hace falta realmente, porque Dios primeramente cumplirá nuestras necesidades y no dejará que nos falte nada para vivir y estar bien, Dios nos ayudará a salir de los aprietos de pagar nuestras deudas y nos enseñará a manejar las situaciones y a valorizar todo aquello que presenciamos, nos hará personas humildes de corazón que seamos capaces de apreciarlo todo. Eso no quiere decir que no podamos tener nuestros sueños y nuestros deseos propios y egoístas, sí podemos tenerlos y podemos entregarlos a Dios, pero no debemos exigirle estos sueños y deseos. Dios nuestro padre amoroso medirá nuestros deseos egoístas y conforme a su voluntad y si meramente estamos listos para eso nos lo dará en su debido tiempo o no, todo depende de nosotros mismos, porque no sabemos qué realmente nos hará bien

Aveces no estamos preparados para aquello que deseamos y aveces aquello que deseamos es bastante pequeño para el plan que Dios tiene para nosotros, ese es defecto del ser humano o pensamos poco o ultrapasamos los límites, es difícil saber dónde está la linea del equilibrio pero no es imposible encontrarla. Basta tener fe en Dios que todo irá bien. Sigue leyendo

Los Milagros

Los milagros son intervenciones divinas que muestran el poder de Dios en el mundo. A lo largo de la Biblia, vemos cómo los milagros sirvieron para revelar la gloria de Dios, fortalecer la fe de los creyentes y señalar la manifestación del Reino de Dios en la tierra. Sin embargo, también debemos entender que la fe no debe depender exclusivamente de la presencia de milagros visibles. En este artículo, profundizaremos en el propósito de los milagros y en la importancia de mantener la fe incluso cuando no los experimentamos.

Es un echo que nuestro Dios es un Dios capaz de realizar cualquier milagro para cualquier persona sin importar ni cuándo ni dónde, pero tenemos que entender porqué los milagros suceden, tenemos que entender y analizar si este milagro proviene o no de Dios y porqué algunos lo viven y otros no. Para empezar tenemos que entender que quién cura, quién obra y quién opera es Dios a través del espíritu santo, no es el hombre quién lo hace y cualquier persona puede ser utilizada por el espíritu santo para obrar o operar un milagro, basta esa persona tener intimidad con Dios, confianza y dejarse utilizar por Dios para que el pueda ser un canal de bendición para otras personas.

Los milagros en la Biblia nunca ocurrieron sin un propósito claro. Dios los utilizó para cumplir Su voluntad y revelar Su poder en distintas maneras:

  • Señales del Reino de Dios en acción: Las obras milagrosas de Jesús demostraron que el Reino de Dios estaba irrumpiendo en la historia humana, trayendo restauración y liberación. Cada milagro realizado por Jesús fue una manifestación tangible del poder de Dios sobre el pecado, la enfermedad y la muerte, mostrando que Su Reino no es solo un concepto futuro, sino una realidad que comenzó con Cristo y sigue vigente en la actualidad.
  • Glorificar a Dios: Cada milagro apunta directamente a la grandeza y soberanía de Dios. En Juan 11:4, Jesús dijo sobre la enfermedad de Lázaro: «Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.» Los milagros siempre deben llevarnos a exaltar a Dios y no a los instrumentos humanos que Él usa para realizarlos.
  • Fortalecer la fe de los creyentes: En momentos de debilidad y duda, los milagros han sido usados para confirmar la fe. En Mateo 14:31, cuando Pedro comenzó a hundirse en el mar por su falta de fe, Jesús lo salvó con Su poder. Sin embargo, le preguntó: «¿Por qué dudaste?» Esto nos enseña que los milagros pueden fortalecer la fe, pero la confianza en Dios debe estar por encima de las señales visibles.
  • Como señales del Reino de Dios: Jesús declaró en Mateo 12:28: «Si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios.» Los milagros son una manifestación de que el Reino de Dios está presente y activo en el mundo, demostrando Su dominio sobre el pecado, la enfermedad y la muerte.

No podemos depender de las personas utilizadas por el espíritu santo, tenemos que entender que el poder no reside en la persona sino que proviene de Dios, las personas que hacen milagros solo son un canal, Dios puede hacer milagros sin tener que ser por esas personas, el puede utilizar lo que el quiera para hacer milagros, por eso tenemos que entender que el poder de Dios no reside en nada y en nadie, el poder de Dios es libre de moverse y obrar como el quiera, no se prende a nada ni nadie, es libre como el viento y puede manifestarse en cualquier cosa o persona.

Por eso no dependamos nunca de una persona concreta ni de un objeto para que ocurran milagros en nuestra vida, dependamos solo e únicamente de Dios, tenemos que tener cuidado de no desviarnos del camino y del objetivo ni de confundirnos en a quién acudir cuando necesitamos de algo. No nos obsesionemos con las personas que operan milagros ni con algún objeto que pueda haber echo un milagro, eso nos alejará de Dios en vez de acercarnos a él, pues acercarse a Dios es depender solamente de el y de nada ni nadie más que solamente el y su presencia, por eso tenemos que tener muchísimo cuidado con estas cosas para no perdernos ni desviarnos a un camino equivocado.

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Vivir en Comunión con Dios

Mantener una relación cercana con Dios es esencial para nuestra vida espiritual. Esta comunión se fortalece a través de la oración , la adoración y el estudio de la Palabra . Estas prácticas nos permiten estar atentos a la guía del Espíritu Santo y vivir conforme a la voluntad divina.

En ocasiones, las distracciones del mundo como el trabajo, la familia o las actividades sociales, pueden alejarnos de nuestra conexión con Dios. Es común que, sin darnos cuenta, prioricemos estas ocupaciones sobre nuestra vida espiritual. Sin embargo, Dios siempre nos llama a regresar a Él, recordándonos la importancia de cultivar nuestra relación con Su presencia.

“Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes.”– Santiago 4:8 (NVI)

El Espíritu Santo en nosotros

La comunión con Dios es comparable al cuidado de una planta en nuestro interior: el Espíritu Santo. Para que esta semilla crezca y dé frutos, debemos nutrirla constantemente. Si descuidamos su cuidado, podemos marcharnos, llevándonos una sensación de vacío espiritual. Por ello, es vital prestar atención a esta semilla divina, asegurándonos de que florezca y produzca buenos frutos en nuestra vida.

Al alimentar al Espíritu Santo en nosotros, nos volvemos más conscientes de Su presencia y dirección. Él nos guía en momentos de incertidumbre, alertándonos sobre lo correcto e incorrecto, y revelándonos la voluntad de Dios para nuestras vidas. Desarrollar una conexión constante con el Espíritu Santo es un hábito que Dios desea que adoptemos.

“Ustedes han recibido al Espíritu Santo, y él vive dentro de cada uno de ustedes, así que no necesitan que nadie les enseñe lo que es la verdad. Pues el Espíritu les enseña todo lo que necesitan saber, y lo que él enseña es verdad, no mentira. Así que, tal como él les ha enseñado, permanecerán en comunión con Cristo”.– 1 Juan 2:27 (NTV)

“Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él los guiará a toda la verdad”.– Juan 16:13 (NVI)

Prácticas para fortalecer la comunión con Dios

Para ser sensibles a la voz del Espíritu Santo, es fundamental mantener un equilibrio en nuestra vida espiritual:

  1. Oración : Conversar diariamente con Dios nos acerca a Él y nos permite expresar nuestras preocupaciones, agradecimientos y peticiones. «Perseveren en la oración, velando en ella con acción de gracias.» – Colosenses 4:2 (NVI)
  2. Adoración : Reconocer y alabar la grandeza de Dios fortalece nuestra relación con Él y nos llena de Su paz.
  3. Estudio de la Palabra : Profundizar en las Escrituras nos brinda sabiduría y comprensión de los propósitos divinos. “Tu palabra es una lámpara a mis pies; es una luz en mi sendero.” – Salmos 119:105 (NVI)

Es natural que, en diferentes etapas de nuestra vida, sintamos la necesidad de enfocarnos más en una de estas áreas. El Espíritu Santo nos guiará, mostrando dónde debemos dedicar más tiempo y esfuerzo para fortalecer nuestra comunión con Dios. Incluso si al principio nos resulta desafiante, Dios nos enseñará y capacitará para crecer en cada una de estas prácticas.

Una relación constante, no temporal.

Lamentablemente, muchos creyentes solo buscan acercarse a Dios en momentos de dificultad. Sin embargo, es esencial cultivar una relación constante con Él, evitando que las distracciones nos alejemos de Su presencia. Al mantenernos cerca de Dios, podemos enfrentar cualquier desafío con confianza y paz, sabiendo que Él está a nuestro lado.

“El Señor está cerca de los que lo invocan, de los que lo invocan en verdad.”– Salmos 145:18 (NVI)

Conclusión

Vivir en comunión con Dios requiere dedicación y esfuerzo consciente. Al priorizar la oración, la adoración y el estudio de la Palabra, fortalecemos nuestra relación con Él y permitimos que Su Espíritu nos guíe en cada paso de nuestra vida.

«Busquen primero el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas.»– Mateo 6:33 (NVI)

Dios nos Ama de una forma Sobrenatural

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Dios en todo momento quiere comunicarse con nosotros, Dios quiere estar con nosotros y que nosotros estemos con el, que busquemos de su amor de su presencia, porque el nos ama, su amor va más allá de lo que un ser humano puede imaginarse. Pero la verdad es que Dios nos ama, nos ama de tal manera que respeta cuando nos alejamos de el, a pesar del dolor y la tristeza que eso puede ser para un padre al ver como su hijo lo abandona por cosas vanas y sin valor. Dios nos ama de tal forma que aún que estemos lejos de el él nos mira, nos vigila y su mirada no se aparta mientras hacemos todo aquello que le aborrece y que muy seguramente será malo para nosotros.

Dios nos ama de tal manera que espera a que volvamos a el con una paciencia sobrenatural y un amor sobrenatural, hasta nuestro ultimo respirar Dios espera que elijamos estar con el, Dios es el padre que ve a su hijo descarrillarse y esperar pacientemente a que este retorne para poder ayudarlo, solo un padre y una madre que ama a su hijo sabe el dolor que es ver su hijo yendo a mal camino y destruyendo su vida, muchas veces los padres y las madres no son fuertes lo suficientes como para ver eso y vivirlo, porque para un padre y una madre no hay cosa más dolosa que ver sus hijos mal y sufriendo. Sigue leyendo

¿Por qué obedecemos? – Razones y Motivos por los cuales las personas siguen sus reglas y enseñanzas – Religión vs Evangelio, Part 3

La obediencia es esencial en la vida espiritual, pero las razones que nos llevan a obedecer pueden determinar si esa obediencia está guiada por el evangelio o por la religión. Aunque externamente las acciones pueden parecer iguales, el propósito y la motivación interna son radicalmente diferentes.


Obediencia en la Religión

La obediencia religiosa se basa principalmente en el deber, el temor y el deseo de obtener aprobación. Se enfoca en seguir reglas externas para evitar el castigo o ganarse el favor de Dios y de la comunidad religiosa. Sin embargo, esta obediencia no transforma el corazón, ya que está guiada por la apariencia y el cumplimiento mecánico de normas.

Citas bíblicas relevantes:

  • “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí” (Mateo 15:8).
  • “No habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor” (Romanos 8:15).
  1. Motivada por el miedo al castigo: Muchas personas obedecen porque temen ser castigadas si no cumplen las normas. Esta obediencia es mecánica y puede generar frustración, llevándolas a una vida espiritual superficial.
  2. Obediencia por reconocimiento: A veces, la motivación es el deseo de ser vistos como justos o espirituales. Esto lleva a enfocarse más en las apariencias que en el cambio real del corazón.
    • “El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero el Señor mira el corazón” (1 Samuel 16:7).
  3. Carga emocional y fatiga espiritual: Cumplir reglas sin un propósito claro puede resultar en agotamiento. La persona termina sintiéndose atrapada en una rutina vacía y sin gozo.
    • “Porque mi yugo es fácil y ligera mi carga” (Mateo 11:30).

Obediencia en el Evangelio

La obediencia basada en el evangelio es una respuesta amorosa y genuina al Dios que nos ha amado primero. No nace del temor, sino del deseo de agradar a Dios porque ya hemos sido aceptados y amados por Él. Es una obediencia que transforma el corazón y genera frutos visibles en nuestra vida.

Citas bíblicas relevantes:

  • “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15).
  • “Nosotros le amamos a Él porque Él nos amó primero” (1 Juan 4:19).
  1. Motivada por amor y gratitud: La obediencia no es una carga, sino una respuesta de gratitud. Sabemos que no debemos obedecer para ganar el favor de Dios, porque ya lo tenemos.
    • “Hagan todo con amor” (1 Corintios 16:14).
  2. Refleja transformación interna: La verdadera obediencia fluye de un corazón transformado. No se trata de cumplir reglas externas, sino de vivir una vida coherente con los valores del evangelio.
    • “Andad como hijos de luz” (Efesios 5:8).
  3. Gozo y libertad: Esta obediencia trae gozo, paz y propósito. No es un deber, sino un privilegio que enriquece nuestra relación con Dios y nos da libertad.
    • “Donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2 Corintios 3:17).

Ejemplos prácticos:

  • Una persona que obedece por temor puede evitar ciertos comportamientos solo para no ser juzgada, pero sin experimentar una verdadera transformación.
  • Alguien que obedece por amor busca siempre el bien de los demás, reflejando el carácter de Cristo en su vida diaria.

Conclusión

La diferencia clave está en el origen de nuestra obediencia. En la religión, es el miedo o el deber; en el evangelio, es el amor y la gratitud. Cuando obedecemos desde el amor, nuestra vida se transforma y refleja el carácter de Cristo, llevándonos a experimentar verdadera libertad y plenitud.

La invitación es clara: no se trata de obedecer para ser aceptados, sino de obedecer porque ya hemos sido aceptados. Esta verdad cambia por completo nuestra perspectiva y nos lleva a vivir una vida abundante y llena de propósito.